Hola a tod@s:
Otro aspecto que caracterizaba la vida en mi familia eran los tabúes. Todo estaba prohibido, no se podía hablar de si mi madre tenía o no la regla, era como algo sucio, que se tenía que esconder aunque yo veía lavar a mi abuela los paños que a modo de compresas utilizaba mi madre. Así que yo veía sangre pero no sabía de que era y porque pasaba. Un día que yo había pillado que mi madre tenia la regla, aprovechando que la puerta de la calle estaba abierta y mi madre y abuela despidiéndose de doña Olga la vecina de enfrente yo solté así, de sopetón: Mi mama tiene la regla. Resultado bronca descomunal. Era muy niño? tal vez, Pero no era el único tabú. Si alguien acudía al dentista, era también escondido.
De ahí mi terror al dentista, para mi era un señor que arrancaba, ojo al término, no es lo mismo arrancar que extraer. Pues eso, arrancaba una muela, te dejaba una hinchazón considerable y además hacía escupir sangre durante horas, bastantes horas. De ahí pues el terror, De eso y por extraerme o arrancarme un trozo de un diente de leche sin anestesiar argumentando que como esos dientes no tienen raíz no duelen.
Tampoco se hablaba de política, ni de Franco aunque eso ya lo entendí después. Pero todo eran avisos. Esto no lo repitas o los niños, ver, oir y callar, Así fue que un día volví a casa llorando y desolado porque le había dicho a un niño en la escuela que la moneda de suiza era el franco y pensaba que por eso iban, que se yo casi a matar a mi padre.
La desnudez era otra cosa impensable de ver. Hoy es habitual en los gimnasios - he ido a varios centros deportivos - hasta alguno que se las da de cierto elitismo, en los que he podido ver como lo más normal y lo comparto, padres que visten y desvisten a sus hijos o hijas en un vestuario donde todos los hombres nos cambiamos de ropa y donde la mayoría mostramos nuestros cuerpos sin dar mayor importancia, y en los de las mujeres, por referencias, obviamente pasa lo mismo. Pues cuando era un niño o no tan niño, ver a nadie de mi familia, no ya desnudo, sino en ropa interior era impensable aunque se trataran de personas del mismo sexo.
Otra cuestión que aún hoy se mantiene en general, aunque no tanto era el nombrar los órganos sexuales de las mas variopintas formas pero nunca por su verdadero nombre. Impensable decir pene o vagina. Así crecíamos de tal forma que cuando aprendíamos a utilizar el diccionario nos pasábamos horas buscando palabras, palabritas y palabrotas.
Si lo anterior estaba vetado, la educación sexual era una utopía. Nadie te decía o te explicaba nada y lo acababas aprendiendo mal y de oídas.
Yo entiendo comparto y aún hoy me parece correcto que se avise a niños y niñas que no se acepten regalos de desconocidos, que no se dejen acariciar o besar por personas que no sean de la familia y aún así que sea por motivo justificado, pero entonces las cosas llegaban hasta el extremo de no poder siquiera un niño coger la mano a una niña so pena de ser reñido y avergonzado por los mayores.
Se vivía en una sociedad encorsetada por el gobierno y por la iglesia. No hace tantos años, no hablo de hace dos siglos, estoy hablando de finales de los años sesenta. Mientras París vivía su Mayo del 68, en España durante la semana santa solo se escuchaba música sacra por las emisoras de radio. Mi abuela no me dejaba silbar, los santos en las iglesias estaban cubiertos por ropajes morados y en los cines solo se proyectaban películas sobre la biblia o sobre la vida de Jesús. Los bailes estaban cerrados y lo habitual era ir a rezar o a visitar monumentos que no era otra cosa que visitar iglesias.
El ayuno en la cuaresma era algo impuesto y aún hoy recuerdo, como ya casado, mi suegra, cocinaba bacalao en viernes santo y como intentábamos que se olvidara y el disgusto que se llevaba como eso ocurriera.
Las mujeres, y esto duró hasta más de la mitad de los años setenta no podían obtener el pasaporte sin la autorización del padre o del marido y debían, para obtener el permiso de conducir, haber hecho el servicio social, algo así como el servicio militar de los hombres.
El uso de la mantilla en las iglesias era de obligado cumplimiento y el luto era norma social. En las grandes ciudades se observaba menos pero aún y así era usual ver a hombres con brazaletes negros y a mujeres todas vestidas de negro que enlazaban un luto con otro porque siempre había quien se moría durante el luto de alguien anterior. En los medios rurales esta costumbre era aún muchísimo más arraigada y se observaba hasta el punto de que una mujer no se podía casar si debía llevar luto por un familiar próximo y así se daban casos de parejas que debían posponer su boda durante algunos años por este motivo.
En mi escalera había varias viudas lógico tras haber sufrido una guerra civil, y había también quien utilizaba sus casas para ciertos menesteres poco confesables, Nadie lo pregonaba pero era un secreto a voces que la vecina de abajo en algunas ocasiones y la de enfrente de dos pisos más abajo, esta siempre que podía, cedía alguna habitación para que un señor y una señora retozaran por un rato a cambio de dinero claro está. Y esto pasaba en el eixample de Barcelona, lo que nos da idea de que el negocio de la jodienda, le pese a quien le pese no ha tenido, ni tiene, ni tendrá enmienda.
Eso sí, cuidado niño con decir nada de esto a nadie eh? A ver si vamos a tener un disgusto, y joselín que así me llamaban en casa, no decía ni mu.
En los tranvias había carteles prohibiendo escupir, eso me parece correctísimo, porque era algo de lo más corriente que los hombres escupieran en cualquier lugar y así si hoy se ven mierdas de perro antes eran más habituales los ecupitajos de todos los tamaños y colores, pero también se prohibía la blasfemia y la palabra soez.
Otro ámbito en el que se notaba la falta de libertad y los tabúes, era en el cine. Y eso me viene bien para explicar que teniendo siete u ocho años, mi abuela me llevó por primera vez al cine. Fue al cine Versalles, ese era un cine de barrio que estaba en la calle Mallorca esquina a Castillejos. En ese cine hacían dos sesiones de tarde con dos películas y varietés. Explico, El cine tenía un escenario que la pantalla dividía en dos. Bajo la parte exterior de ese escenario había un foso en el que se ubicaba una orquesta y una vez acabada la segunda película, se corrían unas cortinas, los músicos tomaban posiciones y se recogía la pantalla. Acabado este proceso, se descorrían las cortinas y actuaban, ahora una bailarina de flamenco, ahora un rapsoda, la misma bailarina pero ahora con ritmos más actuales y siempre insinuando más que enseñando o un mago etc. acabados los varietés se iniciaba la segunda sesión. Fueron tantas las veces que fuí a ese cine que podría levantar ahora mismo el plano. El vestíbulo en la esquina tenía en su lado derecho la taquilla y en el lado izquierdo el acceso que estaba cerrado por una cortina tupida de terciopelo rojo y cuando empezaba la sesión por dos puertas también de color rojo con unas ventanas redondas como si fuera un camarote.
El patio de butacas estaba dividido en tres cuerpos, Un cuerpo central y dos laterales en diagonal al cuerpo central de forma que en la primer fila de los laterales habría tres o cuatro asientos que se iban incrementando según subían las filas. Al fondo como he dicho el foso para la orquesta, y a la derecha el acceso a los lavabos y el bar también cerrado por dos puertas rojas con ventanas redondas. Para acceder a los lavabos y al Bar se habían de subir unas escaleras. El bar era un recinto lleno de humo y de hombres. Las mujeres se dejaban ver poco allí y siempre iban acompañadas de un hombre salvo que fueran al lavabo en cuyo caso iban de dos en dos o más.
Para acceder a los asientos debías dejarte acompañar por un acomodador que a su vez vigilaba que en las filas de "los mancos" las parejas no se propasasen. En ese cine las parejas se sentaban en los laterales, y era habitual que el acomodador los enfocase con las linternas a la que sospechase que habían tocamientos impuros o besos demasiado apasionados y si era así se expulsaba a la pareja del cine.
Como al principio iba con mi abuela, no había más advertencia que si había de ir al lavabo, además en ese caso mi abuela me acompañaba hasta la puerta. a medida que me fui haciendo más mayor el acompañamiento cesó y cuando tuve edad de ir solo o con amigos al cine, las advertencias eran del tipo si alguien te pone la mano en la pierna gritas bien fuerte llamando al acomodador, o a este o aquel cine no debes ir nunca. Tal era el caso del cine Lido en la parte de abajo del Paseo de San Juan justo pasada la Gran Vía, el Cine Arenas aunque estaba muy lejos de casa, o el Avenida de la Luz, todos ellos con fama de demasiada permisividad o frecuentados por homosexuales. Esto no me lo decían pero daba igual, no se podía ir y punto fin.
De las veces que íbamos al cine, algunas al salir íbamos hasta la travesía de arriba donde había una churrería y me compraban una microbolsa de patatas fritas pero a mi ya me valía, porque como no eran todas las veces, siempre tenías el aliciente de de pensar si esa vez sería agraciado.
Lo que ya no recuerdo son las películas que veíamos será porque no les prestaba demasiada atención o porque simplemente eran malas con ganas
Continuaré
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