Hola a tod@s:
Justo antes de licenciarnos durante la segunda pascua, Juan y yo vinimos a Barcelona e hicimos una excursión al Pedraforca. En esa ocasión sí que alcancé la cima y en la bajada coincidimos con un grupo de chicas y chicos y no sé porque razón empezamos a hablar. Eran de una agrupación de boyscouts y estaban necesitados de monitores, así que quedamos que tras nuestra licenciatura que debía producirse en unos días pasaríamos a verles y hablaríamos del tema.
Al día siguiente de mi regreso, ya licenciado, me presenté como tenía ordenado en la maestranza de artillería que estaba en los cuarteles de Sant Andreu.
Allí entregué el petate y me sellaron la cartilla pasando a la reserva. Previo a ello, había pasado por las oficinas de la inmobiliaria en la que trabajaba para avisar de que al día siguiente me reincorporaría a mi lugar de trabajo. Todo fue correcto y no me dijeron nada en contra.
Pero aquel mismo día por la tarde fui avisado de que no hacía falta que volviera al día siguiente que me tomase un mes de vacaciones y aprovechara para buscar otro trabajo, es decir, me despedían sin más.
Cuando lo expliqué en casa, Isidro me dijo que ni hablar, que fuera al día siguiente como si no pasara nada. Pese a que ya era muy tarde contactó con el abogado de la CNT José María Loperena y este fue quien dio esa directriz añadiendo que yo no debía moverme de allí sin recibir la carta de despido.
Así que al día siguiente aparecí por las oficinas ante el asombro de jefes y compañeros. Una vez más me dijeron que debía marchar y buscar otro empleo. Ante mi negativa me enviaron a la sala de juntas con un listín telefónico para que me lo fuera leyendo. Así estuve hasta las once de la mañana en que viendo que no me iban a convencer de que marchara, vinieron a proponerme un arreglo. Mi propuesta fe que e pagaran medio millón de pesetas y el seguro del paro.
De entrada se negaron, pero la sola idea de tener que lidiar con la CNT hizo que finalmente se avinieran a esas condiciones y antes de finalizar la mañana y previa consulta con el abogado tenía en mi poder el talón de medio millón de pesetas y el compromiso de vernos en magistratura para que se declarara despido improcedente y poder tener acceso al seguro de paro.
Me volví el "rey del mambo", con medio millón que era una suma considerable y acabado de licenciar. Me compre una cámara de fotografiar, un plumón, un piolet y crampones, un audífono para mi madre, etc.
Ese verano tomé un avión y me fui a Mallorca a casa de un auxiliar del campamento de marines, estuve dos o tres días en su casa, volví, me volví a ir a Valencia un par de días, volví a Barcelona, cené en varias ocasiones con Victorina la cual se mantenía equidistante entre Teresa y yo mientras su embarazo iba para adelante. Había dejado su casa y se había instalado en un piso de la calle Sant Eudald, concretamente en el número 51 era un ático de dos habitaciones y para ellos dos y el que venía ya era suficiente. Cuando yo visité su casa no tenían casi muebles pero se les veía felices. También en el transcurso de una cena con Gloria, le pedí salir, pero ella, creo que con muy buen criterio, declinó mi propuesta por creer y así lo expresó que en aquel momento lo pedía por despecho y por no estar solo.
También contacté de nuevo con los boyscouts formalice mi entrada como monitor y empecé a frecuentar el bar donde se reunían. Conocí a una chica, era rubia y bien parecida, de hecho tenía muchos pretendientes y ella coqueteaba con todos.
Acordamos una excursión a Blanes y allí se me acoplo una amiga de ella, a quien todos llamaban La vieja, esta se me pegaba como una lapa y a la primera noche le dejé bien claro que no me atraía lo más mínimo y que era su amiga Juliana la que me atraía. Juliana mientras no parecía querer enterarse de mi presencia. Poco a poco fui sabiendo más cosas de ella, que era aragonesa, que vivía en casa de una hermana, que la chica que le gustó a Joan era prima de ella, que trabajaba en un horno, etc.
Supe que quería subir al pueblo donde estaban sus padres y no me lo pensé dos veces, busqué y encontré un coche de segunda mano y lo compré. Ahora ya podía llevarla y así lo hice. En el primer viaje que hice junto con un compañero de ella, la dejamos en su pueblo y continuamos el viaje. Ya había dado un paso.
Poco a poco me fui ganado su confianza y el fin de año de 1.978 en Cadaqués nos convertíamos en novios.
Juliana era, bueno es la menor de cinco hermanos y entonces vivía con su hermana y cuñado en un piso de la calle Viladomat. Había venido a Barcelona para estudiar y había acabado Formación Profesional en la rama de Química en la escuela industrial. Al mismo tiempo había empezado a trabajar en un horno como dependienta. Ese trabajo se lo proporcionaron los Sres. Pujades donde trabajaba su hermana haciendo faenas.
No era un gran trabajo pero le permitía no ser una carga para ellos.
En las primeras semanas de Enero la acompañé de nuevo al pueblo y conocí a sus padres. Resultó un poco duro decirles que no trabajaba y que vivía de mi indemnización. Afortunadamente en poco tiempo la cuestión del trabajo estaría resuelta.
Poco después conocí a su hermana y también a un hermano que vivía en Barcelona. He de decir que fui muy bien recibido y que en ningún momento me sentí mal con ellos.
En el mes de Marzo de 1.979 Victorina nos avisó de que el piso de al lado al de ellos se ponía en alquiler y era una oportunidad para nosotros. Para alquilarlo, tuve que pedir un anticipo a la empresa en la que había entrado a trabajar, una aseguradora del grupo Rumasa que se llamaba Minerva. Allí había entrado tras responder a una demanda de Inspectores, aunque a la hora de la verdad me contrataron como subinspector.
El dinero de la indemnización se había esfumado. El último gasto fue una sortija de pedida que le compré en Andorra como desagravio a algo que había ocurrido de forma totalmente fortuita pero que nos afectó bastante.
Sucedió que habiendo ido con un amigo de ella de la agrupación a hacer fotografías al Monasterio de Sant Pere de Rodas, mirando por el visor de la cámara vi algo que no podía creer.
Era Teresa que con unas amigas había elegido el mismo día y el mismo lugar que nosotros. Aparte de saludarnos, Teresa quiso hablar conmigo y nos quedamos separados de los demás. Allí Teresa en el más puro estilo del perro del Hortelano que ni come ni deja comer, me dijo que si bien no quería volver conmigo, tampoco quería que saliera con nadie más y verlo ella.
Obviamente aquella conversación empezó y acabó allí, pero a Juliana le costó aceptar que aquello no había sido algo premeditado y montado por mí con objeto de reírme de ella.
La única forma de salir de aquello o la única que se me ocurrió fue comprarle el anillo de compromiso y para ello fuimos a Andorra y allí gasté lo último que quedaba. La indemnización había durado escasos ocho meses.
A partir de aquel momento ya disponíamos de un ático de una sola habitación pero con vistas a la parte trasera del Parque Güell aunque no dispusiéramos de nada más.
Continuare………
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