martes, 18 de febrero de 2014

Poco a poco voy creciendo

Hola a tod@s:

Ayer acabé mencionando una serie de oficios que prometí ampliar hoy. Ciertamente había ocupaciones que hoy en día no cabrían en la cabeza de nadie. Los vigilantes, eran hombres que paseaban o patrullaban las calles vigilando que no hubieran robos o que algún comerciante se hubiera dejado las luces abiertas o las persianas sin echar. Aún me parece recordar el sonido de los chuzos, unos bastones acabados en un punzón que portaban los vigilantes y que golpeaban en las paredes de las calles avisando de su proximidad.  Para mi era un sonido que me daba seguridad.

El complemento de estos vigilantes eran los serenos que tenían las llaves de todos los portales de la zona que patrullaban, En el supuesto de que alguien hubiera perdido las llaves solo tenía que dar varias palmadas y gritar serenoooo y al poco aparecía este señor que si te conocía te abría el portal y si no te hacía identificar.

Estos dos oficios eran voluntarios, no percibían más sueldo que las aportaciones que les daban los vecinos y comerciantes de sus respectivas zonas.

Hoy en día es inimaginable este servicio, les robarían las llaves a la primera de cambio.

Pero tal vez sorprenderá lo de los portales. Veréis  los portales de las escaleras se cerraban con llave a partir de las diez de la noche y la luz de la escalera se desconectaba, así que si alguien llegaba más tarde de las diez debía subir a oscuras o con la ayuda de alguna linterna. Hay que recordar que en esos años no habían porteros automáticos, habían porteros de carne y hueso que acababan su jornada laboral a las diez de la noche y la empezaban a las seis de la mañana. Pero si por casualidad se veía una escalera con luz pasadas las diez de la noche significaba que alguien había muerto en aquella escalera..

Tampoco hoy hay faroleros, carboneros, lecheros o vaqueros. Hoy ya no se ven vaquerías, verdaderos establos urbanos de veinte o más vacas anexos a un local donde se vendía la leche a granel y donde los xlientes acudían con lecheras de aluminio o plástico a un mostrador en el que había una serie de recipientes de distintas medidas para vender la leche.

También se han perdido las carbonerías o las traperías  donde se vendía carbón, astillas de madera o donde se compraba, en el segundo caso, papel, botellas de cava, trapos etc. Pasaron ya a la historia los caballos que comiendo de un saco colgado de su cabeza y  tirando de una especie de carro donde los barrenderos tiraban lo que habían recogido circulaban por las calles de la ciudad.

Pasaron al recuerdo las bodegas donde se dispensaba el hielo a bloques para las neveras de las casas, o las tiendas de aceites y jabones donde se vendía el aceite a granel al igual que el jabón de escamas o en polvo.

Entrañable era ver los días cercanos a la Navidad como los guardias urbanos atesoraban toda suerte de regalos de repartidores y transportistas, en los cruces que regulaban y que luego repartían entre todos los urbanos de la ciudad,

Y hablando de Navidad, en mi casa la navidad empezaba el día 8 de diciembre día de la Purísima, el santo de mi abuela y el día en que se ponía el nacimiento, un nacimiento de figuritas de barro cocido que yo conservo aunque ya muy diezmado. Mi abuela como la mayoría era una hormiga y a lo largo del año o de los meses previos a Diciembre iba comprando una lata de aceitunas rellenas o unos calamares en su tinta, cosas que hoy para nosotros resultan cotidianas y que podemos comer en cualquier momento, eran para nosotros una verdadera delicatessen, las comidas de esos días se componían de un plato de entremeses, fiambres una o dos lonchas de chorizo, fuet el año bueno incluso jamón salado, aceitunas, chipirones en su tinta cosas así, luego sopa hecha con tapioca que solo se comía el día de Navidad y San Esteban y pollo, otro manjar que estaba reservado para esas fiestas, hoy lo comemos casi a diario. Y de postre turrones.

no eran comidas copiosas pero eran entrañables, se cantaban villancicos, se recordaban viejas anécdotas que iban calando y aquí tenéis la prueba, y así se pasaban las fiestas. En casa había una maceta con cemento y un palo dentro que tenía muchos agujeros y mi abuela compraba una rama grande de abeto en el mercado de navidad de la sagrada familia y con las ramitas pequeñas iba montando un árbol de navidad.

Reyes era una fiesta muy esperada por mí obviamente y es ahora cuando reparo que los mayores no tenían casi regalos y que yo era el mas afortunado y aunque mis regalos no fueran como los de mis amigos de la escuela a mi me daba lo mismo. Cada año tenía además los dulces, equivalentes a las chuches de ahora bajo formas de monedas de oro y plata que escondían una chocolatina o figuritas de mazapán.

Casi puedo escuchar los sonidos de las navidades, el sorteo de la lotería, el trasiego en la cocina preparando los platos y el cava que cada año traía mi tío Pepe.

Todo aquello se ha ido perdiendo, se fueron las personas, se perdieron casi todas las tradiciones y las especiales ilusiones de esos día y eso que no me puedo quejar pues aún los que me preceden hija, yerno y nietos conservan algo de esas cosas.

Bueno mañana volveré a hablar un poco más de mí.


No hay comentarios:

Publicar un comentario