domingo, 9 de marzo de 2014

MONTAÑEROS DE PAPEL

Hola a tod@s:

La segunda excursión del INAS (Institute of North American Studies) se hizo a Rioleón Safari, un parque en el que los animales estaban es semi libertad, porque es evidente que estaban dentro de un recinto del que no podían salir, pero en cambio los podías ver en un hábitat más amplio que el de las jaulas de un zoo.

Tras esta aún vendría otra excursión y finalmente antes de acabar el curso académico una excursión a la Playa. Con visita por la tarde a las ruinas de Ullastrell.

A diferencia de lo que ocurría entre Teresa y yo, Francesc y Anna no acababan de congeniar mucho y dado que ambas escogieron carreras diferentes empezó a haber un claro distanciamiento entre ellas y entre Anna y Francesc.

Tras el paréntesis veraniego, Teresa empezó en la facultad de Biología y Anna en la de Arquitectura siguiendo la tradición familiar, ya que sus padres eran arquitectos. Recuerdo haber estado una sola vez en la casa de Anna era de corte muy hippy y progre como era habitual en aquellos tiempos.

Yo mismo empecé a cambiar mi aspecto.  Me deje la barba y el pelo aún más largo de lo que lo llevaba antes. De la mano de Armet empecé a tomar conciencia política aunque,  con el paso del tiempo ves que fue una conciencia un tanto sesgada y cambié mis preferencias por la música que ahora se centraba en cantantes como LLuis Llach, Raimón, Maria del Mar Bonet, etc.






En mi habitación desparecieron los banderines que adornaban el costado del armario y se hizo más patente mi pasión por la montaña.  Igualmente y de forma clandestina empezaron a entrar en casa revistas de las llamadas subversivas y cuya tenencia podía haberme costado un serio disgusto a mí y a los de casa.

Mi relación con los de casa pero en especial con mi padre, se hizo más tensa aún. Yo los miraba como si fueran inferiores por no tener la conciencia política que yo tenía, por no saber más que yo. Una conducta equivocada e indigna, pero no sería esta la única conducta errónea por mi parte.  A lo largo de mi vida han sido muchas las ocasiones en las que me he comportado de forma equivocada y con ese comportamiento he hecho sufrir a personas que no lo merecían. Pero dejemos esto aquí que ya habrá tiempo para todo.
En la verbena de San Juan que organizó el INAS y a la que fuimos Teresa y yo, hubo un momento en el que me llevé a Teresa a un aula e intenté sin éxito, la verdad, para que accediera a salir conmigo. Todo fueron evasivas. No obstante, en las vacaciones de verano salimos los cuatro a pasar una semana en el Camping de la Cala Montgó muy cerca de L’Escala.

Los cuatro dormíamos en una tienda grande y aunque al menos Francesc y yo nos consumíamos de ganas de “hacer algo” con ellas, fuimos muy caballeros y fue una convivencia más digna de jóvenes de acción católica que de cuatro “progres” o así nos creíamos nosotros.

Las diferencias de edad no ya física sino mental entre chicas y chicos era aún muy evidente como por ejemplo en la tontería que cometimos Francesc y yo de apotar a ver quien era capaz de tomar más aceite. Así como el que se toma agua.  El resultado fue que al día siguiente, día en que fuimos a visitar las ruinas de Ampuries yo estaba fatal y así seguí hasta que vomité como se dice hasta la primera papilla.  A la noche estaba más o menos curado, no así Francesc que pasó la noche fuera de la tienda para que no nos potase encima.

Al día siguiente de esta hazaña, Fuimos hasta l’Estartit y tras una comida muy ligera, a Teresa se le ocurrió ir a ver La Foradada y llegar campo a través hasta Cala MOntgó donde estaba el Camping.  Gran error el hacerle caso.  No encontramos, aunque la hay y yo la he hecho en coche la pista que va desde l’Estrtit a l’Escala aunque sin pasar por la Foradada. Así que al principio fuimos atravesando vegetación agreste, evitando zarzas y llegamos a ver esa roca agujereada, pero se nos fue echando poco a poco la noche y para cuando nos quisimos dar cuenta ya era noche cerrada. Nuestra efímera suerte fue que había luna y así pudimos entrever una torre de vigilancia contra incendios creímos, pero no era para ese uso sino una torre militar.

Sin darnos cuenta nos habíamos acercado a unas instalaciones militares, pero como ya er anoche cerrada, nos habíamos dejado las piernas hechas unos zorros con las zarzas que ahora sí, no veíamos y estábamos débiles por o haber comido casi y cansado de las horas que llevábamos andando decidimos avanzar por la pista que lleva a esa torre, pensando que allí no había nada ni nadie.

De nuevo nos equivocábamos, no habríamos andado más de doscientos o trescientos metros, cuando nos iluminaron unos reflectores y unos soldados con perros pastores alemanes nos dieron el alto.  Al principio nos conminaron a que diéramos media vuelta y regresáramos sobre nuestros pasos, pero era tal nuestro aspecto que finalmente y tras consultarlo por radio, nos custodiaron hasta la entrada del destacamento y desde allí en una media hora más, llegábamos a un camping vecino al nuestro donde paramos a hidratarnos y comer algo.

La semana pasó rápida y nos despedimos emplazándonos para el inicio del nuevo curso. Francesc y yo llevamos a cabo una transacción comercial. Entre los dos compramos una tienda de campaña. La tienda costó 3.500 pesetas y yo le fui pagando en cuatro plazos su parte quedándome yo la tienda. Esa tienda sirvió para nuestra escapada al Pico de Aneto y para ello contamos con la presencia de un compañero de estudios de Francesc que estudiaba diseño en la Escuela Industrial. Este muchacho no había hecho nunca montaña de forma seria.

Para llegar hasta el refugio de La Renclusa, no supimos hacer nada mejor que tomar un autocar de la empresa Alsina Graells y desde Barcelona hasta Les Bordes más allá de Viella. Un viaje que empezaba a las 7 de la mañana y nos dejaba a las 6 de la tarde más o menos. Desde allí una marcha en fuerte subida hasta el refugio de l’Artiga de Lin donde dormimos.

Al día siguiente nueva marcha hacia el puerto de La Picada una excursión de unas cinco horas y al llegar al Puerto donde se contempla todo el macizo de las Maladetas y queda casi lo mismo que ya se ha hecho para llegar al refugio, el muchacho que nos acompañaba se rindió a la evidencia y dijo que él no subiría.
Lo que aquí cuento ahora es la verdad que hasta ahora yo he cambiado. Al día siguiente temprano sí, pero no a la hora que se debe salir, y no desde La Renclusa sino desde el Pla de Aigualluts donde habíamos puesto la tienda, empezamos la subida. Antes de marchar fuimos tan arrogantes que le dijimos al que quedaba que si a las cuatro de la tarde no habíamos aparecido, podría ir a buscar ayuda pues sin duda habríamos tenido problemas.

No llegaríamos a coronar la cima. Una creciente tormenta y nuestro acojonamiento frente al temido paso de Mahoma, hicieron que pactásemos que para todos habíamos coronado la cima, de hecho solo nos faltaban cien metros o menos.

La tormenta nos pilló llegando ya de vuelta al refugio. Allí quisimos primero comprar unos huevos y seguir hasta la tienda, pero el guarda no quería venderlos. Le dijimos que nos hiciera tortillas, las pagábamos y nos las llevábamos pero tampoco esto le satisfizo, así que decidimos quedarnos a comer allí, eran las cuatro de la tarde.

Una hora más tarde salíamos eufóricos del refugio y veíamos al pobre muchacho entrando y saliendo de la tienda. Nosotros le hacíamos gestos pero obviamente no nos veía.  A las seis de la tarde llegábamos cuando él estaba a un paso del ataque de nervios y dispuesto a dejar allí la tienda para ir a buscar a la Guardia Civil. Y nosotros tan frescos.  Este fue nuestro primer ensayo para decir que habíamos coronado la cima.  Según explicamos justo llegando al paso de Mahoma la tormenta estaba casi encima nuestro así que dejamos las mochilas y pasamos rápidamente llegamos a la cima firmamos el libro y nos volvimos. No habíamos pasado la cámara de fotos así que mala suerte no había fotos. Coló y así hasta hoy al menos yo se había mantenido esa farsa.

Nuestra intención era seguir haciendo ascensiones, a los Bessiberris y con esa idea salimos al día siguiente, yo tras regalarme el día una leve hemorragia nasal pensando en lo que nos quedaba por hacer y los demás en sus pensamientos.  Tras pasar el Puerto de la Picada y empezar el descenso hacia la Artiga, nos pilló una tormenta tan fuerte que parecía que los Dioses quisieran vengarse de nosotros. Tuvimos, esta vez si, dejar las mochilas lejos de nosotros pues las puntas de los piolets podían hacer de pararrayos y no andábamos muy equivocados pues un rayo cayó a una distancia de unos doscientos metros de nosotros. El acojonamiento fue total.  Como pudimos seguimos hacia abajo tras recuperar las mochilas y pasar un torrente que si bien normalmente no cubre más del tobillo, cuando lo pasamos empezaba a crecer amenazadoramente y llegamos al refugio sobre el mediodía.

La verdad es que nos costó muy poco decidir que no seguiríamos y que nos volvíamos a Barcelona. En un camión de obreros que estaban trabajando en la pista forestar, bajamos hasta Viella y allí esperamos hasta las cinco de la mañana en que pasaba el primer autocar a Barcelona y nos volvimos.  Así acababa mi  primera incursión pirenáica.

Continuare……….

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