Hola a tod@s:
Me quedé ayer en la empresa en la que a primeros de febrero de 1.971 empecé a trabajar. Era una promotora inmobiliaria, una de las muchas que poseía la familia Figueras considerada durante años como una de las grandes familias de Barcelona, dedicada a la especulación inmobiliaria.
El sistema era sencillo, se creaban sociedades que construían y ponían a la venta viviendas en un determinado lugar con unos acabados aparentemente buenos pero que mostraban deficiencias a los pocos años de su construcción. Pero para esos momentos la sociedad se había disuelto por lo que no se podía reclamar absolutamente nada.
La sede central de este entramado estaba en los edificios Trade en Gran Vía de Carlos III allí estaba el despacho del hermano del consejero delegado de Arión que a fin de cuentas no era más que un hombre de paja del verdadero cerebro de las sociedades y de su padre.
Yo por mi categoría no tenía acceso a secretos pero si sé a quien llevaba sobres con dinero de forma regular, como cierto hombre que vivía en la avenida Pau Casals y que por las apariencias, tenía un mayordomo, no era un pobre desgraciado, ni siquiera un obrero. Se llamaba Ildefonso Suñol Soler y se supone que era un asesor de la familia Figueras.
No deja de ser significativo que todas las escrituras se realizaran en la notaría de Jose María de Porcioles entonces alcalde de la ciudad de Barcelona y por tanto quien tenía en su mano las calificaciones urbanísticas, donde después construirían los Figueras bajo diversas sociedades: Masfer, Alcarma, Inmovila, Parque del Valle de Hebrón, Edificios Pedralbes, Edificio Santa Amelia, Inmobiliaria Sant feliu, etc. solo hemos de recordar que aún vivía Franco y por lo tanto no había partidos políticos y todos los estamentos solo tenían un color.
Como he dicho quien mandaba más en Arión era Juan C. Figueras Bassols, la c era de Claudio pero no quería que se le nombrara ese nombre, el era Juan C o Yani para los amigos. Este hombre que distribuía su tiempo entre jugar al Polo y el casino de Montecarlo, se le veía pocas veces. Sabía que tenía una finca enorme en Torrent que contaba con una casa que cuidaban unos masovers todo el año por si en algún momento decidía ir con amigos de la pareja. Entre otras lindezas esa finca contaba con un helipuerto.
Cuando yo entré a trabajar, este hombre estaba de viaje por Sudamérica, más concretamente en Argentina para comprar caballos para el polo y yo no lo conocí hasta tres meses después de mi ingreso.
Mi trabajo consistía básicamente en llevar sobres a unos y otros, ir a la Notaría cosa que hacía habitualmente por las tardes y hacer ingresos de talones, pero también en efectivo y yo había llegado a llevar hasta un millón de pesetas en efectivo en mi cartera como el que no lleva nada. Hablo de un millón de pesetas del año 1.971 y con esa cantidad se podía comprar un piso en los Edificios Pedralbes ubicados en el paseo de Manuel Girona en el exclusivo barrio de su mismo nombre: Pedralbes. Imaginar a que equivaldría ese millón hoy en día y veréis la responsabilidad que tenía en aquellos años.
Yo cumplía bien mi cometido aunque alguna vez me llevé una bronca como ocurrió un día en que tenía que hacer un ingreso en las oficinas del Banco Popular Español en el Paseo de Gracia. Eran unas cien mil pesetas en efectivo. La verdad es que yo no llevaba en mi cabeza ni apuntado en ningún sitio las cantidades que iba a ingresar. Solo recogía los impresos de ingreso hechos a máquina por el cajero y los llevaba a las diferentes oficinas bancarias por donde tenían repartidas las cuentas las diferentes sociedades.
Pues bien ya en ventanilla, entregué el importe y el cajero lo contó y me preguntó qué cantidad iba a ingresar, yo le respondí que la que figuraba en el ingreso, pero el insistió en que le dijera el importe a lo que yo reconocí que no lo sabía que estaba puesto en el impreso y que yo no había reparado en saber qué cantidad era y que nunca había tenido problemas en ese sentido en ninguna entidad bancaria. Pues bien, me retuvo el ingreso y tuve que salir buscar una cabina de teléfono, llamar al cajero y que este me confirmara la cantidad. De vuelta al banco el cajero me devolvió el impreso sellado no sin antes sermonearme sobre la necesidad de que yo supiera lo que llevaba en mi cartera. La auténtica bronca vendría por la tarde al llegar al despacho.
Mi horario de trabajo era de nueve de la mañana a una del mediodía y de cuatro a ocho de la tarde de lunes a viernes y el sábado de nueve a una. Al cabo de un par de años se instauró el sábado festivo aunque debiendo recuperar cada día tres cuartos de hora, por lo que salía a las dos menos cuarto. Eso sí, una cosa era la hora de salida y otra muy diferente la hora en que realmente acababa, pues normalmente los ingresos me los daban a última hora de la mañana sobre la una menos cuarto al principio sobre las una y media después. En realidad yo salía a las siete de la tarde para poder compaginar mis estudios.
He hecho mención a que mi jefe, bueno es un decir porque allí todos eran mis jefes, pero el jefe de Adminitración el Sr. Simoncini entraba muy pronto y por más que me esforzara en llegar cinco, diez o quince minutos antes de las nueve, él ya estaba en su despacho acristalado. Parece ser que a esas horas sin nadie en el despacho se dedicaba a desfalcar dinero a la empresa, hasta que fue descubierto y puesto a disposición de la policía.
Su lugar lo ocupó el Sr. Palou. El otro compañero Juan José Armet Coma era un hombre un tanto extraño, no era demasiado hablador y cuando lo hacía era para hacer bromas con las chicas y poco más. Solía recibir la visita de un hombre joven con pelo largo gafas y barba, un progre como los llamábamos entonces. Armet salía al mostrador y recogía los papeles que le daba el que llegaba o le entregaba a este algún sobre.
Un día, era lunes Armet no vino a trabajar, lo habían detenido en la Iglesia de Maria Medianera en la calle Entenza de Barcelona junto a otros ciento doce miembros de la Asamblea de Cataluña. Yo aún no lo sabía pero Armet era un conocido dirigente del PSAN (Partir socialista d’alliberament Nacional) un partido independentista que después tendría vinculaciones con el MDT (Moviment de defensa de la Terra) y posteriormente con Terra LLiure la organización que a semejanza de ETA adoptó la lucha armada como medio para conseguir sus objetivos y que duró hasta poco antes de las olimpiadas del 92
Armet regresó unos días después y contrariamente a lo que se pudiera pensar, no lo despidieron, es más, la familia Figueras pagó su fianza.
Entre mis cometidos, estaban también el ir a comprar tabaco o bocadillos para la gente de la oficina y así fue que la estanquera intento captarme para su causa y me regalaba paquetes de tabaco. Yo lo probé pero nunca encontré un motivo o un sentido al tabaco por lo que, salvo un tiempo que fumé en pipa, porque me gustaba el olor achocolatado del tabaco Amsterdamer y porque lo hacía Armet que pasó a ser poco más que un héroe para mí, no he sido fumador. Lo de fumar en pipa lo abandone cuando ví que ni tenía tiempo para deleitarme con una buena pipa, quizá hoy si podría hacerlo pero no me llama y porque descubrí para mi desolación que no tiene la misma percepción olfativa el que fuma que el que está enfrente oliendo el humo.
El Sr. Figueras tenía cuentas abiertas en una librería que se llamaba IANUA y estaba al lado de las oficinas, en la charcutería Molina y en Vidosa una tienda de música y electrdomésticos y era habitual que me enviara con un alista de libros de los que tras hojear o leer devolvía no en su totalidad pagando aquellos que se había quedado. Pronto llegué a descubrir que no miraba la factura, simplemente las pagaba la Sra. Elvira y punto. Así que, a mí que siempre me ha gustado la lectura, se me abrió la posibilidad de hacerme con algún que otro libro que diciendo que también lo había pedido el Sr. Figueras, leía rápidamente y devolvía o me quedaba como pasó con un ejemplar de los barrios de Barcelona en el que aparecía el Guinardó.
El jefe de personal Joaquin Cots Canut, vivía unas cuatro calles más abajo que la mía y algunas veces me llevaba en su coche o me recogía en la Avenida Virgen de Montserrat ahorrándome el billete del autobús. Más tarde sería el chofer del Director quien me recogía o llevaba si estaba libre en su seiscientos, pues vivía un poco más lejos que yo. Era un hombre soltero que vivía con su madre, aunque años más tarde supe que a la muerte de su madre compró un piso en la misma escalera donde estaban las oficinas y se casó. Con este hombre hice un viaje a Andorra que fue motivo también de una anécdota que ya explicaré.
También tuve opción de subir en coches de lujo pues en alguna ocasión cuando el chofer del Sr. Figueras debía ir a recogerlo me llevaba si venía de camino y así comprobé el lujo de algún BMW.
Como he dicho las oficinas estaban al lado de la plaza Molina y ahí había una cafetería el Kok d’Or muy frecuentado a los mediodías y más por las tardes de chicas y chicos de familias bien que simplemente tomaban un refresco o merendaban. Yo que acostumbraba a pasar varias veces al largo del día siempre miraba y ocurrió que habían dos chicas que siempre me saludaban. Eran dos chicas rubias casi albinas y bueno a mí me hacía gracia. Lo que ya no me hacía tanta gracia era que el cajero me enviase a comprar rollos de papel higiénico. Esa compra no era de unos pocos rollos se podían comprar 40 o 50 rollos de papel y claro los metían en una bolsa siempre transparente y a mí me jorobaba muchísimo tener que pasar por delante de ese lugar cargado con la dichosa bolsa, y por eso intentaba siempre que fuera a unas horas adecuadas en las que no hubiera “testigos”
Solo una vez me enfrenté y me negué a hacer algo que me mandara el cajero y fue la compra de unos cepillos del baño o como el los llamó, rascamierdas. Hoy que lo veo desde la distancia de los años, no alcanzo a entender que me pasó por la cabeza. Supongo que en mi mente me vi pasando por delante de la cafetería con una bolsa llena de rollos de papel en una mano y otra bolsa llena de cepillos rascameirdas en la otra y las chicas riéndose de mi a carcajadas. Así que me negué a ir a comprarlos y supongo que fue tan inesperado que el cajero se quedó cortado y finalmente no fui yo.
Continuare……..
No hay comentarios:
Publicar un comentario