miércoles, 5 de marzo de 2014

UN NUEVO INICIO EN MI VIDA.

Hola a tod@s:

Ya estaba en el Guinardó y seguía estudiando y seguía en la academía donde había conocido a una niña rubia que me gustaba mucho. Se llamaba Margarita Ricart Jasso y fue la que me dió el primer beso y recibió a su vez el suyo.  Esta niña vivía en la calle Cartagena, entre Córcega e Industria y su hermano también estudiaba en la academia.  Era dos años mayor que ella es decir que tenía quince años y se llamaba Javier y el chaval estaba bastante cachas con lo que no era cuestión de jugar demasiado con su hermana.

Margarita tenía de entre todas sus amigas una que destacaba. se llamaba Maria Teresa Portells Cadenas y esta le hacia gracia a mi amigo Angel  Carrascull. Entre los cuatro empezamos a tontear, que si te acompaño a casa, que si te envío notitas, vamos los wassaps de entonces y así fuimos acordando que un día nos íbamos a besar. Todo un acontecimiento que tenía que ser preparado y acordado día y hora. Y así fué que un día, sábado por la tarde, quedamos a la puerta de la academia y desde allí fuimos hasta la Sagrada Familia y tras pagar la correspondiente entrada subimos por las  escaleras de las torres y casí a mitad de las mismas, en un recodo, nos fundimos en un abrazo y nos dimos el primer beso. Ese primer beso fue extraño, sin saber muy bien como, rozando nuestras lenguas y con el corazón a mil por aquello de hacer algo prohibido y por la emoción de ese momento. Bien ya está ya lo habíamos hecho y ahora a bajar las escaleras, pero como parece que a mi desde que nací me hubiera mirado un tuerto, quizá si que lo hizo, tuvimos la mala suerte de que el profesor Villasante, bajaba en ascensor de las torres y nos vió bajando por las escaleras cogidos de la mano.  ¿Qué leches tenía que hacer el Sr. Villasante un sábado por la tarde en las torres de la Sagrada Familia? ¿No tenía nada mejor que hacer en su casa con su mujer y su hija? ¿No había más días para ir allí? Pues no no tenía nada mejor que hacer y aquel era el día, justo el mismo que el de mi primer beso.

Dicen que el primer beso nunca se olvida y es cierto.  Aún recuerdo que ella levaba una rebequita roja una blusa blanca y una falda a cuadros y que olía a una colonia que a mi  me hechizaba.

Bueno no pasaron más de dos o tres días. Sería el miércoles o jueves de la semana siguiente cuando ya albergaba la esperanza de que no nos hubiera visto, cuando nos pidió a los cuatro que nos quedáramos después de la salida.  Nos llevó al despacho del Director, cerró la puerta y nos soltó un sermónazo de tres pares. Solo recuerdo que nos dijo que esa no era forma de comportarse y respetar a una chica y a ellas que de seguir por ese camino pronto las conocerian por las cuatro letras famosas. De nada sirvió que le prometiéramos que no había pasado nada, aunque era imposible que nos hubiera visto, al menos a ella y a mi, no sé si a los otros dos los pilló en pleno beso, parecía como si nos leyera el pensamiento. La parte buena fue que no dio parte a nuestros padres, debió suponer que ya nos había asustado bastante. La parte mala fué que Margarita no quiso saber nada más de mi. Así de rápido fué mi primer y fugaz amor.

Acabé a duras penas el cuarto curso de Bachiller en Junio dejando alguna asignatura pendiente, cuando mi padre, supongo que harto de mis resultados resolvió antes de acabar el curso que debía empezar a trabajar. A mí, el mundo se me vino abajo. Si ya había supuesto un trauma el tener que dejar el barrio y los amigos, saber que ahora iba a dejar los estudios diurnos y que tendría que trabajar era ya la debacle. Pero mi padre se mostró inflexible y en aquel momento lo único que consiguió es que llegase a odiarle.  Sus continuos cambios de humor, sus broncas con mi madre y ahora esto hicieron que yo me distanciase totalmente de él.  Para mí, sus turnos pasaron a ser un alivio porque salvo cuando trabajaba de mañana el resto de días no lo veía.  Años después, no obstante cuando él ya había muerto, no solo comprendí sus razones para ponerme a trabajar sino que se lo agradecí infinitamente.

Así era yo cuando me trasladé a vivir al Guinardó.

Así que pasó el verano y a primeros de Setiembre un domingo me puso delante mio un ejemplar de La Vanguardia qu por entonces tenía dos partes una la del diario propiamente dicho y otra la de las demandas.  Eran entonces años en los que  había más demanda de trabajadores que casi oferta. Así que marqué dos o tres anuncios y al día siguiente lunes, bien arregladito, me presenté en el numero 97 del Paseo de Gracia, junto a la calle Rosellón. El lugar? Las oficinas de una empresa que se llamaba Inmuebles en Renta. Me atendió una señora de mediana edad que se llamaba Maria Teresa Monge y en aquellas oficinas trabajaba otra mujer esta de unos veintipocos años que se llamaba Maribel y el Director Juan Antonio CasanovasTomás.

Esta empresa tenía por cometido el captar inversores para comprar viviendas y locales que luego se iban a explotar en régimen de alquiler y mi trabajo debía consistir en los propios de un meritorio o de un botones como se les llamaba entonces.  Me entrevistaron, me pidieron que volviera al cabo de una hora y al regresar me dijeron que el sitio era mio. El sueldo era de tres mil quinientas pesetas mensuales y aunque no fuera mucho, para mi era suficiente aún sabiendo que debería entregarlo íntegro en mi casa. Fue también una satisfacción personal el haber conseguido ese puesto de trabajo. Tuve que pedir lo que se llamaba el tríptico de menores que no era otra cosa que el permiso de mi padre para que yo trabajara.

Esta fue, junto a la cartilla de la Seguridad social, la tarjeta que me dieron tras entrar a trabajar. Solo han pasado 44 años.

Allí empece a trasegar con papeles, archivos y demás así como a levar sobres a un sitio y a otro.  Todo iba bien salvo cuando me dijeron que para el verano tenían previsto apuntarme a unos campamentos de frente de juventudes. Yo no quería hacerlo y mi padre estuvo de acuerdo en ello así que me despedí a primeros de Noviembre.

Yo ya estaba matriculado en clases nocturnas de siete a diez de la noche,a sí que tenía todo el día libre para holgazanear. Mi padre me insistía en que buscase un nuevo trabajo, pero yo decía que no salía.  Para entonces mi padre ya se había comprado otro simca 1000 este de un color marron-verdoso.

Una vez pasadas las Navidades, mi padre en la primera quincena que trabajaba de mañana, me cogió, me subió al coche y me llevo a una empresa en la plaza del Centro.  Mientras el me esperaba abajo, me hizo subir entrevistarme quedando en que ya me dirían algo.  De allí a la Vía Augusta, 124 al lado de la Plaza Molina, a una inmobiliaria que se llamaba Arión, S.A.  En esa entrevista me preguntaron si sabía hablar Catalán y yo me lancé diciendo que si aunque no lo había hablado nunca. En casa se hablaba castellano aunque si había oido hablar en Catalán a mi madre y a mi abuela.  No se si fue mi desparpajo, la cara que le eché o que el caso es que el día 20 de enero de 1971 empecé a trabajar allí como aspirante administrativo con un sueldo inicial de 3.000 pesetas.

Esas oficinas eran muy grandes para mi.  Ocupaban dos plantas comunicadas por una escalera de caracol y yo pasé al departamento de Administración bajo las órdenes del Sr. Simoncini, un  señor que debía rondar los sesenta años y que siempre estaba allí por pronto que yo llegara,pocos meses después sabría el porqué.

En ese departamento estaba El Sr. Palou un hombre de unos cuarenta y tantos le calculaba yo. El Sr. Armet un hombre de unos treinta y algo. El Sr. Duque que era el cajero, una chica de veintitantos que se llamaba Mercé y otra que estaba en recepción que se llamaba Inma también joven. Ah y el aspirante administrativo hasta que entre yo, Jordi Tost que además se encargó de enseñarme mi trabajo acompañándolo los primeros días.

Había más gente aunque por no hacerme pesado no los citaré a todos. Si nombraré al Gerente Sr. Esteban Ullá Serra, su chofer el Quimet y su secretaria la Sra. Elvira Montardit y alguien a quien todos nombraban pero que yo tardé en conocer, el Consejero Delegado Juan C. Figueras Bassols que tenía un chofer que se llamaba Vicenç.

Continuare.........

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