lunes, 10 de marzo de 2014

NUNCA LA TRANQUILIDAD ES COMPLETA

Hola a tod@s:

El verano pasó y tras las vacaciones nos volvimos a reencontrar.  A fin de preparar la excusión al Turo de l’home en el Montseny, Teresa y yo fuimos solos y de regreso en el autocar que nos devolvía de Santa Fe a Sant Celoni, Teresa empezó a explicarme una historia sobre un libro que una chica quería leer y tenía mucha ilusión por leerlo pero al mismo tiempo tenía mucho miedo de que al leerlo no le gustase su contenido.

Me tomó de la mano y me dijo que la chica era ella, el libro era yo y que quería leer ese libro. Fue una forma poética y romántica de declararse una chica a un chico, aunque yo lo hubiera intentado tres meses antes.

A partir de aquel momento Teresa y yo empezamos a salir oficialmente y dado que éramos pareja y dado que ella ya había empezado en la universidad con lo que conlleva, nuevos amigos, calendarios de exámenes diferentes, etc.  Anna dejó de venir por el instituto americano y Francesc fue bajando su participación.

La excursión del Montseny resultó accidentada, pero con todo hubo mucha suerte. Empezamos a subir hacía el Turó de l’Home y lo hicimos como rebaño de cabras salvajes, todos monte a través con la mala fortuna de que una piedra fue desprendida por uno de los participantes y golpeó a un chica que iba detrás, en la ceja y le hizo un corte por el que empezó a sangrar abundantemente, así que yo tuve que acabar los metros que faltaban corriendo y pedir auxilio a gente, radioaficionados que estaban arriba.

Había que ver la cara que se les quedo cuando me preguntaron qué cuantos éramos pensando que seríamos tres o cuatro y yo le dije que unas cuarenta personas.

Uno de aquellos radioaficionados ofreció su coche y bajó a la herida una amiga que iba con ella y a mí hasta el hospital de Sant Celoni, donde tras darle un par de puntos, le dieron el Alta y la enviaron para casa, y yo me quede colgado y como entonces no habían móviles, tuve que volverme a casa en tren.

La suerte fue que aquella chica no presentó demanda por daños. Hoy conocedor de todo lo que esto puede conllevar, veo que el INAS tuvo mucha suerte, pero yo aún más porque no tenía título de monitor pero a todas luces era el responsable de los cuarenta. 

La excursión siguió bien guiada, esta vez por Teresa que de esta forma pasó a ser miembro del Comité de actividades sociales y responsable conmigo de la sección de excursiones.

En las excuriones se fueron creando grupos de amigos que ya venían fijos y que garantizaban un mínimo de ocupación de los autocares, eran gente joven pero también gente adulta e incluso mayores. En la época dorada de esta sección llegamos a contratar hasta dos autocares de 60 plazas, es decir 120 personas, pero lo habitual era que fueran unas 100 personas.

Para la fiesta de la castañada acordamos ir a pasarla a Breda con una pareja compañeros de la Universidad de Teresa. Hay que ver la fijación con ese pueblo al que por cierto solo he regresado una vez más. En el par de hoteles que intentamos alquilar habitaciones, nos pedían el libro de familia sabedores,  con absoluta seguridad de que no éramos matrimonios.  Viéndonos ya pasando la castañada durmiendo al raso fuimos preguntando por el pueblo y al final acabamos en una casa particular de una mujer viuda que nos alquiló dos habitaciones con derecho a desayuno, pero eso sí, sin mezclarnos, es decir, en una habitación los chicos y en la otra las chicas.

Tampoco hubo más suerte en la siguiente excursión del instituto aunque esta vez por mi culpa. Fue en el mes de Enero que se organizó una excursión a la nieve a Font Romeu (Francia) durmiendo en Puigcerdá y era tan “cándido” que aún teniendo yo la posibilidad de repartir las habitaciones y poder haber dormido con Teresa, ella acabó compartiendo habitación con una amiga y yo durmiendo solo en otra habitación, lamentándome de la oportunidad perdida y es que en aquellos tiempos y aún ahora a veces he preferido salvar las apariencias que dar de que hablar sobretodo si hay otras personas que puedan ser perjudicadas.

A principios de ese año, se recibió en casa una noticia que nos convulsionó a todos. Mi padre, que desde el viaje a Madrid no se encontraba muy bien con frecuentes dolores de estómago y vómitos, fue diagnosticado de cáncer. La noticia se la dieron a mi madre y entre el médico y ella decidieron no decirle a él nada.

Mi madre no pudo guardar aquella noticia y nos la comunicó a mi abuela y a mí. A partir de aquel momento, se debía fingir que todo era como siempre. Pero era muy triste escucharle planear las próximas vacaciones sabiendo que no iban a poder hacerse.  Además mi padre se empeñó en pedir un préstamo a la empresa para comprar el primer coche nuevo, nada más y nada menos que un seat 124 de color azul claro B-9107-V pero quién le iba a quitar esa ilusión?. Mi madre lo intentó diciéndole que tal vez había de esperar un poco más y así no tener que pedir tanto dinero a la empresa, pero él no se dejó convencer.

A medida que los meses transcurrían, la enfermedad iba avanzando y lo podíamos constatar. A mi padre le dijeron que habían visto que una parte del estómago se había "pegado" a un extremo del pulmón y que eso era lo que le causaba los dolores y los vómitos. La verdad es que un cáncer de duodeno con metástasis en un pulmón  era la verdadera causa de todo aquello. A mi otra abuela no se le dijo nada pues sabíamos que no hubiera sabido guardar silencio.

Estamos hablando de hace cuarenta años cuando tener cáncer era sinónimo de muerte segura y sin remedio.  Hoy en día la medicina ha avanzado mucho en ese campo y son muchas las personas que salvan su vida o la alargan durante muchos años con una buena calidad de vida.

Mi madre fue a hablar con recursos humanos de la empresa, entonces era personal y explico lo que había. La empresa se comportó de una forma extremadamente sensible. Conscientes de que cualquier día mi padre podía perder el conocimiento y caer entre los rodillos de la máquina y que se la hiciera responsable de sus  lesiones o muerte, optó por reconocer a mi padre sus servicios y delegarlo a oficinas como control de calidad, con el mismo sueldo y categoría pero alejado de todo esfuerzo físico.

Y mi padre, fue totalmente ignorante de su enfermedad hasta poco antes de morir, cuando fue ingresado en el Hospital de Sant Pau y en una de mis visitas, me dijo que sabía que él ya no iba a salir de allí con vida.

Tanto Teresa como el resto de mis amigos sabían de la situación y todos se comportaron extremadamente bien.

En Semana Santa de 1.973 Teresa, su amigo Jose Luís, un compañero de mi trabajo el que me había enseñado a mí las tareas laborales, una amiga de Teresa, Assumpta y creo recordar que alguien más del INAS, fuimos a pasar los festivos que iban desde el jueves santo al mediodía hasta el lunes de Pascua al camping Vall d’Aro en Playa de Aro.

Aquel camping lo conocíamos Francesc y yo porque antes del verano anterior lo habíamos visitado pensando en una posible excursión del INAS de dos días en tiendas. El dueño del camping nos propuso un negocio:  Él ponía las tiendas de campaña de Junio a Setiembre y nosotros proporcionábamos gente del INAS. El dueño se quedaría la recaudación de la segunda quincena de Junio hasta la primera de Setiembre y a nosotros nos cedía la de la primera quincena de Junio y la segunda de Setiembre.  Puede que fuera un buen negocio pero lo que nos proponía era que nosotros nos quedáramos con unas ganancias nada fáciles pues nos encontrábamos con los exámenes de Junio, y de Setiembre. En fin lo vimos como que él se quedaba la carne y nosotros los huesos.  De todas formas quedamos bien y la estancia de aquella semana santa salió mucho más barata de lo previsto.

Fue una de las semanas santas más lluviosas que recuerdo pero aún y así el hecho de poder estar con Teresa aunque fuera en una gran tienda de campaña hecha de tela de paracaídas y en la pequeña mía, fue toda una experiencia. Allí llevamos un ejemplar del Libro Rojo del Cole, un librito clandestino que leímos y debatimos entre todos para después enterrarlo en el suelo.

También pudimos montar a caballo, lo que casi me cuesta que me cayese al suelo ya que me fui  decantando hacia un lado y me quedé asido a las riendas desafiando las leyes de la gravedad. Peor suerte corrió Assumpta a quien su caballo  supongo que harto de  llevar gente enfiló el camino de su establo provocando que ella casi se golpease la cabeza con el marco de la puerta y acabara encima del caballo dentro del establo. También hicimos el camí de ronda entre Playa de Aro y Palamós cuando solo era un camino muy deteriorado entre penyasegats.

Antes, no obstante de la excursión de Font Romeu, ocurrieron un par de hechos que me pusieron la libido a mil.  La primera fue una oferta de fotos de mujeres desnudas, más cándidas que algunas de las revistas de hoy en día, pero que en aquella época y a un adolescente de dieciséis años le hacía poner al punto de ebullición. Me las ofreció y vendió a precio caro un quiosquero de la calle Ausias March tocando a Plaza Urquinaona.  Pero sobretodo chaval no digas que te las he vendido yo, que me cuesta la cárcel, pero si vas pasando por aquí tendré más e incluso alguna revista de esas, ya sabes, me espetó. Yo me había parado en el quiosco porque siempre me ha gustado hacerlo y no por otro motivo, para ver las portadas de revistas y diarios y me debió ver la cara de ganapias.

Yo compartí aquellas dos fotos en el despacho con el hermano del cajero que era unos dos o tres años más mayor que yo y estaba en el departamento técnico haciendo planos. A cambio este, que vivía en la Barceloneta y tenía más fácil la compra de ciertos artículos, me pasó un libro este sí bastante porno que yo me devoré en una noche de insomnio. Anda que no se rieron de mis ojeras al día siguiente.

En la citada excursión, si vi ejemplares de la revista Lui y Playboy pero ¿cómo comprar esas revistas y luego pasarlas por la frontera y además como hacerlo estando Teresa por all?í. Así que los encargos que me habían hecho se quedaron sin cumplir.

Esa actividad, no obstante, no tuvo continuidad y salvo las incursiones en los cines de Andorra donde como era de esperar de un país entonces gobernado por el Presidente de Francia y el Obispo de La Seu no podían tener contenidos demasiado eróticos, no como pasaba en Perpiñan donde los españolitos iban en romería los fines de semana y se tragaban no una sino tres y cuatro películas con la excusa de que eran peliculas de culto y arte y ensayo.

Continuare……..

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