miércoles, 16 de abril de 2014

TRES EPISODIOS IMPORTANTES

Hola a tod@s:

Los años fueron pasando y entre el verano de 1.992 y el inicio de 2.000 se produjeron varios acontecimientos que si bien no dan para de forma individual llenar una entrada, si me permiten tener una visión de conjunto que quizá expliquen otros hechos.

En la primavera del año 1.997, falleció mi madre. Mi madre de quien ya he explicado que tras contraer matrimonio con Isidro empezó un lento declive que se agudizó con la detención, el encarcelamiento de isidro y la posterior muerte de mi abuela, su madre.

A principios de los noventa, aquella mujer esbelta que provocaba las miradas y los piropos de los hombres, engordó hasta superar los noventa kilos y perdió prácticamente la dentadura. En su trabajo fue relegada al guardarropía y aún gracias que le conservaran el trabajo.

Día sí y día también me llamaba para explayarse en sus males y en sus penas. Al principio su sentido de culpabilidad frente a la muerte de mi abuela, sintiéndose culpable por las discusiones, por las voces y gritos que le había proferido a su madre. Después quejándose de Isidro, de su afán de ir trayendo objetos variopintos, todos ellos estropeados pero con la intención de arreglarlos algún día.

La diabetes que también se manifestó en ella, junto a una hepatitis, hizo que su sistema nervioso ya débil por naturaleza, se resintiese aún más.

Si al preguntarme como estaba yo, le decía que me dolía la garganta, era matemático que ella también tuviese mal de garganta, eso sí, mucho mayor que el mío y más grave. Y así con todo. Pero si algo la caracterizaba era su negativa a seguir los tratamientos médicos que le pautaban. Tal era su actitud que en más de una ocasión le llegué a preguntar si esa negativa a seguir los consejos de los médicos era debida a algún tipo de venganza planeada contra mí, ya que lo único que perseguía era que cayese enferma crónica en cama debiendo atenderla los demás.

Su estado se fue agravando lentamente hasta tener que ser hospitalizada. Los médicos fueron muy claros con nosotros: Esta señora ha entrado en una fase en la que va a pasar más tiempo ingresada en los hospitales que en su casa. Se equivocaron los médicos pero no en su diagnóstico sino en el tiempo. Poco más de un mes después de haber sido hospitalizada por primera vez, mi madre era ingresada un mediodía, por la noche era pasto de una septicemia, fue la última vez que la vi consciente. Esa misma noche era intubada y al día siguiente cuando antes de acudir al trabajo pasaba a verla me encontré con un espectro lleno de tubos que salían de su garganta.

A media mañana era llamado por Ios médicos que me dijeron que el desenlace era inmediato. Solicité que se la desentubase de todo, quedando solo conectada al respirador. De allí salí corriendo a la Iglesia de los Mínimos donde mi madre había sido feligresa durante años y donde dejé recado de que el padre Antonio que había sido su confesor acudiese al hospital para administrarle los últimos sacramentos y de allí a casa para avisar a Isidro de que fuese al hospital ya que aquello tocaba a su fin.

También avisé a mi tío que se personó de inmediato en el hospital. Allí en un espacio reducido con mi madre sobre una cama, ya sin tubos pero conectada al respirador fuimos mudos testigos de cómo minutos tras minuto su vida se iba apagando hasta que finalmente el largo pitido de los monitores anunció que había dejado de existir.
Tenía sesenta y dos años, era una mujer joven, yo tenía cuarenta y dos  y Gemma quince años.

No olvidaré cuando acompañé a Isidro a casa y al abrir la puerta y salir el perrillo que entonces tenía a recibirlo e Isidro e dijo: Bueno red nos hemos quedado solos dejando escapar unas lágrimas.

Mi madre murió en el Hospital de San Pablo. Es fácil pues entender la poca simpatía que le tengo a ese Hospital, aunque nada tenga que decir salvo elogios de los profesionales que trabajan en él, para mí es un lugar de tristes recuerdos ya que mi padre, primero, mi abuela casi hasta su muerte y ahora mi madre, habían entrado allí para no salir.
El día de la muerte de mi madre, tuve un enfrentamiento con Gemma que me increpó por no verme llorar por su abuela. Han pasado muchos años y estoy seguro que hoy, Gemma entiende que a veces no es necesario llorar para sentir la pérdida de una persona.  En aquel momento mi respuesta, reconozco que airada fue decirle que no son las lágrimas lo que caracteriza el amor por una persona sino lo que se siente en el interior y que tal vez yo no lo estuviera exteriorizando pero que el dolor iba por dentro.
Casi paralelamente a estos tristes hechos se produjeron otros. Políticamente hablando nunca había dejado de colaborar como interventor y apoderado del partido socialista de Cataluña. PSC tras haber abandonado mis escarceos independentistas  primero y anarcosindicalistas después.

A finales de 1.993 yo planteé en casa la posibilidad de implicarme más en política. Se trataba de pasar de ser un mero colaborador ocasional en las elecciones a ser militante con lo que ello pudiera conllevar. Lo planteé porque quería tener el respaldo de mi mujer y de mi hija a pesar de que tan solo era una niña que empezaba a entrar en la adolescencia. Una vez con el beneplácito de ambas mujeres, me acerqué a la sede de Gracia que en aquel momento estaba en la calle Gran de Grácia y manifesté mi intención de ser militante no sin antes saber que se hacía y como era la vida de la agrupación.

Eran los últimos meses en que la agrupación estaría en aquella sede ya que tan solo entrar yo el entonces secretarios de organización Xus Ochoa ya andaba buscando un nuevo local para la Agrupación, local que finalmente se establecería primero en la Vía Augusta y finalmente en la calle del Torrent d’en Vidalet. Se preparaba el próximo congreso del PSC a celebrar en La Farga de l’Hospitalet y en entonces se preparaban las enmiendas a las diferentes ponencias que se iban a presentar. Yo ya era entonces militante y ya había trabado lazos de afinidad con algunos  miembros de la agrupación.

De forma totalmente aleatoria, fui asignado a un grupo de debate que parecía liderar una señora de mediana edad, que resultó ser Diana Garrigosa, esposa del entonces alcalde de Barcelona Pascual Maragall. Mis aportaciones al redactado de las enmiendas a las ponencias, hicieron que la Sra. Garrigosa se fijase en mí aunque no sería hasta meses después que esta aportación tendría respuesta.

Sobre este proceso, hablaré en otra entrada.

Por último en este mismo periodo asumimos un nuevo reto, el de la adquisición del piso de la calle San Eudaldo. Hacía unos años que planteamos la posibilidad de comprar al vivienda pero os propietarios dijeron que no, y justo cuando menos lo esperábamos nos ofrecieron dicha oportunidad. Yo era en un principio reacio a ello y sería Juliana quien finalmente tiró del carro para que lo compráramos así que empeñándonos hasta las cejas, accedimos a la compra de ese piso. Hoy pienso que fue una buena idea aunque no sea yo quien lo disfrute.

Continuaré…….

martes, 15 de abril de 2014

SOBRE GEMMA

Hola a tod@s:

El tiempo va pasando. Gemma va creciendo. Atrás quedan muchas anécdotas de ella, muchas vivencias, hechos y cosas que se agolpan en mi mente pero que por ceñirme a unas líneas generales van pasando desapercibidos.

Gemma fue una niña un tanto contradictoria. Recuerdo que en casa era muy difícil sacarle información sobre lo que había hecho en la escuela o con sus amigas, por ello un día me sorprendió que una de las monjas profesoras de ella, me dijese lo encantadora y locuaz que era. Hasta el punto de tener que preguntar a la monja si estábamos hablando de la misma niña, porqué la niña de la que me hablaba, era muy distinta de la que yo conocía en casa.

No fue, por otro lado, una niña muy caprichosa. Aunque cabe decir que si algún capricho tenía, tratábamos de complacerlo, como ocurrió con un muñeco que en víspera de reyes se empeñó en pedir de forma muy insistente.  No me quedo más alternativa que salir a la feria que en Barcelona se pone en la Gran Vía desde después de navidad hasta el día de reyes. Tuve que recorrer un montón de paradas hasta que conseguí el muñeco.

A mi regreso a casa, Gemma se medio despertó y a punto estuvo de descubrirnos poniendo los juguetes en el salón. No puedo decir que no le hiciera ilusión el muñeco, aunque no tardó mucho tiempo en cansarse de él y acabar dentro de un armario.

Otra de sus más sonadas trastadas fue la de esconder la llave de la puerta de acceso al huerto que tenía mi suegro. En esa ocasión reconoció que la había enterrado en la tierra pero al preguntarle donde, con cara inocente y abriendo sus bracitos abarcó toda la extensión del huerto.

No me quedó otra que arrodillarme y empezar a escarbar. Por suerte para mi no tarde en dar con el lugar donde había escondido la llave.

Gemma tampoco fue una niña que de muy pequeña nos diera noches de las llamadas toledanas aunque si es cierto que las clases de natación en la piscina le dieron más de una noche de pesadillas.

Una de las cosas que a su madre y a mi más nos sorprendieron fue la poca disposición que ha tenido para caminar siendo ambos buenos excursionistas. Está claro que en este aspecto los genes han fallado. Y eso me lleva a recordar que en su momento quiso apuntarse al esplay de la escuela a la que iba pero que no la admitieron por cuestiones de edad.

No obstante, queriendo aprovechar al máximo esa predisposición la apuntamos al esplay de la iglesia de Els Josepets en la plaza de Lesseps.  Al poco tiempo de acudir los sábados por la tarde, empezó a decir que no le gustaba, que no lo pasaba ben, que no quería ir, etc.

Esto llegó a preocuparme hasta que un día tras haberla dejado en la puerta del centro donde estaban otros niños y monitores, quise pasar de nuevo por la puerta para comprobar si estaba tan seria y triste como la había dejado, encontrándola corriendo y riendo, Una vez más nos estaba tomando el pelo.  Tras este episodio, hablamos con los monitores que vinieron a corroborar lo que ya sabíamos e intuíamos, que Gemma se lo pasaba de fábula en el splay aunque en las excursiones no era muy dada a caminar.

Si alguna vez, había conseguido medio engañarla para caminar hasta una ermita cercana al pueblo donde residían sus abuelos maternos, pronto me había de arrepentir pues era una letanía del ¿Cuándo llegaremos?  Cuánto falta? O lindezas como yo no camino más, me quedo aquí etc. En ocasiones así había que agudizar mucho el ingenio para conseguir que caminara sin más. 

Capítulo aparte merecería la experiencia con la nieve. La primera vez que fuimos a una estación de esquí e intentamos hacerla bajar una rampa de escasos cien metros de longitud, fue toda una odisea. No había forma de hacerla deslizar, así que optamos por  ponerle una monitora para que al menos nosotros pudiéramos disponer de una hora para poder esquiar.

En mi fuero interno compadecía a la pobre monitora por el “pollo” que le iba a montar, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando media hora más tarde pude comprobar con mis propios ojos como no solo se deslizaba sino que era capaz de tomar un arrastre infantil.

Así que una vez más quedaba demostrado como es capaz de mostrar dos caras, la una rebelde y protestona y la otra totalmente opuesta.

De los años en que gracias a unas ofertas especiales que hacían a los trabajadores de la compañía, los propietarios de los restaurantes de las pistas de Soldeu – El tarter y que pudimos aprovechar guardo buenos recuerdos. Eran cinco días que pasábamos entre el primero de Enero y el día cinco del mismo mes. Recibíamos dos horas de clase y el resto lo pasábamos esquiando, para regresar luego al hotel en Andorra la Vella. Pero quizá de todos el que más me ha quedado grabado fue el de un mediodía que habiendo comido quedaba un rato hasta empezar la clase que en aquella ocasión la teníamos por la tarde. Podíamos bajar una pista fácil que empezaba en el punto más alto de la estación hasta la zona intermedia. Por una vez logré convencer a Gemma para que me acompañara mientras su madre se quedaba descansando.

Subimos a un telesilla, sin más problemas. En otras ocasiones no había sido así e incluso me había hecho caer del telesilla nada más salir, pero como digo en esta ocasión pudimos subir bien. La complicación vendría después cuando al llegar al final del trayecto unos trabajadores de la estación nos avisaron de que no podríamos bajar por la pista elegida ya que debían hacer unas voladuras controladas. Como alternativa teníamos una pista roja, es decir, difícil a lo que Gemma se negó y fue tal el circo que montó que finalmente los trabajadores nos permitieron montar en el telesilla de bajada, algo totalmente insólito, eso sí bajo la condición de que habíamos de saltar antes de llegar a la estación inferior ya que esta no estaba preparada para la bajada de esquiadores. No era un salto muy elevado sobre unos dos metros,  pero tuvieron que ralentizar la silla para que ella saltara. Finalmente llegamos al punto  de encuentro con el tiempo justo después de tamaña odisea.

En otra ocasión Gemma cansada de esquiar se tiró al suelo, para después pedir que fuera donde ella para ayudarla a levantar. Como yo no estaba por la labor de acercarme porque sabía que podía hacerlo perfectamente sola, me mantenía a unos cincuenta metros o quizá un poco más. Pues bien en esa tesitura estábamos cuando ella empezó a gritar y agitar las manos, haciendo que un esquiador que subía en un arrastre pensase que se había caído y se había hecho daño, por lo que se desenganchó de su percha para acudir donde Gemma. Yo me hubiera querido fundir con la nieve ya que al sufrido esquiador le costó tener que volver a hacer cola por solo el capricho de que la ayudaran a levantar, algo que podía hacer perfectamente sola.

En fin, así era ella, una niña que por lo demás nunca nos dio motivos de enojo o de disgustos y que por lo demás siempre fue una buena estudiante y un ejemplo de saber estar y comportarse o al menos así hablaba de ella su abuela con la que pasaba los veranos desde que acababa las clases hasta que se incorporaba en setiembre. Gemma fue un claro punto de apoyo para su abuela, el año en que murió su abuelo ya que con su compañía palió bastante el vacío dejado por este.

Continuare…..

lunes, 14 de abril de 2014

JUANA

Hola a tod@s:

A veces se hace difícil escribir y no por falta de memoria, sino por todo lo contrario.

El jueves pasado supe del fallecimiento de una persona con la que tuve una estrecha relación a lo largo de más de veinticinco años.  Se trata de mi cuñada Juana, la hermana de Julia y de la que no hace tanto tiempo hablaba en una de las entradas.

Juana se ha ido un mes y medio después de que lo hiciera su marido. A primera vista podía parecer una mujer mandona y que metía cucharada en todo. No es cierto.  Tras ese genio, se escondía una mujer volcada en su marido y con un alto sentido de la familia.
Siempre estaba dispuesta a echar una mano a quien lo solicitase e incluso sin esperar a que lo pidieran. Trabajadora infatigable y como se dice en catalán “Pal de paller” palo de pajar significando que era la aglutinadora y el nexo de unión de toda la familia.

La afección renal de su marido que lo llevó a una diálisis cada dos días, y su enfermedad: La esclerodermia, una de esas enfermedades calificadas de raras por el escaso número de personas que la sufren, y que no son estudiadas lo suficiente como para encontrar una terapia que permita su curación, no hicieron mella en ella que continuó aportando fuerza y ejemplo a todos los demás.

Tampoco la falta de hijos hizo que se alterara su carácter.  A ella debo agradecer las veces que hizo de niñera de Gemma, permitiendo que nosotros pudiéramos salir en los momentos en los que la ansiedad me ganaba.  Ya siendo Gemma mayor, hizo lo propio con mis nietos.

Como hermana, supo mediar entre los demás para evitar disputas y, motivos los ha habido a veces y,  con ello evitar que la familia se resintiese.

Como nuera, cuidó y lidió con la madre de su marido, que era, en los tiempos en los que la conocí, una persona de un fuerte carácter, como no podía ser en alguien que tras ver roto su matrimonio, tuvo que sacar adelante dos hijos y ver enterrar a uno de ellos en plena juventud –ahora ha enterrado a su otro hijo- Juana siempre mostró un exquisito trato con ella.

En los últimos meses y aunque ya no tuviese relación directa con ella –no quiero avanzarme  a lo que aún no ha sido explicado- supe de la agravación de su enfermedad que hacía prever una lenta y dolorosa evolución y un fatal desenlace.

Contrariamente, y he de decir que afortunadamente para ella en primer lugar, y para el resto de familia, su evolución se aceleró en los últimos días llevándola a su fallecimiento evitando una larga y temible agonía.

No por ello, su partida ha sido menos sentida. Como decía al principio, reciente el dolor de la muerte de Toni, su marido, y sin tener margen para reponerse, Juana nos ha dejado.
Podría ser poético y decir que la muerte de su marido le causo tal pesar y tristeza que la llevó a precipitar el desenlace en tan poco tiempo. No lo haré y no porque crea que no pueda ser cierta esa posibilidad. No lo haré porque quiero ser aséptico y achacar su muerte al lógico proceso de su enfermedad.

En cualquier caso, lo que tengo muy claro es que habrá un antes y un después de ella. No me toca a mí aventurar acontecimientos y menos cuando ya no me afectan de forma directa, así que me limitaré a ser mudo espectador de lo que acontezca.

Solo me queda decir: Gracias.  Fuiste una gran mujer que serás recordada durante muchos años merecidamente.  Gracias por lo que hiciste por nosotros.

 Descansa en paz.

miércoles, 9 de abril de 2014

EL VIAJE A SEVILLA

Hola a tod@s:

Volví a encontrarme con Francesc Esteller a la vuelta de este de unas vacaciones de verano, había estado también curiosamente en Suiza y Alemania y venía con un proyecto en su mente.

En su viaje había visitado varios parques de atracciones y venía con la idea de construir un gran parque de atracciones en Cataluña. Hablaba de millones como el que habla de céntimos. Al principio yo no le prestaba mayor importancia, pero la cuestión se empezó a poner seria cuando Francesc empezó a ser asesorado por un individuo un tanto oscuro pero con muchos contactos de alto nivel en Barcelona.

Francesc quiso que me involucrara más y más en este sueño. Y un día quiso quedar conmigo y con ese amigo o asesor en una conocida cafetería del paseo de Gracia de Barcelona. A esa reunión no solo acudieron ellos dos, acudió también una mujer, muy atractiva por cierto, que me fue presentada como secretaria del amigo de Francesc, pero que me dio toda la impresión de que tenía poco de secretaria.

Me tantearon, escucharon mis opiniones sobre ese proyecto, y me ofrecieron que trabajase para este asesor. Dispondría de un despacho de personas trabajando bajo mis órdenes, etc. Para acabar de convencerme y con el pretexto de tener que asistir a una reunión, Francesc y su asesor o socio, me dejaron a solas con la mujer, no sin avisarnos de que lo que pudiéramos consumir estaba pagado por adelantado.

La reunión con ella duró poco más. Yo vi muy claramente por donde iba a discurrir y sinceramente yo no estaba por la labor. Me alejé del proyecto, de Francesc y de su asesor.
Pocos días después los diarios empezaron a hablar de un macroproyecto de parque de atracciones en Cataluña. Se estaba fraguando la instalación de Port Aventura.

Aun volvía a saber de Francesc unos meses después. Se había separado, había sido traicionado por su amigo, socio, asesor, que ya trabajaba en el proyecto de Port Aventura y él se quedó sin proyecto, y casi sin nada. Yo no puedo aseverar que todo lo tratado tuviera a ver con Port Aventura, pero parece muy extraño que ambas cosas se produjeran al mismo tiempo.

De hecho aún faltaban unos cuanto años para que se inaugurase el parque temático.

A primeros de los años noventa, yo me trasladé a trabajar a la central de la compañía en la Vía Augusta de Barcelona. Allí estreché más mi amistad con un compañero que ya había conocido en la oficina de la rambla de Cataluña cuando empecé a trabajar. Se llamaba y de hecho se llama porque que aún vive, Emilio Elías. Emilio era un Director caído en desgracia por no querer avenirse a trabajar por las tardes. No lo despidieron, pero cuando yo entré estaba atendiendo el teléfono y tomando partes de accidentes. Poco tiempo después pasó a la central, tras haber claudicado a cambio de que a su hermano que trabajaba en la editorial Bruguera y que se había quedado sin trabajo, fuera admitido a trabajar en la compañía como comercial en Málaga.

En el año noventa y uno, Emilio fue trasladado en calidad de Director a la oficina de Sevilla y eso facilitó que fuéramos invitados a visitar Sevilla y la Exposición Universal, pernoctando en su casa.

A esa invitación se sumó sin haber sido invitada una compañera que había enviudado hacía relativamente poco tiempo y que veía en Emilio la posibilidad de rehacer su vida, si bien él que estaba divorciado, se sentía muy bien viviendo solo, tal y como pudimos constatar. Emilio se movía como pez en el agua por la vida nocturna de Sevilla y no pasaba por su mente el volver a iniciar una nueva relación.

Nuestro viaje a Sevilla lo hicimos en el coche, pernoctando una noche en Madrid, otras dos noches en Toledo para ir a Sevilla donde estuvimos cuatro días, tres de ellos visitando la >Expo y aprovechando esa estancia para escapar a Huelva y Riotinto, donde pude constatar que ya no quedaba nada del pueblo antiguo donde se había dedicado una calle trasera a la que daban los patios traseros de las casas a mi abuelo, aquel que había salvado un puñado de hombres, perdiendo su vida al intentar salvar más.
Si pude ver el nicho de mi abuelo, ya que el cementerio no había sido engullido por la mina, y supe que alguien, aunque no me supieron dar razón,  cuidaba y pagaba el alquiler de ese nicho.

También pudimos visitar Granada donde pernoctamos una noche y Córdoba, para volver ya de una tirada a Barcelona.

Fue este un viaje muy bonito, quizá demasiado cargado de historia y cosas por ver , pero un viaje al fin de esos que recuerdas con cariño.

Con Emilio seguí manteniendo el contacto hasta que fue trasladado a Málaga donde poco a poco fui perdiendo el contacto hasta que este se hizo inexistente.

Aunque es muy improbable que Emilio pueda leer esta entrada, y aunque ya se lo agradeciera estando allí con él, me parece que no está demás, de forma pública darle las gracias por abrirnos las puertas de su casa, por compartir mesa y ser un magnífico anfitrión en las noches Sevillanas.

Poco después de realizar este viaje, recibí una llamada de teléfono. Era mi prima Nuria que había ido moviéndose hasta localizarme para comunicarme que mi abuela Rafaela había muerto y que quería conocerme, pues solo había oído hablar de mí a su padre quien también quería volverme a ver pues era la única familia que le quedaba.

Accedí a visitarlos. Me reencontré una tarde con mis tíos que habían regresado a España una vez jubilados, donde habían adquirido un piso en Santa Coloma de Gramanet. No se cuantos años debían haber pasado desde que viera a mis tíos por última vez, pero debían ser muchos ya que yo recordaba a un hombre de mediana edad y me encontraba con un hombre ya mayor, calvo y envejecido. Conocí por fin a mi prima Nuria que ya estaba casada y tenía una niña pequeña. A mi prima Ana Mari no la vi en esta ocasión. Supe después que estaba solida conmigo por no haber mantenido el contacto con mi abuela.

Lo que ella no sabía, ni creo que sepa, es que si yo no mantuve ese contacto era porque tampoco me sentía unido a alguien que había recomendado a mi madre que se deshiciera de mí y que en vida tampoco se había prodigado por mostrar ningún afecto hacia mí o mi familia.

Lo cierto es que mi tío lo que quería en aquella ocasión, al margen de volverme a ver y saludarme, era contar con mi firma para poder hacerse cargo de la titularidad del nicho donde se había enterrado a mi abuela y que le era precisa como heredero de su hermano, mi padre, ya fallecido. No tenía ningún motivo para negarle aquella firma, así que firme el documento que me presentó sin más.

También me hizo entrega de un sobre con algo de dinero que al parecer mi abuela había recogido y me había dejado en herencia. La suma recibida, me permitió comprarme una bicicleta en el Pryca y poca cosa más, así que es fácil deducir que la cantidad legada fue únicamente simbólica.

Continuaré………….

lunes, 7 de abril de 2014

EL VIAJE A SUIZA

Hola a tod@s:

Si el viaje a Paris no fue lo que podríamos decir idílico, el viaje a Suiza parecía ser por adelantado mucho mejor, más organizado, con más días, etc.
La realidad, no obstante, fue bien distinta. La limitación de la velocidad de un vehículo tirando de una caravana, era muy reducida y aun saliendo muy temprano por la mañana, acabamos llegando a Suiza bien entrada la tarde.

Pronto descubriríamos que los campings, en Ginebra estaban llenos y no nos quedó otra alternativa que desplazarnos hasta Nyon  donde encontramos un camping que nos admitió la caravana.

El primer hecho singular fue constatar como nuestros amigos se empeñaban en hablar al personal del camping en Catalán pretendiendo ser entendidos mientras, en este caso yo porque Juliana no sabe francés, me esforzaba por hacerme entender en ese idioma.

En Nyon estuvimos un par de noches, lo que nos dio opción de pasear un poco por el propio Nyon y Ginebra. También nos desplazamos a Lausanne aunque esos desplazamientos eran más bien paseos en coche por lo que ver, lo que se dice ver vimos poco.

De Nyon nos trasladamos a Lucerna. Allí pudimos ver la garganta del rio Aar o como ellos lo denominas Aareslucht. Una excursión realmente bonita. Lucerna también nos sorprendió muy gratamente, sobre todo su puente de madera que años después quedo semidestruido por un incendio.

Nuevamente en esa ubicación nos volvimos a ver sorprendidos por la actitud de nuestros amigos que pillaron un rebote descomunal porque el tiempo no era favorable y no había consenso en lo que podíamos o no ver. Tampoco en lo que se correspondía a la gastronomía lo hubo y nosotros o al menos yo que me apetecía cenar una fondue de queso, me quede con las ganas.

Para mí suiza fue un país al que me gustaría volver pero yendo a mi aire y sin ataduras a terceros.

Aún con todo pudimos ver bastantes cosas. Llegamos hasta la zona donde presumiblemente discurría la vida de Heidi, hicimos una excursión por el lago de los cuatro cantones que incluyó una subida a un pico combinando teleférico y de bajada un cremallera que decían ostentaba el record de ser el que contaba con la mayor pendiente del mundo.
De lucerna, pasamos a Zermatt. Otro lugar en el que me hubiera gustado acercarme mucho más al Cervino o Matterhorn, dependiendo de que se vea desde la vertiente italiana o propiamente suiza. El tiempo de nuevo no hizo justicia y no pudimos hacer más excursiones.

Por último de zermatt, pasamos a Francia y nos dirigimos a Chamonix, donde permanecimos un par de noches. Allá nos despedimos de nuestros amigos que decidiern permanecer algún día más mientras nosotros preferimos gastar un poco más de dinero y subir a l’aguille du midi y contemplar el Montblanc a permanecer un par de días más.
La verdad, es que ya estábamos un poco hartos de ellos y  nos despedimos tras visitar conjuntamente Le mer de glace, una vivienda tallada en el hielo de un glaciar que cada año se rehace por primavera y se abandona pasado el verano. Al año siguiente se construye  de nuevo ya que el glaciar tiene movimiento y se desplaza.

Aquella fueron las primeras y últimas vacaciones conjuntas que hicimos con estos “amigos” con los que ya no mantendríamos más contacto y las últimas que haríamos conjuntas con nadie.

A partir de entonces nuestras vacaciones, ya fueran Tenerife, Asturias, o Mallorca las hicimos nosotros solos.

Procuramos en los años siguientes no dejar de hacer salidas vacacionales aún cuando, como pasó con el viaje de Tenerife, Juliana dejó de trabajar en el horno tras no pocas elucubraciones y ver pros y contras y sobretodo saber si con mi sueldo podíamos mantenernos los tres.

Todo fue a consecuencia del deterior del clima de trabajo en el horno. La dueña de este establecimiento empezó a creer, a sospechar que sus hermanos y el personal del horno se habían conchabado con el objetivo de hacerle perder el horno. Todo eran sospechas y llamadas a horas intempestivas. Así que tratando de salvaguardar la salud de Juliana decidimos que dejara el trabajo. No se comportaron legalmente y al final tuvimos que recurrir a un colectivo laboralista que entonces empezaba a ser conocido, para conseguir que tuviera una indemnización, no el paro porque su baja fue voluntaria.  No obstante, la escasa indemnización y el coste de los abogados diluyeron bastante el capital que cobró.
Recién acabado este proceso, tomamos vacaciones y fuimos a Tenerife y he de decir que fueron unas de las vacaciones de las que guardo mejore recuerdo.

Lo cierto es que nosotros no tuvimos amigos. Cuando Juliana y yo nos casamos, dejamos la agrupación de boyscouts y no fue una salida muy bien acogida por la gente de esa agrupación.  El hecho de que una integrante acabara siendo pareja de un monitor aunque fuera pasando por la vicaría, no fue del agrado de muchos que, hay que decirlo, tenían sus ojos puestos en ella.

Así que se cortaron los lazos con esa agrupación. Por otro lado las primas de ella se fueron casando o hacían su propia vida y Juliana tampoco estuvo mucho por la labor de conservar los contactos. Yo no aportaba más amigos que los del instituto americano y al dejar las excursiones tras mi vuelta del servicio, de todas las personas con las que me relacionaba, solo quedaron Josep María y Victorina y ya expliqué en mi anterior entrada que cuando ellos se trasladaron a vivir a otro domicilio y empezaron sus disputas, aunque nosotros lo ignorábamos, también se perdió el contacto.

Cuando yo aún daba clases de Inglés, un día casualmente me encontré con mi antiguo amigo Francesc Esteller. Fue un encuentro emotivo que dio paso a que él y su mujer nos encontráramos en su casa. Por aquel entonces vivía en Barberá del Valles y como es fácil de entender, después de unos cuantos años sin vernos teníamos un montón de cosas que explicarnos.

La última vez que nos habíamos visto, yo aún salía con Teresa y Francesc ya se había emparejado con la que después sería su mujer. Teresa y ella, no congeniaron desde el primer momento y aquella salida que hicimos conjunta, no dio lugar a una continuidad y por ese motivo nos distanciamos y perdimos el contacto hasta después de muchos años.
Tampoco en esta ocasión la fortuna nos sonrió. Ahora no recuerdo bien, si fue Juliana o yo, pero la cena sentó fatal a uno de los dos y tuvimos que marchar de forma más o menos precipitada, así que lo que prometía ser una grata velada, se quedó en un quiero y no puedo y nos dio pocas posibilidades de ponernos al día. Aun con todo nos emplazamos para una nueva visita, aunque esta se demoraría unos años más y cuando la hicimos fue para algo bastante rocambolesco.

Francesc, quiso que le diera clases de inglés a él, su hermana y su cuñado ya que tenían que hacer un viaje que tenía que ser importante y como se verá en la próxima entrada resultó ser de lo más extraño.

Al menos en esa ocasión nuestros encuentros duraron un par o tres de meses aunque decididamente el destino no tenía previsto que esa amistad perdurase por mucho más tiempo.

Continuaré……….

miércoles, 2 de abril de 2014

CAMBIOS

Hola a tod@s:

Un año después del nacimiento de Gemma y cuando todo parecía haber adquirido un tinte de normalidad y tranquilidad tanto en el ámbito familiar como laboral, recordemos que trabajaba en una aseguradora del grupo Rumasa, un Holding que en aquel momento representaba seguridad y solidez.  Recuerdo que se hacían comentarios del tipo: Antes de que Rumasa se hundiera, se hundiría la economía del país.

Pues bien el 23 de febrero de 1.983, el gobierno socialista de Felipe González firmaba  el decreto de expropiación del grupo RUMASA, abriendo una situación de incerteza sobre lo que sería nuestro futuro.
Tras múltiples procesos, Minerva fue adquirida por la compañía CASER. Yo mantendría mi puesto de trabajo hasta que un día nuestra vecina de escalera, Rosa Cerezo, que curiosamente también trabajaba en una compañía de seguros que tiempo después fue declarada en quiebra, me pasó un anuncio que había salido en La Vanguardia en el que se solicitaba un tramitador de siniestros.

La verdad es que tras recibirlo me mostré un tanto reacio a efectuar más cambios. La verdad es que me daba miedo efectuar un cambio, tener que pasar un periodo de prueba donde cabía la posibilidad de que después me dijeran que no interesaba y me encontrase en la calle sin ingresos para sacar adelante mi familia.
Pero por otro lado, sabía que si declinaba esa posibilidad, siempre me quedaría la incerteza de lo que podría haber sido y que por no haberme movido habría perdido. Así que finalmente escribí a la dirección de correo que figuraba en el anuncio y remití mi currículo y me olvidé del tema.

Pasados unos veinte días, recibí una llamada de teléfono en la que se me citaba para pasar una entrevista personal. Esta fue la primera de tres entrevistas que tuve antes de que fuera admitido en la nueva compañía Commercial Unión, una compañía inglesa y de buena solvencia. Las condiciones económicas eran buenas aunque debía pasar una periodo de prueba de seis meses tras los cuales quedaría fijo en la empresa.
Durante unas dos semanas, las mismas que duraba el periodo que debía dar a mi anterior compañía antes de dejarla, iba por las tardes a aprender el uso de los terminales de ordenador, algo para mí totalmente novedoso. Estábamos a primeros de Marzo de 1.985

En junio del año anterior había terminado mi vinculación con la escuela en la que daba las clases de Inglés y fue de una forma bastante violenta. En los últimos meses de aquel curso hubo algún niño cuyo comportamiento llegó a exasperarme tanto que le pedí hablar con sus padres a los que manifesté que estaba dispuesto a abonarles el importe que faltase por amortizar del curso de su hijo, pero que no lo quería ver más en mis clases debido a su mala conducta.

La asociación de padres inició una encuesta a mis espaldas para saber el nivel de aceptación que tenían mis clases. Fue una alumna quien me puso en preaviso al preguntarme si me iban a despedir,  Habiendo hablado con representantes de la APA admitieron esa encuesta si bien me anunciaron que el resultado de la encuesta era abiertamente favorable para mi, pero el mal ya estaba hecho. Yo ya no tenía confianza en ellos y decidí que al acabar el curso ya no iba a continuar en el curso siguiente.

Eso fue algo positivo para mí ya que en la nueva compañía el horario de trabajo era de mañana y tarde y no hubiera sido compatible con dichas clases.

Yo entré en mi nuevo lugar de trabajo muy contento pues sin tener obligación a hacerlo me pagaron por los días en que fui por las tardes así que yo entré con muy buen pie aunque sin entender porque había gente que se quejaba de la compañía.

Otra novedad que tuve que asumir fue el no poder ir a comer a casa. Así que empecé a frecuentar los restaurantes de la zona junto con otros compañeros de trabajo.

Tampoco podría ir a recoger a Gemma que ya había dejado la guardería para pasar a la escuela, un centro religioso subvencionado muy cercano a nuestro domicilio. La elección del centro fue más por entender que iba a tener una educación más como explicarlo, más estricta que en un centro público, además no se trataba de un centro para niñas, sino de un colegio de religiosas pero mixto.

Paralelamente Juliana seguía trabajando en la panadería y en el verano de 1.987 se planteó la posibilidad de viajar a Suiza junto con un matrimonio que tenían una carnicería contigua al horno donde trabajaba ella. Esta pareja tenía una caravana y la idea era viajar con la caravana ellos y una tienda que nos prestaría Victorina nosotros.

Yo ya era trabajador fijo de la compañía y habíamos cambiado de coche aprovechando una oferta de colaboración de un concesionario de Seat con Commercial Union, así que habíamos cambiado el Dyane 6 por un Seat Ronda, una edición llamada System Porsche.  Es fácil imaginar que la diferencia era abismal.
Antes de marchar de vacaciones con esta pareja hicimos un par de salidas, una cerca del pedraforca y otra a una casa que tenían cera del pueblo de Moiá. Todo parecía correcto así que fuimos acordando fechas, intendencia etc.

Haré aquí un inciso para hablar de Victorina y Josep María. No puedo ser preciso con las fechas en cuanto a ellos. Una vez vuelto del servicio militar, Josep María que lo hizo seis meses después que yo ya que también por calendario se había incorporado más tarde que yo, ambas parejas nos solíamos reunir en viernes o sábados de no pocos fines de semana e incluso hicimos unas vacaciones de verano juntos al Pirineo. Cuando ellos optaron por la compra de un nuevo piso y se trasladaron bastante lejos de donde vivíamos la relación se fue enfriando  y no sabíamos de ellos mucho.

Si supimos que Victorina quedó embarazada  de su segundo hijo, una niña y que Josep María obtuvo su título de ATS y empezó a trabajar en la residencia del Valle de Hebrón, lo que suponía hacer horarios discontinuos incluso nocturnos y en festivos.

Por eso nos sorprendió conocer el anuncio de Victorina, tiempo después de que se separaban. Nosotros solo tuvimos la información que nos facilitó ella ya que a él no lo vimos más ni tuvimos ya ningún tipo de contacto.

Según contó pues Victorina, él había intimado con una compañera del hospital. Descubierta la infidelidad, intentaron arreglar su situación y ella pensó que tal vez la llegada de un nuevo hijo lo frenaría a él, pero la realidad fue totalmente distinta. Él se fue de casa y ella se quedó con las dos criaturas. Por suerte ella tenía un buen empleo y él me consta por lo que fuimos hablando que cumplió con sus compromisos.

Poco a poco fuimos perdiendo el contacto hasta que este se volvió inexistente y sería bastantes años después que la volví a encontrar. Había rehecho su vida con otro hombre también separado y con un hijo, si bien las circunstancias en las que nos vimos y de las que tendré ocasión de hablar más tarde no permitieron que retomáramos la relación que habíamos tenido.


Hoy en día esta relación, sencillamente no existe.

Continuaré