miércoles, 19 de marzo de 2014

MI VIDA MILITAR 1

Hola a tod@s:

Una de las características que muchos hombres tienen en común, es su afición por las historias del servicio militar.

Particularmente y pese a que podría explicar cien batallitas y anécdotas, lo cierto es que fue más un periodo a olvidar más que un periodo que recordar, pero ya que ocupó catorce meses de mi vida, le dedicaré un tiempo.

Tal y como expliqué ayer partí de Barcelona hacia Valencia en tres sobre las doce de la noche, pero la hora de personarse era las nueve de la noche, allí nos congregamos un montón de jóvenes bajo la atenta mirada y vigilancia de soldados del cuartel de intendencia en el que nos encontrábamos, este cuartel estaba en el Paseo de Circunvalación, detrás del Zoo. Hoy buena parte de aquellas instalaciones están ocupadas por una universidad privada, un uso mucho más racional y mejor que el anterior.

La concentración transcurrió entre salvas de insultos de todo tipo y amenazas apocalípticas de lo que nos esperaba a partir de aquel momento.

Después un viaje eterno en tren ya que paraba en todas las estaciones del recorrido para recoger más jóvenes como nosotros. Llegados a Valencia fuimos “depositados” en camiones con nuevos insultos y amenazas de los chóferes de los camiones y de allí a las instalaciones del campamento. Estábamos en Semana Santa así que de momento ni ropa militar, ni instrucción éramos una masa que pululaba por las instalaciones sin más.

Pasados esos días, nos fue entregada la ropa y pasamos por peluquería para ser rapados o más bien esquilados ya que parecíamos ovejas y de ahí a servicios médicos para ser vacunados con toda suerte de vacunas.

Aún con dolor en los brazos por los efectos de las vacunas, nos dieron opción de tener permiso de fin de semana y no es porque los mandos se hubieran vuelto buenos y bondadosos de repente, lo que ocurría es que el coronel al mando en aquel recinto donde estábamos confinados unos cuatro mil hombres, tenía acuerdos comerciales con varias empresas de autocares de las que obtenía pingües beneficios. Yo no me lo pensé dos veces y pagué el precio del pasaje para venir a Barcelona. Llegué casi de noche con gran alborozo para mi madre y abuela. No obstante al día siguiente salí muy temprano para ir a la universidad donde sabía que andaba Teresa estudiando. Al llegar encontré algunos compañeros y compañeras de ella que fueron a buscarla. Cuando me vio de lejos salió corriendo a abrazarse conmigo.

Si ayer decía que su actitud en Tamariu fue perversa y propia de un ser satánico, el recibimiento que me otorgó ese día fue propio de un ángel, pero así era ella a con doble personalidad, muy géminis.

La vida del campamento era una vida llena de prisas y de gritos, no muy diferente que lo que se ve en esas películas bélicas americanas en las que salen reclutas en instrucción. Gimnasia, instrucción con armas, montaje y desmontaje del fusil, salidas a campo a tirarse al suelo y por las tardes clases teóricas. A medio campamento alguien decidió que yo sería cabo y daba igual que a mí me pareciese bien o no, lo iba a ser por real decreto.

Estando allí dentro se produjo un hecho que a mí me fastidió enormemente porque supuso la cancelación de uno de mis viajes a Barcelona e incluso sin posibilidad de paseo vespertino, manteniéndome acuartelado dentro del campamento: La legalización del PCE el partido comunista de Santiago Carrillo, el diablo rojo había sido legalizado. A partir de aquel momento los rojos iban a salir a la superficie y no podían ser detenidos ni llevados a prisión, ni torturados.

Y poco a poco fueron pasando los tres meses de rigor y nos plantamos ante un acto en el que no he alcanzado a entender porque era celebrado por las familias como si fuera la primera comunión. La ceremonia de la jura de bandera. Un acto en el que uno por uno los cuatro mil hombres pasaban de forma individual a tomar un trozo de bandera para besarla previo haber gritado a todo pulmón estar dispuestos a derramar hasta la última gota de la sangre por defender la bandera y la nación. Luego de nuevo paso por debajo de la bandera pero ya en grupo. Entrega de los galones a los nuevos cabos, comunicación del día y hora que debíamos presentarnos en el nuevo destino y quince días de permiso que en mi caso se vieron reducidas a una sola por la celebración de las primeras elecciones democráticas.

Mi destino fue el RACA17 siglas que significan Regimiento de Artillería de Campaña y que formaba parte de la División de intervención Inmediata Maestrazgo 17

Presentado el día y hora asignado, pronto puede apreciar que se trataba de un macrocuartel con capacidad similar al campamento de Marines. A los tres o cuatro días de estar allí fui informado de que mi destino interior sería las oficinas y sería cabo furriel que para quien no sepa lo que es, es el que se encarga de asignar los servicios de guardia, guardias nocturnas del barracón, hacer las nóminas de los soldados , llevar la tropa a comedor etc. No me pusieron allí por mis méritos únicamente. Me pusieron allí para cubrir las espaldas de un recomendado del teniente de la compañía que allí se llamaba batería. Un tarugo de mucho cuidado que por vivir en el mismo Paterna podía ir a pernoctar a su casa.

Una de la ventajas de mi nuevo destino era que quedaba relevado de servicios, según mandó el capitán a excepción de las guardias. No obstante cuando salí de su despacho y sabiendo que nadie le iba a pedir explicaciones, mi comunicado al resto de tropa fue que había quedado relevado de todo servicio con inclusión de las guardias. Así que yo solo hice dos guardias en todo mi servicio militar.

Otra ayuda vendría del exterior. Concretamente de mi compañero de trabajo Armet que me recomendó al propietario de la librería Dau al Set una de las librerías procatalanistas de Valencia y una de la más amenazada y quemada por la ultraderecha. Su propietario era Eliseo Bayo y este me recomendó para dar clases de catalán disfrazadas de clases de valenciano por lo que percibiría un sueldo que compensaría lo que dejaba de percibir . Pese a no gustar a mis mandos y de crearme cierta fama de rojillo, se me autorizó a poder abandonar el acuartelamiento con un pase a deshoras o lo que era igual un salvoconducto para poder salir en cualquier momento del cuartel.  Tampoco en esto fue que la divina providencia ablandara el corazón de los mandos, sino que propiciando esto, el capitán se ahorró darme un segundo traje de trabajo lo que le serviría seguramente para venderlo bajo mano.

Mis clases en la escuela asignada duraron poco, en primer lugar porque yo no tenía ni repajolera idea de la gramática catalana y en segundo lugar porque pronto advertí que esa escuela se pegaba a los niños y nunca estuve a favor de los castigos físicos.

Nos acercábamos a Navidad y era costumbre que la mitad de la batería se fuera de permiso para los días de navidad y la otra mitad lo hiciera para fin de año y reyes. Pero yo aspiraba a más. Yo quería todo, los dos turnos y finalmente lo conseguí.  La cuestión era, en esta ocasión sí, ablandar el corazón de sargento, teniente y capitán y la ocasión no tardó en llegar.  Aquel mes las nóminas se habían retrasado e iba a resultar muy difícil que las cuentas cuadraran a tiempo. Me dijeron que hiciera lo que pudiera pero con interés para que estuvieran antes del día 20 de diciembre fecha máxima para poder llevarlas a Tesorería y poder cobrar. Sucedió que un día por la tarde marchó la luz. Yo las cuentas las tenía ya muy avanzadas y sabía que entraban a tiempo, no obstante desde mi ventana del despacho ví que venía el sargento, dándome tiempo a encender un farol de gas y ponerlo al lado de la máquina de escribir, de tal forma que cuando entró en el despacho me vio en plan cegato escribiendo a máquina, preguntándome que qué era lo que estaba haciendo le respondí que trabajando para que las nóminas estuvieran a tiempo. Preguntó entonces por el recomendado y yo le respondí que como tenía el pase de pernocta se había ido como cada día a la hora de comer. El sargento no dijo nada más se giró y se fue, pero ya estaba hecho. Al día siguiente le pidió al capitán que me diera permiso desde el día 22 de diciembre hasta el 8 de enero.  Pago el recomendado que se vio privado de permiso por su poca implicación en el servicio lo que me había obligado a mí  a trabajar incluso en condiciones ínfimas.

Continuare…….

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