Hola a tod@s:
Tras llegar a Paris tocaba encontrar el camping del Bois de
Boulogne, algo que nos llevó un tiempo porque mi francés era y es bastante
limitado.
Una vez llegados allí, lo primero fue que teníamos que pagar
por adelantado, luego nos dijeron que teníamos que seguir a un empleado en un
vespino el cual salió corriendo y al que perdimos tras seguirlo unos doscientos
metros.
Encontramos un lugar donde poner la tienda y todos caímos
rendidos en nuestras respectivas tiendas y no despertaríamos hasta el día
siguiente.
Con el nuevo día tuvimos constancia de la inmensidad de
aquel camping que se asemejaba más a un
campo de refugiados que a un camping tal y como lo concebíamos en España.
La segunda cosa de la que nos dimos cuenta es que utilizar
el coche para moverse por Paris no era la mejor idea, pero a su vez también
supimos que la distancia desde el camping hasta la entrada a la ciudad era muy
considerable y que debíamos tomar un autobús para llegar hasta París.
Lo primero que vimos fue la torre Eiffel y los jardines del
campo de Marte, donde también descubrimos que ir al lavabo costaba dinero y
tenía un tiempo limitado de permanencia transcurrido el cual se debía volver a
pagar. Sentimos sobre nuestra piel que a estar de ser Agosto, hacía frió, hasta
el punto de que ni con el pijama puesto como si fuera una camiseta, se nos
pasaba el frío.
No subimos a la torre porque también costaba dinero y no
andábamos sobrados del mismo. Además nos dimos cuenta de que la comida que
traíamos de España se había echado a perder por lo que no teníamos muchas
oportunidades de alimentarnos. La verdad es que empecé a tener la sensación de
que aquel viaje iba a ser un poco desastroso.
Si subimos a un bateau Mouche , un barco que discurre a modo
de tour turístico por el rio Sena y por la tarde vimos el barrio latino y la
catedral de Notre dame. A la que tampoco pudimos subir por la misma razón
económica.
Tras largas caminatas, regresamos al camping una vez
más, cansados y mal comidos.
Al día siguiente subimos a pie hasta la basílica del Sacre
Coeur con la infinidad de escalones que tiene y me permití la única licencia
que fue la de que me hicieran un retrato a carboncillo, ese retrato sigue en mi
poder después de treinta y dos años y siempre he creído que el artista me miró
con muy buenos ojos dejándome mucho más favorecido de lo que era en persona.
Tras eso, comimos en un Macdonald’s y luego seguimos
paseando viendo la fachada el Moulin Rouge y vuelta al camping. Aquella noche
sin víveres que llevarnos a la boca y terriblemente hambrientos reconozco que
robe unos yogures que nos supieron a verdadera gloria. Queriéndonos duchar por
la noche para no perder más tiempo al día siguiente, descubrimos que los baños
por la noche tenían en alguna zona hasta un palmo de aguas sucias de las
duchas, lo que da una idea de la cantidad de gente que poblaba ese camping y
cuál era la calidad de las instalaciones.
Al día siguiente, emprendimos viaje de regreso a nuestro
camping de Pineda de Mar, hicimos el viaje de un tirón y lo primero que hicimos
tras cruzar la frontera fue parar a comer una tortilla de patatas en el primer
garito que vimos y que nos supo a auténtica gloria.
De ese viaje guardo el recuerdo de haber visto la fachada de
los monumentos citados y el haber engendrado en un camping de parís a nuestra
hija Gemma que nació en los primeros días de Junio del año siguiente.
Una vez en el camping se produjo un episodio de celos de
Juliana. Jesús me había pedido si podía dar clases de Inglés a los niños y yo
no me negué a hacerlo. Además hice con un grupo de niños, una excursión hasta
una cruz en una montaña del pueblo cercano de Santa Susana desde la que había
una buena vista.
Juliana no coincidía en todas sus vacaciones así que ella
estaba en Barcelona y yo me quedé en el camping, después sería a la inversa.
Todo esto propició que los hijos de Jesús me vieran como
alguien muy familiar ya que comía y cenaba con ellos, y estando un domingo
comiendo todos juntos, la hija de Jesús se me acercó por detrás, me puso las
manos sobre los ojos y me pregunto quien era. Yo la reconocí dije su nombre y
la chica toda contenta me estampó un beso. Esa familiaridad y esa muestra de
cariño no le sentaron nada bien a Juliana que después a solas en la tienda, y a
pesar de la escasa intimidad que unas paredes de tela pueden ofrecer, me dijo
que no estaba dispuesta a que se produjeran más muestras tan efusivas y que
tenía que poner coto a todo eso.
No sería el único ataque de celos que tendría. Años después
los tuvo de su propia sobrina, a raíz de haberla acompañado desde Castillonroy
hasta Binefar y volver y considerar que habíamos tardado mucho más de lo
normal. Lo cierto es que nunca hubo nada de nada ni con la hija de Jesús ni con
la sobrina de Juliana.
Como he explicado nuestras vacaciones no coincidían pero si
me permitieron por mi horario el poder volver cada día a dormir al camping. No
obstante, eso acabó cansándome así que cuando se acabó la temporada, desmotamos
todo y decidimos que no volveríamos al año siguiente.
Tras quedar embarazada y cuando estaba de unos cinco meses
aproximadamente, Juliana tuvo, tras un
viaje a su pueblo, una hemorragia, por lo que acudimos rápidamente al médico
quien dictaminó que presentaba placenta previa y que debía guardar absoluto
reposo en cama.
Ello supuso que yo tenía que cocinar para ella, asearla,
etc. y que ella se pasará el día en la cama lo que no la mantenía de muy buen
humor. Esa situación se prolongó durante un par de meses y salvo las visitas de
Victorina y José María no teníamos más vida social.
Para que las horas se le pasaran más rápidas compré el que
sería nuestro primer televisor en color, un aparato Grundig de 19 pulgadas y
que colaboró a que el par de meses que estuvo en cama se le hicieran más
llevaderos.
Por lo demás el embarazo no tuvo mayores complicaciones, ni
fue una embarazada de antojos como muchas veces se suele explicar y no sería
porque no tuviéramos sobresaltos. El más acusado ocurriría el mes de Noviembre
de 1.981 concretamente la noche de todos los santos.
Esa noche vinieron a casa un compañero de trabajo y su
mujer. Cuando ya habían marchado debía ser sobre la una de la mañana, sonó el
teléfono de casa. Era mi madre deshecha en lágrimas que me anunciaba que la
policía estaba en casa, que estaban registrando toda la casa y que habían
detenido a Isidro.
Así que marché corriendo a mi casa de soltero sin saber muy
bien que es lo que me iba a encontrar allí.
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