Hola a tod@s:
Isidro venía diciendo desde hacía tiempo a mi madre que
algún día vendrían a por él y que tendría que saltar por la ventana para buscar
la calle y escapar. Ella no le hacía mucho caso, pero yo sabía que había
motivos para ello.
Isidro me había mostrado un paquete aunque sin desenvolverlo
diciendo que se trataba de una carabina del calibre 22 También me había
mostrado dos pistolas de fogueo y una de gas. De la misma forma yo había
visitado el local del sindicato de Espectáculos y había visto maquinaria que
podía transformar armas de fogueo en armas de fuego real. Con ello no quiero decir que eso se hiciera,
solo afirmo lo que he dicho, que había maquinaria que podía utilizarse para ese
menester.
Al llegar a casa, me encontré con dos policías de paisano,
el perro encerrado y ladrando en una habitación, a mi madre llorando confortada
por una vecina que haría las veces de testigo y a Isidro sentado sobre la cama
de matrimonio con las manos a la espalda esposado.
Lo primero que pregunté a los policías tras identificarme a
ellos, fue si se le iba a aplicar la Ley antiterrorista, a lo que me dijeron
que no, no sin ciertas visas de curiosidad del porque preguntaba aquello. Me
dijeron que habían acudido en busca de un arma que no encontraron en poder de
Isidro pero que habían encontrado otras armas y objetos que podían ser robados.
Es decir, les había tocado la lotería porque buscando un
arma habían encontrado algo mucho mejor y más importante.
A continuación copiaré el texto que el diario El País, publicó
en su edición del día 07/11/1.981:
Dos miembros de la CNT, acusados de tenencia
ilícita de armas
Acusados de posesión ilícita de armas, fueron
detenidos y puestos a disposición judicial dos militantes de la Confederación
Nacional del Trabajo (CNT), Isidro Grau Terreu, de 55 años, y José Cases
Alfonso, de 61 años. Este último es un dirigente histórico de la CNT.
Actualmente ocupa el cargo de presidente del Sindicato de Espectáculos
Públicos, uno de los pocos de dicha central que realmente tiene influencia.
Asimismo fueron detenidas cinco personas más, cuatro de ellas acusadas de haber
agredido y sustraído su pistola a un policía nacional, que iba vestido de
paisano.El pasado 29 de octubre, una chica de dieciocho años, Missilia
Belcolore, de nacionalidad francesa, atrajo con engaño hacia un portal de una
calle de una zona inmediata al barrio chino de Barcelona, a
un policía nacional, vestido de paisano, pero armado con una pistola Star, del
calibre 9 corto. En el portal, el policía fue agredido por tres hombres que se
habían concertado con la muchacha quienes también le sustrajeron si pistola.
Eran Juan José Rodero Chia, de veintitrés año!; Pedro Manzano Acedo, de 33
años, y Gorgonio Fidalgo Andrés, de 36 años.
El arma pasó a poder de Antonio Casado Caro, de 35
años, quien la vendió al cenetista José Cases por 25.000 pesetas. Al ser
detenido éste, manifestó que la había entregado al también cenetista Isidro
Grau Terreu. No obstante, en casa de este último no fue hallada la pistola
robada al policía, pero en cambio la policía encontró una pistola Astra, del 9
corto, y una carabina del calibre 22, con mira telescópica, ambas robadas hace
meses. También le fue hallado un revólver del calibre 38 inutilizado, dos
revólveres de fogueo, una pistola de aire comprimido y aparatos electrónicos,
cuya procedencia no pudo justificar.
Interrogado de nuevo, José Cases manifestó entonces
que la pistola robada al policía nacional se encontraba en la caja fuerte del
local de la CNT, sito en el pasaje de la Paz, de Barcelona, donde efectivamente
fue hallada por la policía.
A Isidro se lo llevarían detenido a la comisaría que había
en la calle Joaquin Pou en el Raval
donde estuco hasta pasar a disposición judicial y después ingresó en prisión.
Lo ocurrido fue lo siguiente según la versión de Isidro que
además he podido cotejar con otros militantes de la CNT
Tras robarle la pistola al policía y sabiendo que aquella
acción les podía costar cara, los ladrones se pusieron en contacto con el
perista que a su vez le ofreció el arma a Isidro. Isidro no quiso comprarla,
pero como el perista insistiese, Isidro lo envió a ver al tal cases quien si
compró la pistola y la guardó en la caja fuerte del sindicato.
La policía se movió rápido y detuvo a los autores del robo,
que a su vez delataron al perista y este a Cases, pero Cases no solo no aceptó
la acusación de que era el posesor de la pistola, sino que sabiendo lo que
isidro guardaba en casa, no dudó en enviar a la policía a casa de Isidro. Y a
Isidro lo avisaron de que la policía iba a su casa cuando ya no daba tiempo a
nada, pues aún estaba al teléfono cuando la policía llamaba al timbre.
Al abrir la puerta el perro, que como ya dije era un cruce
de dogo y pastor alemán, intentó abalanzarse sobre la policía, espetando uno de
ellos a Isidro: Cierra al perro o le pego un tiro y lo mato. Isidro no se quedó
corto respondiendo: Si tocas al perro seré yo el que te mate a ti.
Una vez en comisaria a Isidro y Cases, los sometieron a un
careo. En el mismo Cases, además de
recibir algún cachete de los policías, acabó confesando que él tenía la pistola
y que estaba en la caja fuerte del Sindicato donde fue llevado con la policía y
finalmente se encontró el arma.
Isidro me encargó que fuera a los encantes a ver al óptico
para que este me hiciera facturas de los objetos que junto a las armas le
habían requisado, no fue posible, el óptico se hizo el remolón y no hizo las
facturas.
No creo que sea necesario explicar que tanto a mi madre como
a mí se nos vino el mundo encima. Con
Isidro en la cárcel dejaría de haber ingresos y mi madre y mi abuela solas con
la pensión d esta última no podrían subsistir. Hay que recordar que al casarse
mi madre con Isidro, perdió el derecho a percibir la pensión de viudedad.
Por mi parte, con Juliana embarazada, aunque no estábamos
ahogados económicamente tampoco estábamos en disposición de hacernos cargo de
ellas dos.
Con todo quien menos afectado estuvo durante las tres
semanas que estuvo en prisión fue Isidro quien al parecer encontró en la
prisión a viejos conocidos éntrelos
cuales mantenía un rango de respeto.
Cases, salió a la calle al cabo de unos quince días, después
de pasar su estancia en prisión en la enfermería ya que se temía que fueran a
por él por membrillo (chivato) una vez en la calle se hizo fuerte en una
asamblea del sindicato a la que yo accedí, era afiliado de la CNT y donde me
encaré con él y con los afiliados que lo seguían, llamándole traidor, confidente
e invitándolo a que explicase cómo es que tras haber reconocido ser el
comprador de la pistola y haberla encerrado en a caja fuerte del sindicato
poniendo en peligro la propia existencia del mismo, había conseguido salir tan
fresco de la cárcel. Viendo como se escabullía e intentaba escurrir el bulto,
sin temer a nada ni nadie, rompí públicamente el carnet de militante.
Isidro saldría una semana más tarde.
La defensa de Isidro que en un principio pensaba la llevaría
el abogado Loperena, finalmente fue asumida por el hermano de mi tía quien, no
sabría decir utilizando que herramientas o que argumentos, consiguió mucho
tiempo después que todas las causas se archivasen sin más.
Si supe que la carabina se argumentó que era un depósito que
había hecho un individuo conocido de Isidro a quien habían impuesto una fianza
que pagó Isidro. Esta persona había muerto posteriormente por un cáncer y se
sobreseyó la causa. Por lo que se
refiere a la pistola, esta era de un guardia civil que no había denunciado su
robo. Tras constatar que no había sido utilizada, se quiso echar tierra sobre
el asunto y también se sobreseyó la causa.
Del resto de armas, nada se supo y por último los objetos
que le incautaron y que no se pudo demostrar que fuera robados, tampoco le
fueron devueltos y supongo que cámaras de fotografiar, y aparatos de música
debieron ir a casa de algún funcionario de alto rango a cambio de que todo el
mundo se olvidase del tema.
A partir de estos hechos Isidro se desvinculó y se
desilusionó bastante con el sindicato y aunque siempre mantuvo su espíritu
anarquista, hubo un antes y un después.
No sería honesto si desde aquí y aunque sepa que nunca
llegará a su destinos, no reconociera el esfuerzo de muchos compañeros de Isidro que hicieron que el cine Delicias siguiera funcionando y por lo tanto
que no faltase ni una sola peseta del sueldo mientras permaneció en prisión,
sacrificando para ello sus días festivos supliendo al compañero preso.
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