Hola a tod@s:
Aquella noche tenía cierto temor porque el año anterior
había sido engatusado por Armet que se puso en contacto conmigo. Este hombre se
había integrado en un partido llamado Nacionalistes d’Esquerres. Como toda
nueva formación carecían de fondos e idearon un sistema triangular en el que
uno de sus miembros pedía un crédito personal con el aval de los otros dos y
así hasta completar tres préstamos. Cada integrante avalaba a los otros dos.
Yo no pedí un préstamo pero sí avalé a otros dos integrantes,
con tan mala fortuna que una de ellas resulto ser morosa y un día me vi
sorprendido por una carta requiriéndome a que cumpliese con mi obligación de
avalista. Me costó muchísimo conseguir evitar el pago de cantidad alguna aunque
finalmente lo conseguí, pero mi nombre constaba en papeles por avalar una
formación independentista y con un golpe de la extrema derecha no era algo como
para no preocuparse.
Tras este episodio ya no volvería a tener más contacto con
Armet ni con otros miembros de esa formación
como Magda Oranich que también me había propuesto algún plan con los seguros de
los militantes pero en el que no quise ni tan solo escucharlos.
También acabó ahí cualquier idea de carácter independentista. Me fui moderando y hoy me siento español, un español afortunado por haber nacido en un lugar con idioma propio y poder dominar ambos idiomas perfectamente. No me gustan los visionarios y hoy hay muchos de esos.
También acabó ahí cualquier idea de carácter independentista. Me fui moderando y hoy me siento español, un español afortunado por haber nacido en un lugar con idioma propio y poder dominar ambos idiomas perfectamente. No me gustan los visionarios y hoy hay muchos de esos.
Tras la resolución de la intentona golpista, y vuelta ya la
normalidad a nuestras vidas cuotidianas pudimos empezar a disfrutar del coche
nuevo, aunque lo cierto es que no habían muchas diferencias con el anterior.
En esos meses Juliana quedó embarazada pero la gestación se
malogró enseguida tanto que ni siquiera habíamos podido comunicarlo a las
familias.
Mi abuela, por otro lado, y tras haber sufrido una caída,
cuando aún yo estaba soltero y de la que me siento responsable ya que tropezó
con mi pie y cayo golpeándose el vientre, acabó derivando meses más
tarde en una intervención quirúrgica en el Hospital de San Pablo de triste
recuerdo para mí, y de donde sería trasladada a un centro de paliativos en Sant
Boi de Llobregat, donde falleció.
Durante el periodo que medió entre la caída y su
fallecimiento, entró en un proceso de demencia senil que la convirtió
prácticamente en una niña rebelde. Su dieta por la diabetes y por su ya
manifiesta carencia de ganas de hacer nada, se ceñía a comer de forma
repetitiva platos de guisantes sin que hubiera mucha variación en su menú.
Alguna que otra manzana al horno era su única excepción.
Por otro lado su actividad física se limitaba a las salidas
a cobrar su pensión y que lo hacía casi siempre acompañada por mí y eso me trae
a la memoria un episodio que sucedió el día tres de noviembre de 1.979 justo
veinticuatro horas antes de mi boda.
Yo ese día, sábado, lo tenía muy complicado con los últimos
preparativos de la boda como ir a cortarme el pelo, ropa, pero sobretodo porque
tenía que recoger las alianzas y también debía acompañar a mi abuela a cobrar
su pensión. La oficina bancaria estaba en la Avenida Virgen de Montserrat y
para quien no conozca esos barrios, explicaré que el barrio del Guinardó se
edificó sobre una montaña por lo que sus calles tienen una fuerte pendiente que
causan fatiga no solo a las personas mayores
sino incluso a los jóvenes.
Mi abuela con setenta y cinco años no tenía una movilidad
excelente por lo que se sentía más segura si podía ir del brazo de alguien. En
aquella ocasión, yo aparqué en una calle muy próxima y bajé del coche, le abrí
la puerta y tras ayudarla a salir cerré la puerta y en ese momento el freno de mano falló y
estando las ruedas del vehículo mirando hacia afuera inició un trayecto que lo
llevó a golpear un vehículo levemente, subirse encima de la acera y acabar
parando contra un mármol de una carnicería. Tuve mucha suerte porque en ese
mármol que por la pendiente de la calle servía de banco, solían sentarse los
niños mientras sus madres compraban en la tienda. En ese momento se me agolparon muchas cosas,
el papeleo del parte de siniestro, acompañar a mi abuela al banco y tener que
cruzar la ciudad para recoger las alianzas siendo ya bastante tarde.
A la propietaria del vehículo le dejé una tarjeta con mis
datos, pidiéndole mil disculpas, acompañe a mi abuela que se había quedado
bastante impresionada y llegué a la joyería cuando ya casi estaban cerrando sus
puertas.
Luego por la tarde con mucha más calma telefoneé a la
afectada y acabé de darle mis datos indicándole de nuevo que trabajaba en una
compañía de seguros y que no iba a tener ningún problema.
Volviendo al momento de la entrada, tras ese aborto, llegó
la semana santa y decidimos ir a un camping en una población de costa muy
cercana a Barcelona: Pineda de Mar. La elección de ese lugar fue porque allí
tenía puesta una caravana el panadero que trabajaba con Juliana.
La verdad es que lo pasamos bien con esa familia compuesta
por el matrimonio, dos hijos un niño de unos doce años y una chica de unos
quince o dieciséis y los padres de la
mujer del panadero. Tanto que decidimos que plantaríamos allí la tienda durante
toda la temporada de verano. No obstante teníamos que comprar primero una
tienda algo más grande que la canadiense de dos o tres plazas que disponíamos y
por eso, pasadas las mini vacaciones de semana santa, nos desplazamos a Andorra
con la intención de ver una tienda que nos permitiera pasar esa temporada con
un mínimo de comodidad.
La suerte esta vez nos favoreció con una pareja de jubilados
holandeses que habían puesto su tienda en venta en el mismo camping en el que
estábamos. Se trataba de una tienda chalet, muy bien conservada con un
dormitorio amplio en el que podían dormir hasta cuatro personas y una zona
donde poder poner mesa y sillas y un avance en el que poder estar descansando.
El único inconveniente de aquella tienda era su volumen y su
peso aproximadamente unos cincuenta quilos, pero todo ello no fue obstáculo
para que nos hiciéramos con ella por el precio que nos pidieron y que era muy
inferior al de una tienda nueva en Andorra y casi regalada comparada con los
precios de España.
Esa pareja de jubilados me dijeron que me parecía mucho a un
dirigente de Herri Batasuna, lo cual no es que me hiciera mucha gracia por las
connotaciones políticas que ello tenía. Tras abonar el importe acordado me
entregaron la tienda con un aporte extra de clavos fabricados por el hombre que
había sido ferroviario, un kit de reparación por si se rompía la lona y un
colchón hinchable de matrimonio que tenía que ser hinchado cada día por la
noche, para que fuera perdiendo poco a poco el aire hasta encontrarte casi
sobre el suelo al despertar por las mañanas.
Disponiendo ya de tienda, negociamos y nos permitieron que
pudiéramos ubicar la tienda a mediados de Mayo sin haber de esperar al inicio
de temporada en 15 de Junio.
Aquello nos creó una nueva dependencia, la de ir cada semana
al camping para amortizar el coste de la temporada. Por otra parte empezamos a
intentar dotar aquella estructura de comodidades. Compramos un armario
desmontable para poder colocar ropa, otro artilugio para los artículos de baño,
mesa, sillas, otra mesa para la cocina, cocina y también hice un cuadro
eléctrico rudimentario para disponer de corriente dentro de la tienda. Nonos dábamos cuenta pero semana tras semana
íbamos acumulando objetos y cosas. Solo el día que desmontamos todo, nos dimos
cuenta de la cantidad de objetos que habíamos llevado y que de hecho ya no nos
servirían más.
Juliana cumple años en día uno de Agosto y ese año pensé que
un regalo que le podría hacer ilusión sería viajar hasta París, para ello hablé
y convencí al panadero para que él y su mujer que estaba embarazada del tercer
hijo, nos acompañaran en ese viaje, de esa forma el coste sería más barato para
todos y podríamos turnarnos en la conducción del coche para que no fuera tan pesado
el viaje.
El día previsto de salir fue el 31 de julio, viernes por la
tarde y la excusa fue el ir a pasar el fin de semana a una playa de la costa
Brava. Salimos ya avanzada la tarde y
paramos para cenar en la Junquera. Al reanudar el viaje cogió el coche Jesús
que así se llamaba el panadero y yo me dispuse a dormir coa que conseguí, pero
cual sería mi sorpresa cuando desperté por los bandazos del coche y que no era
otra cosa que los movimientos por el fuerte viento reinante en el aparcamiento
dónde Jesús solo una hora después de haber tomado la conducción del coche, se
había detenido porque tenía sueño.
Desde aquel momento yo volví a conducir el coche hasta París
y lo mismo hice a la vuelta.
Paramos a primera hora de la mañana en Lyon y llegábamos a primera
hora de la tarde a París, baldados por el viaje ya que la comodidad de ese coche no era una de sus cualidades
precisamente.
Continuare…
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