sábado, 29 de marzo de 2014

APRENDIENDO

Hola a tod@s:

Los primeros días de la nueva situación de padres fueron complicados. Nadie te enseña que se debe hacer o que no se debe hacer. Eso sí consejos te dan muchos, pero solo el día a día, el instinto o la intuición son los que te guían.

Los tres primeros días de estancia en casa fueron difíciles, Gemma resultó en esos días muy llorona por las noches y la falta de sueño era acusada por todos. Poco a poco todos nos fuimos acostumbrando a la nueva situación que además coincidió con una ola de calor excepcional para la época del año en la que nos encontrábamos y con una serie de incendios en el macizo del Garraf que provocaron una verdadera lluvia de cenizas.

Apenas cumplido un mes de vida, Juliana con su madre y la niña se trasladaron a Castillonroy y aunque no es que fuera la mejor opción, sí que era la más práctica ya que en casa no había sitio para todos y es cierto que en esos primeros días, la experiencia y la ayuda de la madre para la nueva madre y la niña es muy conveniente
.
Quien no vio a la niña fue mi abuela que ya había sido trasladada al centro de cuidados paliativos en Sant Boi. Para cuando fui a darle la noticia del nacimiento y le enseñe las fotografías que tenía, su mirada y su mente estaban ausentes,  y no estoy muy seguro de que llegara a ser consciente de su nuevo grado de bisabuela. Mi abuela murió justo tres meses después del nacimiento de Gemma y no llegó a verla en persona.

Algo en lo que también tuvimos especial cuidado y en lo que no regateamos esfuerzos fue la elección de una guardería donde llevar a la niña ya que Juliana no iba a dejar su trabajo. La primera opción fue una guardería ubicada en la calle Verdi, donde Gemma estuvo yendo los primeros meses para cambiar después a otra guardería que estaba situada en la Avenida República Argentina. En esta guardería permaneció hasta la edad mínima de acceso a la escuela.

Cada mañana, era yo el encargad de despertarla, darle el biberón, cambiarle los pañales y ponerla presentable. Luego la llevaba a la guardería con el coche, la dejaba y aparcaba el coche cerca de la estación del metro de Lesseps. Cuando salía de trabajar a las tres, deshacía el camino, recogía a mi hija y volvíamos a casa donde ya nos esperaba juliana.

A Juliana me consta que le costaba tener que ir a trabajar pensando que nuestra hija se quedaba en la guardería, pero no era menos duro para mí tener que despertarla y después entregarla a las cuidadoras.
Gemma dio problemas a poco de nacer con una intolerancia a las leches normales debiendo tener que darle una leche especial. A esto se juntó una infección de Candidiasis que hizo que su peso disminuyera y que nos preocupáramos

Ocurrió otro tanto con una prueba que obligadamente se realiza a todos los bebés para descartar el síndrome de down.  Consiste en un pinchazo en el talón, Cuando nos informaron de la prueba nos dijeron que si la misma resultaba correcta recibiríamos los resultados en un plazo estimado de dos a tres meses, pero que si se detectaba alguna anomalía se pondrían en contacto con nosotros antes de dicho plazo, así que podéis imaginar el vuelco que nos dio el corazón cuando a los pocos días de haber vuelto a casa nos encontramos en el buzón un sobre del laboratorio indicándonos que la prueba no se había podido realizar bien y que teníamos que recoger una nueva muestra de sangre para lo que nos aportaban una aguja con la que teníamos que pinchar a nuestra hija.

No tuvimos valor de hacerlo y nos desplazamos  a la consulta de la pediatra para comentarle el caso y fue ella quien nos dijo que debíamos olvidarnos del tema, que a Gemma se la veía sin ningún tipo de síntoma que pudiera hacer pensar que tenía esa anomalía de los cromosomas.

Pero el susto ya lo teníamos, igual que el que tuve un día cuando de regreso de la guardería llevando a mi hija en brazos, tropecé y caí hacia delante. Tuve la mente fría como para vencer la tendencia natural de poner las manos para parar la caída y no solté a Gemma protegiendo de esta forma  su cuerpo aunque con ello me despellejara las manos. El llanto a ella le duró menos de dos minutos. Al llegar a casa corrimos a desnudarla para ver si había alguna herida, ella ya reía, en cuanto a mí, no sabría decir que me dolía más si mis rodillas y manos laceradas o mi cabeza por lo que podía haber sido algo grave
.
Así que de esta forma íbamos pasando el tiempo. Estos detalles eran, por lo demás, cosas puntuales pero la mayor parte del tiempo éramos felices contemplando nuestra hija, un ser querido y deseado por los dos.
Esos años y aún muchos otros que vendrían fuimos felices los tres, luego las circunstancias cambiaron, pero habrá tiempo y opción de explicar e incluso de valorar los hechos.

Gemma fue diría que casi precoz en caminar, pero muy tardía en tener dientes, tanto que yo me desesperaba, ya que se le notaban los dientes bajo las encías, pero no rompían, incluso llegué a preguntar y casi a sugerir a la pediatra si no se debería abrir la encía para facilitar la salida de los dientes.
Los primeros pasos los dio estando en castillonroy y en presencia de su abuelo al que causó una gran alegría.

A estos, a sus abuelos maternos, sé que le hacía encoger el corazón cuando insistía una y otra vez como un martillo pilón para que comiera. Gemma no era una niña muy comedora y una vez había dejado los biberones, cada ingesta era una batalla terrible.  Sé que mi suegro tuvo que parar a su mujer en muchas ocasiones para dejar que yo hiciera mi labor. Su propia abuela me lo había reconocido muchas veces e incluso había confesado que sufría por lo difícil que era sacar adelante a nuestra hija.

Por lo que respecta a los abuelos paternos, es decir, mi madre e Isidro, he de decir que estos veían poco a Gemma, y no por su voluntad sino porque era difícil vencer las reticencias de su madre a que la llevara a una casa en la que la higiene y limpieza no eran los valores dominantes. A mí mismo me costaba a veces llevarla y no fueron pocas las ocasiones en las que les pedía que intentara reaccionar.

No era fácil. Tras la muerte de mi abuela, mi madre se empezó a culpar de las discusiones habidas, de los disgustos que mi abuela se había llevado por su relación con Isidro que empezaba a ver que no era todo lo idílica que había podido imaginar. A eso se le añadió la aparición de la diabetes.  El episodio de la detención de Isidro, no hizo sino agravar esa situación y mi madre empezó a engordar hasta el punto de ser retirada de acomodadora por el peligro que podía tener de sufrir caídas debido a las limitaciones en su movilidad y ser ubicada en el servicio de guardarropía.

Y ella misma se autolimitaba o se excluía de venir a casa. Los horarios de los conciertos, el trabajo de Isidro en el cine eran buenos argumentos para justificar que no pudieran venir a nuestra casa. Tampoco es que por parte de Juliana, ni por mi parte, también lo he de reconocer, hubiera un interés en que vinieran. Así las cosas, acabaron por venir únicamente para Navidades.

Esto es una más de las cosas de las que no me siento especialmente orgulloso.

Aproximadamente dos años después de lo que pasó con Isidro, tuve lo que después supe se trataba de una crisis de ansiedad, supongo que fue el escape de tantas tensiones vividas en los últimos meses.

De ahí acabé en manos de un psicólogo-psiquiatra que tenía su consulta en la Avda. República Argentina. Estuve en tratamiento durante un par de meses a base de pastillitas de Orfidal, que pronto abandoné por no querer acabar siendo un adicto como lo era mi madre de las suyas. No obstante este individuo tuvo una actuación muy poco ortodoxa y alejada de lo que debe ser su cometido médico. Dado que no me afectó solo a mí y por respeto a la otra persona no explicaré en que consistió.

Continuare………


viernes, 28 de marzo de 2014

EL NACIMIENTO DE GEMMA

Hola a tod@s:

Isidro nunca dejó sus vinculaciones con los encantes viejos y fue trayendo a casa objetos de los más diversos tamaños, aplicaciones y usos, casi todos ellos rotos, que iba almacenando por cualquier rincón de la casa.

Primero fue la habitación de la plancha, luego mi antigua habitación y por último el resto de la casa.
Eso unido al deterioro de mi abuela que ya era muy evidente hizo que mi madre entrara en un estado de desidia. Ya no cuidaba la casa y tampoco se cuidaba a sí misma.

Con el embarazo de se nos abrió otra incertidumbre y era como íbamos a afrontar la falta de espacio. Recordad que vivíamos en un piso de una sola habitación. Por eso empezamos a buscar pisos de alquiler por la zona donde vivíamos, pero la solución vendría de manos de Victorina y Jose María, quienes se embarcaron en la aventura de la compra de un piso y así al abandonar ellos el suyo, nosotros negociamos con el propietario el ser los nuevos inquilinos.

Eso nos facilitó mucho las cosas para el traslado pues era sacarlo de una puerta y entrarlos en la de al lado. Y nos quitamos la angustia ya que ese piso contaba con dos habitaciones.

Otro hecho se produjo durante el embarazo de ella y fue la obtención del carnet de conducir. Juliana se matriculó en una autoescuela cooperativa de la calle Pelayo cuando aún desconocía su embarazo o justo acababa de conocerlo. De ese hecho lo único significativo fue que tuve que hacerme pasar por profesor de la autoescuela ya que se encontraron el día del examen de teórica que habían cambiado la fecha y el lugar donde se celebraban los exámenes y no tenían personal para acompañar a los alumnos. Yo me presté a hacerme pasar por el profesor y presenté a los alumnos tarde porque ya habían comenzado los exámenes y conseguí que pudieran hacer el examen más tarde y en una sala aparte que el resto de examinados de aquel día.

Con más de una hora de retraso se daban los resultados y conseguí que todos los de esa autoescuela aprobaran la teórica.

Doble triunfo pues si me llegan a descubrir, hubieran perdido la convocatoria y yo supongo que hubiera tenido algún tipo de sanción.

El embarazo de Juliana continuó dentro de los cauces previstos y a finales del mes de mayo nuestras caminatas eran extensas para ver si se producía la llegada de nuestro hijo del que ignorábamos cual podía ser su sexo por expreso deseo nuestro.

La noche del martes uno de junio al miércoles 2 de junio, Juliana rompía aguas, aún puedo recordarla de pie en la habitación con el mocho en la mano, como si fuera un lancero. A primera hora de la mañana nos presentábamos en el centro médico Delfos donde estaba el ginecólogo de ella, un argentino llamado Ifer de apellido. No teníamos claro que fuera a quedarse ya que no presentaba contracciones, por lo que acudimos sin canastilla ni nada.

Nos sorprendieron diciendo que ella se quedaba ingresada y que iban a ponerle una vía para ir dilatando. Yo estuve con ella todo el rato, incluso avisé porque regularon mal la entrada del dilatante y lo hizo muy rápido y con fuertes dolores.

Solo la dejé para ir a comer algo a la cafetería. Al poco de regresar se la llevaron al paritorio y yo pregunté a la enfermera el tiempo que estimaban que tardaría con objeto de ir a casa y aunque esta me recomendó que no lo hiciera, yo me fui a casa a buscar la canastilla y la ropa de ella para estar en la clínica.

Pasaban unos minutos de las cinco de la tarde cuando entraban a Juliana aún atontada por la sedación y me llamaban para que saliese fuera. Allí una enfermera salió con un minúsculo bebe en sus brazos. Me dijo; Esta es su hija, ha nacido a las cinco de la tarde, pesa tres kilos cien gramos y ya no recuerdo lo que medía, porque ya solo tenía ojos para Gemma  que era el nombre elegido si era niña.

No recuerdo cuanto tiempo la tuve n mis brazos antes de que otra enfermera me la cogiera y la llevara a la nurserie. Si recuerdo que habían personas que venían a ver los niños de la nurserie y que vieron a Gemma y comentaban que era una niña muy guapa y  aunque yo pueda pecar de amor de padre, vosotros podréis juzgar por esta foto.

A juliana no se la entregarían hasta el día siguiente y lógicamente estuvo preguntando por ella toda la noche y no fueron pocos los viajes que hice desde la habitación hasta la cristalera para ver a nuestra hija.

No recuerdo tampoco la de veces que le tuve que prometer a Juliana que la niña estaba bien, que no presentaba ninguna anomalía y que no le faltaba ni sobraba nada de nada.

Con la llegada del nuevo día, yo fui a ver a la que sería su pediatra Nuria Arcas y a ella le pedí que por favor fuera a ver a la niña y que pidiera a las enfermeras que se la pasaran a su madre. Me consta que lo hizo de inmediato y que abroncó a las enfermeras por no haberla llevado antes.

Saliendo de la pediatra compré un ramo de rosas para Juliana y me fui con el coche hasta Castillonroy a recoger a mi suegra y traerla a Barcelona para que viera a su nieta y cuidara de Juliana en los primeros días post parto.

Así que nadie piense que me desentendía, al revés, las circunstancias hicieron que quizá no estuviera tanto con mi hija como hubiera deseado pero a cambio hice todo lo que estuvo en mis manos para conseguir que tanto la madre como la niña estuvieran bien atendidas y no les faltase de nada.

De regreso por la tarde, recogí a mi madre que fue a conocer a su nieta.

continuare......



jueves, 27 de marzo de 2014

LA DETENCION DE ISIDRO

Hola a tod@s:

Isidro venía diciendo desde hacía tiempo a mi madre que algún día vendrían a por él y que tendría que saltar por la ventana para buscar la calle y escapar. Ella no le hacía mucho caso, pero yo sabía que había motivos para ello.

Isidro me había mostrado un paquete aunque sin desenvolverlo diciendo que se trataba de una carabina del calibre 22 También me había mostrado dos pistolas de fogueo y una de gas. De la misma forma yo había visitado el local del sindicato de Espectáculos y había visto maquinaria que podía transformar armas de fogueo en armas de fuego real.  Con ello no quiero decir que eso se hiciera, solo afirmo lo que he dicho, que había maquinaria que podía utilizarse para ese menester.

Al llegar a casa, me encontré con dos policías de paisano, el perro encerrado y ladrando en una habitación, a mi madre llorando confortada por una vecina que haría las veces de testigo y a Isidro sentado sobre la cama de matrimonio con las manos a la espalda esposado.

Lo primero que pregunté a los policías tras identificarme a ellos, fue si se le iba a aplicar la Ley antiterrorista, a lo que me dijeron que no, no sin ciertas visas de curiosidad del porque preguntaba aquello. Me dijeron que habían acudido en busca de un arma que no encontraron en poder de Isidro pero que habían encontrado otras armas y objetos que podían ser robados.

Es decir, les había tocado la lotería porque buscando un arma habían encontrado algo mucho mejor y más importante.

A continuación copiaré el texto que el diario El País, publicó en su edición del día 07/11/1.981:

 Dos miembros de la CNT, acusados de tenencia ilícita de armas

Acusados de posesión ilícita de armas, fueron detenidos y puestos a disposición judicial dos militantes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), Isidro Grau Terreu, de 55 años, y José Cases Alfonso, de 61 años. Este último es un dirigente histórico de la CNT. Actualmente ocupa el cargo de presidente del Sindicato de Espectáculos Públicos, uno de los pocos de dicha central que realmente tiene influencia. Asimismo fueron detenidas cinco personas más, cuatro de ellas acusadas de haber agredido y sustraído su pistola a un policía nacional, que iba vestido de paisano.El pasado 29 de octubre, una chica de dieciocho años, Missilia Belcolore, de nacionalidad francesa, atrajo con engaño hacia un portal de una calle de una zona inmediata al barrio chino de Barcelona, a un policía nacional, vestido de paisano, pero armado con una pistola Star, del calibre 9 corto. En el portal, el policía fue agredido por tres hombres que se habían concertado con la muchacha quienes también le sustrajeron si pistola. Eran Juan José Rodero Chia, de veintitrés año!; Pedro Manzano Acedo, de 33 años, y Gorgonio Fidalgo Andrés, de 36 años.
El arma pasó a poder de Antonio Casado Caro, de 35 años, quien la vendió al cenetista José Cases por 25.000 pesetas. Al ser detenido éste, manifestó que la había entregado al también cenetista Isidro Grau Terreu. No obstante, en casa de este último no fue hallada la pistola robada al policía, pero en cambio la policía encontró una pistola Astra, del 9 corto, y una carabina del calibre 22, con mira telescópica, ambas robadas hace meses. También le fue hallado un revólver del calibre 38 inutilizado, dos revólveres de fogueo, una pistola de aire comprimido y aparatos electrónicos, cuya procedencia no pudo justificar.
Interrogado de nuevo, José Cases manifestó entonces que la pistola robada al policía nacional se encontraba en la caja fuerte del local de la CNT, sito en el pasaje de la Paz, de Barcelona, donde efectivamente fue hallada por la policía.

A Isidro se lo llevarían detenido a la comisaría que había en la calle Joaquin Pou  en el Raval donde estuco hasta pasar a disposición judicial y después ingresó en prisión.

Lo ocurrido fue lo siguiente según la versión de Isidro que además he podido cotejar con otros militantes de la CNT

Tras robarle la pistola al policía y sabiendo que aquella acción les podía costar cara, los ladrones se pusieron en contacto con el perista que a su vez le ofreció el arma a Isidro. Isidro no quiso comprarla, pero como el perista insistiese, Isidro lo envió a ver al tal cases quien si compró la pistola y la guardó en la caja fuerte del sindicato.

La policía se movió rápido y detuvo a los autores del robo, que a su vez delataron al perista y este a Cases, pero Cases no solo no aceptó la acusación de que era el posesor de la pistola, sino que sabiendo lo que isidro guardaba en casa, no dudó en enviar a la policía a casa de Isidro. Y a Isidro lo avisaron de que la policía iba a su casa cuando ya no daba tiempo a nada, pues aún estaba al teléfono cuando la policía llamaba al timbre.

Al abrir la puerta el perro, que como ya dije era un cruce de dogo y pastor alemán, intentó abalanzarse sobre la policía, espetando uno de ellos a Isidro: Cierra al perro o le pego un tiro y lo mato. Isidro no se quedó corto respondiendo: Si tocas al perro seré yo el que te mate a ti.

Una vez en comisaria a Isidro y Cases, los sometieron a un careo. En el mismo Cases,  además de recibir algún cachete de los policías, acabó confesando que él tenía la pistola y que estaba en la caja fuerte del Sindicato donde fue llevado con la policía y finalmente se encontró el arma.

Isidro me encargó que fuera a los encantes a ver al óptico para que este me hiciera facturas de los objetos que junto a las armas le habían requisado, no fue posible, el óptico se hizo el remolón y no hizo las facturas.
No creo que sea necesario explicar que tanto a mi madre como a mí se nos vino el mundo encima.  Con Isidro en la cárcel dejaría de haber ingresos y mi madre y mi abuela solas con la pensión d esta última no podrían subsistir. Hay que recordar que al casarse mi madre con Isidro, perdió el derecho a percibir la pensión de viudedad.

Por mi parte, con Juliana embarazada, aunque no estábamos ahogados económicamente tampoco estábamos en disposición de hacernos cargo de ellas dos.

Con todo quien menos afectado estuvo durante las tres semanas que estuvo en prisión fue Isidro quien al parecer encontró en la prisión a viejos conocidos  éntrelos cuales mantenía un rango de respeto.

Cases, salió a la calle al cabo de unos quince días, después de pasar su estancia en prisión en la enfermería ya que se temía que fueran a por él por membrillo (chivato) una vez en la calle se hizo fuerte en una asamblea del sindicato a la que yo accedí, era afiliado de la CNT y donde me encaré con él y con los afiliados que lo seguían, llamándole traidor, confidente e invitándolo a que explicase cómo es que tras haber reconocido ser el comprador de la pistola y haberla encerrado en a caja fuerte del sindicato poniendo en peligro la propia existencia del mismo, había conseguido salir tan fresco de la cárcel. Viendo como se escabullía e intentaba escurrir el bulto, sin temer a nada ni nadie, rompí públicamente el carnet de militante.
Isidro saldría una semana más tarde.

La defensa de Isidro que en un principio pensaba la llevaría el abogado Loperena, finalmente fue asumida por el hermano de mi tía quien, no sabría decir utilizando que herramientas o que argumentos, consiguió mucho tiempo después que todas las causas se archivasen sin más.

Si supe que la carabina se argumentó que era un depósito que había hecho un individuo conocido de Isidro a quien habían impuesto una fianza que pagó Isidro. Esta persona había muerto posteriormente por un cáncer y se sobreseyó la causa.  Por lo que se refiere a la pistola, esta era de un guardia civil que no había denunciado su robo. Tras constatar que no había sido utilizada, se quiso echar tierra sobre el asunto y también se sobreseyó la causa.

Del resto de armas, nada se supo y por último los objetos que le incautaron y que no se pudo demostrar que fuera robados, tampoco le fueron devueltos y supongo que cámaras de fotografiar, y aparatos de música debieron ir a casa de algún funcionario de alto rango a cambio de que todo el mundo se olvidase del tema.
A partir de estos hechos Isidro se desvinculó y se desilusionó bastante con el sindicato y aunque siempre mantuvo su espíritu anarquista, hubo un antes y un después.

No sería honesto si desde aquí y aunque sepa que nunca llegará a su destinos, no reconociera el esfuerzo de muchos compañeros de Isidro que hicieron que el cine Delicias siguiera funcionando y por lo tanto que no faltase ni una sola peseta del sueldo mientras permaneció en prisión, sacrificando para ello sus días festivos supliendo al compañero preso.


Continuare………..

miércoles, 26 de marzo de 2014

EL VIAJE A PARIS

Hola a tod@s:

Tras llegar a Paris tocaba encontrar el camping del Bois de Boulogne, algo que nos llevó un tiempo porque mi francés era y es bastante limitado.

Una vez llegados allí, lo primero fue que teníamos que pagar por adelantado, luego nos dijeron que teníamos que seguir a un empleado en un vespino el cual salió corriendo y al que perdimos tras seguirlo unos doscientos metros.

Encontramos un lugar donde poner la tienda y todos caímos rendidos en nuestras respectivas tiendas y no despertaríamos hasta el día siguiente.

Con el nuevo día tuvimos constancia de la inmensidad de aquel camping que se asemejaba más  a un campo de refugiados que a un camping tal y como lo concebíamos en España.

La segunda cosa de la que nos dimos cuenta es que utilizar el coche para moverse por Paris no era la mejor idea, pero a su vez también supimos que la distancia desde el camping hasta la entrada a la ciudad era muy considerable y que debíamos tomar un autobús para llegar hasta París.

Lo primero que vimos fue la torre Eiffel y los jardines del campo de Marte, donde también descubrimos que ir al lavabo costaba dinero y tenía un tiempo limitado de permanencia transcurrido el cual se debía volver a pagar. Sentimos sobre nuestra piel que a estar de ser Agosto, hacía frió, hasta el punto de que ni con el pijama puesto como si fuera una camiseta, se nos pasaba el frío.

No subimos a la torre porque también costaba dinero y no andábamos sobrados del mismo. Además nos dimos cuenta de que la comida que traíamos de España se había echado a perder por lo que no teníamos muchas oportunidades de alimentarnos. La verdad es que empecé a tener la sensación de que aquel viaje iba a ser un poco desastroso.

Si subimos a un bateau Mouche , un barco que discurre a modo de tour turístico por el rio Sena y por la tarde vimos el barrio latino y la catedral de Notre dame. A la que tampoco pudimos subir por la misma razón económica.

Tras largas caminatas, regresamos al camping una vez más,  cansados y mal comidos.

Al día siguiente subimos a pie hasta la basílica del Sacre Coeur con la infinidad de escalones que tiene y me permití la única licencia que fue la de que me hicieran un retrato a carboncillo, ese retrato sigue en mi poder después de treinta y dos años y siempre he creído que el artista me miró con muy buenos ojos dejándome mucho más favorecido de lo que era en persona.

Tras eso, comimos en un Macdonald’s y luego seguimos paseando viendo la fachada el Moulin Rouge y vuelta al camping. Aquella noche sin víveres que llevarnos a la boca y terriblemente hambrientos reconozco que robe unos yogures que nos supieron a verdadera gloria. Queriéndonos duchar por la noche para no perder más tiempo al día siguiente, descubrimos que los baños por la noche tenían en alguna zona hasta un palmo de aguas sucias de las duchas, lo que da una idea de la cantidad de gente que poblaba ese camping y cuál era la calidad de las instalaciones.

Al día siguiente, emprendimos viaje de regreso a nuestro camping de Pineda de Mar, hicimos el viaje de un tirón y lo primero que hicimos tras cruzar la frontera fue parar a comer una tortilla de patatas en el primer garito que vimos y que nos supo a auténtica gloria.

De ese viaje guardo el recuerdo de haber visto la fachada de los monumentos citados y el haber engendrado en un camping de parís a nuestra hija Gemma que nació en los primeros días de Junio del año siguiente.
Una vez en el camping se produjo un episodio de celos de Juliana. Jesús me había pedido si podía dar clases de Inglés a los niños y yo no me negué a hacerlo. Además hice con un grupo de niños, una excursión hasta una cruz en una montaña del pueblo cercano de Santa Susana desde la que había una buena vista.

Juliana no coincidía en todas sus vacaciones así que ella estaba en Barcelona y yo me quedé en el camping, después sería a la inversa.

Todo esto propició que los hijos de Jesús me vieran como alguien muy familiar ya que comía y cenaba con ellos, y estando un domingo comiendo todos juntos, la hija de Jesús se me acercó por detrás, me puso las manos sobre los ojos y me pregunto quien era. Yo la reconocí dije su nombre y la chica toda contenta me estampó un beso. Esa familiaridad y esa muestra de cariño no le sentaron nada bien a Juliana que después a solas en la tienda, y a pesar de la escasa intimidad que unas paredes de tela pueden ofrecer, me dijo que no estaba dispuesta a que se produjeran más muestras tan efusivas y que tenía que poner coto a todo eso.

No sería el único ataque de celos que tendría. Años después los tuvo de su propia sobrina, a raíz de haberla acompañado desde Castillonroy hasta Binefar y volver y considerar que habíamos tardado mucho más de lo normal. Lo cierto es que nunca hubo nada de nada ni con la hija de Jesús ni con la sobrina de Juliana.

Como he explicado nuestras vacaciones no coincidían pero si me permitieron por mi horario el poder volver cada día a dormir al camping. No obstante, eso acabó cansándome así que cuando se acabó la temporada, desmotamos todo y decidimos que no volveríamos al año siguiente.

Tras quedar embarazada y cuando estaba de unos cinco meses aproximadamente, Juliana  tuvo, tras un viaje a su pueblo, una hemorragia, por lo que acudimos rápidamente al médico quien dictaminó que presentaba placenta previa y que debía guardar absoluto reposo en cama.

Ello supuso que yo tenía que cocinar para ella, asearla, etc. y que ella se pasará el día en la cama lo que no la mantenía de muy buen humor. Esa situación se prolongó durante un par de meses y salvo las visitas de Victorina y José María no teníamos más vida social.

Para que las horas se le pasaran más rápidas compré el que sería nuestro primer televisor en color, un aparato Grundig de 19 pulgadas y que colaboró a que el par de meses que estuvo en cama se le hicieran más llevaderos.

Por lo demás el embarazo no tuvo mayores complicaciones, ni fue una embarazada de antojos como muchas veces se suele explicar y no sería porque no tuviéramos sobresaltos. El más acusado ocurriría el mes de Noviembre de 1.981 concretamente la noche de todos los santos.

Esa noche vinieron a casa un compañero de trabajo y su mujer. Cuando ya habían marchado debía ser sobre la una de la mañana, sonó el teléfono de casa. Era mi madre deshecha en lágrimas que me anunciaba que la policía estaba en casa, que estaban registrando toda la casa y que habían detenido a Isidro.
Así que marché corriendo a mi casa de soltero sin saber muy bien que es lo que me iba a encontrar allí.

Continuare………


martes, 25 de marzo de 2014

EL CAMPING

Hola a tod@s:

Aquella noche tenía cierto temor porque el año anterior había sido engatusado por Armet que se puso en contacto conmigo. Este hombre se había integrado en un partido llamado Nacionalistes d’Esquerres. Como toda nueva formación carecían de fondos e idearon un sistema triangular en el que uno de sus miembros pedía un crédito personal con el aval de los otros dos y así hasta completar tres préstamos. Cada integrante avalaba a los otros dos.

Yo no pedí un préstamo pero sí avalé a otros dos integrantes, con tan mala fortuna que una de ellas resulto ser morosa y un día me vi sorprendido por una carta requiriéndome a que cumpliese con mi obligación de avalista. Me costó muchísimo conseguir evitar el pago de cantidad alguna aunque finalmente lo conseguí, pero mi nombre constaba en papeles por avalar una formación independentista y con un golpe de la extrema derecha no era algo como para no preocuparse.

Tras este episodio ya no volvería a tener más contacto con Armet  ni con otros miembros de esa formación como Magda Oranich que también me había propuesto algún plan con los seguros de los militantes pero en el que no quise ni tan solo escucharlos.

También acabó ahí cualquier idea de carácter independentista. Me fui moderando y hoy me siento español, un español afortunado por haber nacido en un lugar con idioma propio y poder dominar ambos idiomas perfectamente. No me gustan los visionarios y hoy hay muchos de esos.

Tras la resolución de la intentona golpista, y vuelta ya la normalidad a nuestras vidas cuotidianas pudimos empezar a disfrutar del coche nuevo, aunque lo cierto es que no habían muchas diferencias con el anterior.
En esos meses Juliana quedó embarazada pero la gestación se malogró enseguida tanto que ni siquiera habíamos podido comunicarlo a las familias.

Mi abuela, por otro lado, y tras haber sufrido una caída, cuando aún yo estaba soltero y de la que me siento responsable ya que tropezó con mi pie y cayo golpeándose el vientre, acabó derivando meses más tarde en una intervención quirúrgica en el Hospital de San Pablo de triste recuerdo para mí, y de donde sería trasladada a un centro de paliativos en Sant Boi de Llobregat, donde falleció.

Durante el periodo que medió entre la caída y su fallecimiento, entró en un proceso de demencia senil que la convirtió prácticamente en una niña rebelde. Su dieta por la diabetes y por su ya manifiesta carencia de ganas de hacer nada, se ceñía a comer de forma repetitiva platos de guisantes sin que hubiera mucha variación en su menú. Alguna que otra manzana al horno era su única excepción.

Por otro lado su actividad física se limitaba a las salidas a cobrar su pensión y que lo hacía casi siempre acompañada por mí y eso me trae a la memoria un episodio que sucedió el día tres de noviembre de 1.979 justo veinticuatro horas antes de mi boda.

Yo ese día, sábado,  lo tenía muy complicado con los últimos preparativos de la boda como ir a cortarme el pelo, ropa, pero sobretodo porque tenía que recoger las alianzas y también debía acompañar a mi abuela a cobrar su pensión. La oficina bancaria estaba en la Avenida Virgen de Montserrat y para quien no conozca esos barrios, explicaré que el barrio del Guinardó se edificó sobre una montaña por lo que sus calles tienen una fuerte pendiente que causan fatiga  no solo a las personas mayores sino incluso a los jóvenes.

Mi abuela con setenta y cinco años no tenía una movilidad excelente por lo que se sentía más segura si podía ir del brazo de alguien. En aquella ocasión, yo aparqué en una calle muy próxima y bajé del coche, le abrí la puerta y tras ayudarla a salir cerré la puerta  y en ese momento el freno de mano falló y estando las ruedas del vehículo mirando hacia afuera inició un trayecto que lo llevó a golpear un vehículo levemente, subirse encima de la acera y acabar parando contra un mármol de una carnicería. Tuve mucha suerte porque en ese mármol que por la pendiente de la calle servía de banco, solían sentarse los niños mientras sus madres compraban en la tienda.  En ese momento se me agolparon muchas cosas, el papeleo del parte de siniestro, acompañar a mi abuela al banco y tener que cruzar la ciudad para recoger las alianzas siendo ya bastante tarde.

A la propietaria del vehículo le dejé una tarjeta con mis datos, pidiéndole mil disculpas, acompañe a mi abuela que se había quedado bastante impresionada y llegué a la joyería cuando ya casi estaban cerrando sus puertas.

Luego por la tarde con mucha más calma telefoneé a la afectada y acabé de darle mis datos indicándole de nuevo que trabajaba en una compañía de seguros y que no iba a tener ningún problema.
Volviendo al momento de la entrada, tras ese aborto, llegó la semana santa y decidimos ir a un camping en una población de costa muy cercana a Barcelona: Pineda de Mar. La elección de ese lugar fue porque allí tenía puesta una caravana el panadero que trabajaba con Juliana.

La verdad es que lo pasamos bien con esa familia compuesta por el matrimonio, dos hijos un niño de unos doce años y una chica de unos quince o dieciséis  y los padres de la mujer del panadero. Tanto que decidimos que plantaríamos allí la tienda durante toda la temporada de verano. No obstante teníamos que comprar primero una tienda algo más grande que la canadiense de dos o tres plazas que disponíamos y por eso, pasadas las mini vacaciones de semana santa, nos desplazamos a Andorra con la intención de ver una tienda que nos permitiera pasar esa temporada con un mínimo de comodidad.

La suerte esta vez nos favoreció con una pareja de jubilados holandeses que habían puesto su tienda en venta en el mismo camping en el que estábamos. Se trataba de una tienda chalet, muy bien conservada con un dormitorio amplio en el que podían dormir hasta cuatro personas y una zona donde poder poner mesa y sillas y un avance en el que poder estar descansando.

El único inconveniente de aquella tienda era su volumen y su peso aproximadamente unos cincuenta quilos, pero todo ello no fue obstáculo para que nos hiciéramos con ella por el precio que nos pidieron y que era muy inferior al de una tienda nueva en Andorra y casi regalada comparada con los precios de España.
Esa pareja de jubilados me dijeron que me parecía mucho a un dirigente de Herri Batasuna, lo cual no es que me hiciera mucha gracia por las connotaciones políticas que ello tenía. Tras abonar el importe acordado me entregaron la tienda con un aporte extra de clavos fabricados por el hombre que había sido ferroviario, un kit de reparación por si se rompía la lona y un colchón hinchable de matrimonio que tenía que ser hinchado cada día por la noche, para que fuera perdiendo poco a poco el aire hasta encontrarte casi sobre el suelo al despertar por las mañanas.

Disponiendo ya de tienda, negociamos y nos permitieron que pudiéramos ubicar la tienda a mediados de Mayo sin haber de esperar al inicio de temporada en 15 de Junio.

Aquello nos creó una nueva dependencia, la de ir cada semana al camping para amortizar el coste de la temporada. Por otra parte empezamos a intentar dotar aquella estructura de comodidades. Compramos un armario desmontable para poder colocar ropa, otro artilugio para los artículos de baño, mesa, sillas, otra mesa para la cocina, cocina y también hice un cuadro eléctrico rudimentario para disponer de corriente dentro de la tienda.  Nonos dábamos cuenta pero semana tras semana íbamos acumulando objetos y cosas. Solo el día que desmontamos todo, nos dimos cuenta de la cantidad de objetos que habíamos llevado y que de hecho ya no nos servirían más.

Juliana cumple años en día uno de Agosto y ese año pensé que un regalo que le podría hacer ilusión sería viajar hasta París, para ello hablé y convencí al panadero para que él y su mujer que estaba embarazada del tercer hijo, nos acompañaran en ese viaje, de esa forma el coste sería más barato para todos y podríamos turnarnos en la conducción del coche para que no fuera tan pesado el viaje.

El día previsto de salir fue el 31 de julio, viernes por la tarde y la excusa fue el ir a pasar el fin de semana a una playa de la costa Brava.  Salimos ya avanzada la tarde y paramos para cenar en la Junquera. Al reanudar el viaje cogió el coche Jesús que así se llamaba el panadero y yo me dispuse a dormir coa que conseguí, pero cual sería mi sorpresa cuando desperté por los bandazos del coche y que no era otra cosa que los movimientos por el fuerte viento reinante en el aparcamiento dónde Jesús solo una hora después de haber tomado la conducción del coche, se había detenido porque tenía sueño.

Desde aquel momento yo volví a conducir el coche hasta París y lo mismo hice a la vuelta.

Paramos a primera hora de la mañana en Lyon y llegábamos a primera hora de la tarde a París, baldados por el viaje ya que la comodidad de ese  coche no era una de sus cualidades precisamente.


Continuare…

lunes, 24 de marzo de 2014

EL PRIMER COCHE NUEVO

Hola a tod@s:

Hay un dicho que dice que: Poco dura la alegría en casa del pobre, y parece que con nosotros se hizo realidad.

Continuaba en la compañía Minerva y surgió la posibilidad de ir a cobrar recibos puerta a puerta, yo no me lo pensé dos veces y empecé a hacerlo. La compensación era un uno por ciento del  importe cobrado, es decir 10 pesetas por cada mil que cobraba, por lo que tenía que cobrar muchos recibos para que me compensara el gasto de gasolina del coche.

Había pasado más o menos medio año desde la boda y aún no habíamos comprado la lavadora, cuando yendo hacia Lloret por cuestiones de trabajo, la aguja de la temperatura del coche subió hasta rebasar la zona roja de peligro.

Como pude y teniendo que parar varias veces, volví a Barcelona y dejé el coche en el mecánico que había al lado de casa. Hacía pocos días que le había reparado los frenos y es que el coche ya era viejo y cuando no fallaba de un lado fallaba de otro. Yo pensaba que aquella sería una reparación sencilla, pero los mecánicos me dijeron que se había comunicado el agua con el aceite y que lo mejor que podía hacer era dar de baja el coche o cedérselo a ellos para aprovechar piezas, etc.  A cambio me reembolsaban el importe de la última reparación efectuada.

Opté por esa solución y firme los papeles para el cambio de nombre.  Aquello fue un engaño. El coche lo repararon y lo vendieron a un restaurante llamado De nit… sopars. Lo supe bastante tiempo después cuando me llegó una reclamación muy cuantiosa de Transportes de Barcelona, por interrupción del servicio del tranvía azul del Tibidabo. Al parecer lo habían dejado aparcado de tal forma que impedía el paso de los tranvías dejando interrumpido el servicio durante algunas horas. Pude evitar el coste de la reclamación pero los papeleos que tuve que hacer fueron ingentes acabando por ir a tráfico y dar de baja definitiva el coche.
Dado que para desarrollar mi trabajo era absolutamente necesario el uso de vehículo y que nuestras posibilidades económicas eran muy limitadas, el problema que se nos presentaba era realmente serio. Cuando más desesperado estaba, un perito de la compañía me dijo que su hermano tenía una casa de compra-venta de vehículos y que seguro que encontraba algo que estaba bien.

Por lo que estaba dispuesto a pagar que no era mucho y que incluía el dinero destinado a la lavadora, me vendió un Citroen Dyane 6 blanco  B-3162-AW Aquel no era el coche de mis sueños pero no tenía elección.  No obstante, también en esta ocasión fui engañado. Aquel coche tenía la batería llena de sulfato que acabó por comerse un borne de esta y además perdía líquido de frenos por la bomba de freno.  De todo eso me di cuenta estando en el pueblo de Juliana. La manía de mirar las entrañas de los coches me la había traspasado mi padre y yo andaba mirándolo cuando me di cuenta de la situación.

Ya de vuelta hacia Barcelona al llegar al pueblo de Algerri, paré para comprar líquido de frenos y ya no pude arrancar el coche el borne de la batería se había roto. Desde esa gasolinera un vehículo se prestó a llevarme hasta Balaguer para ver si podía conseguir un nuevo borne. Aún no se cómo lo hice pero localice al dueño del servicio oficial de citroen que estaba viendo un partido de futbol del Balaguer y que accedió a venderme el borne pero a condición de que me esperara a que acabase el encuentro. Armándome de paciencia esperé y con el nuevo borne en mi poder, me fui hasta la gasolinera más próxima por si encontraba a alguien que me pudiera acercar hasta donde estaba el coche.

Al final tuve que contratar un taxi que no solo me llevó hasta Algerri, sino que me ayudo a colocar el nuevo borne.  Una vez hecho esto pudimos seguir camino hasta Barcelona.

El primer día que pude ver al perito cargué contra él y su hermano, diciéndoles que no entendía como me podían haber vendido el coche en aquellas circunstancias que a buen seguro debían conocer.
Era evidente que aquel coche no podía mantenerse mucho más tiempo. La prueba fue que en Diciembre de 1.980 el día de nochebuena yendo al pueblo después de que ella hubiese estado trabajando hasta más de las ocho de la tarde.  Llegando al peaje de Lérida con un aniebla espesísima, el coche se paró. Era cuestión de la bobina del alternador que con la humedad de la niebla dejaba de funcionar.

Pasamos el peaje de la utopista empujando el coche y justo haberlo pasado envolvimos la bobina en plásticos y cinta aislante y media hora más tarde pude arrancar el coche. Aquel fue el último viaje que hicimos con este coche.

En cuanto pude empecé a mirar la posibilidad de adquirir un coche nuevo pero, lo único accesible que encontré fue otro citroen del mismo modelo, así que resignado hice encargo de uno.  Aunque pueda parecer que ahora se habían acabado los problemas económicos, no era bien, bien cierto. 

 A principios de Setiembre, mi tío Manuel, me ofreció la posibilidad de dar clases de Inglés en el colegio al que iban sus hijas. Era dar clases a niños y niñas de cuarto hasta octavo de EGB.  Se trataba de una actividad que pagaba la APA del colegio y suponía dar clases de cinco a seis de la tarde.  Como el sueldo que me pagaban estaba bien, lo acepté rápido. Además empecé a pasar a máquina algunos peritajes de un perito de la compañía. Para él eran trabajos que su mujer no podía controlar y era dinero negro que nadie le controlaba y para mí era un 10 por ciento de su minuta que era una suma respetable.


También he de decir que yo había dejado lo de subinspector  para quedarme en las oficinas de la compañía por lo que ya no era ten sumamente preciso el coche aunque si lo necesitaba para ir a Vastillonroy el pueblo donde vivían los padres de Juliana.

Lo único a lo que pude acceder fue a comprar otro Dyane 6 pero esta vez nuevo. El día en que me avisaron que ya podía recoger el coche, fui con una ilusión tremenda a recoger mi flamante coche nuevo de color rojo al concesionario que citroen tenía en la Avenida de Roma, 1 al bajar al sótano a recogerlo, me di cuenta de que todos tenían el semblante muy serio y que por la radio sonaba música clásica. Tal era el ambiente que se respiraba que me atreví a preguntar si pasaba algo a lo que me respondieron que al parecer se había producido un golpe de estado, era el 23 de Febrero de 1.981

La fiesta del estreno del coche, se aguó un poco.

Continuare.......

domingo, 23 de marzo de 2014

UNA PINCELADA GRAFICA

Hola a tod@s:

Hoy he pensado que tal vez fuera bueno, ya que hacía días que no  lo hacía el publicar una serie de fortografías que ilustren un poco todo lo que he ido contando en los días anteriores. Para mí es más fácil poder hacerlo de esta forma aunque ya se que sería más ilustrativo hacerlo a medida que mis entradas van narrando aspectos de mi vida. Intentaré poner enmienda a ello.

En primer lugar pondré unas fotografías de mi madre que van desde la época anterior a la muerte de mi padre hasta la época que estoy narrando.

Mi madre siempre fue una mujer muy presumida al menos hasta poco después de la boda con Isidro.Yo diría que hasta la muerte de mi abuela. Cuisaba su peinado, sus pendientes, su maquillaje y en el vestir siempre iba a la última moda gracias a las manos de mi abuela. Ella solo tenía que comprar una revista de moda, elegir el modelo y comprar la tela, mi abuela se encargaba de lo demás.
otro peinado, otros pendientes, el broche......
Aquí conmigo yo casi no me reconozco con ese chaquetón con cuello de pieles. Desde luego hoy aunque me pagaran, no me lopondría salvo para carnaval. El abrigo de mi madre también salió de ls manos de mi abuela.
El corte de la indumentaria de ambos se va normalizando. Mi madre lleva una falda que bien podría firmarla Desigual y mi conjunto salvo por el jersey de cuello alto podría llevarlo para ir a trabajar por ejemplo. Mi madre empieza ganar peso.
Misma fecha con cambio de acompañante. Isidro ya estaba con nosotros.

Los dos eran felices, de eso no cab duda, solo hay que ver las miradas.
Han pasado casi dos años desde la anterior, Ellos ya están casados y yo estoy casi acabando el servicio militar.Mi madre ya tiene cuarenta y dos añós sin embargo se nota que mi abuela ya no cose tanto, este vestido, la barriga, los tobillos más hinchados hace que se vea más mayor de lo que era.
Aquí está mi madre con su uniforme de acomodadora del Palau de la Música Catalana y en su lugar de trabajo.


Ambos siguen en ese estado de felicidad que suele acompañar después de la unión de una pareja durante unos cuantos años. Sin embargo mi abuela refleja cierto halo de tristeza o disconformidad. Es solo una apreciación. Ella empezaba a sus 75 años aproximadamente empezaba a entrar en una fase que la llevaría a una demencia senil.

Y hablando de mi abuela, es muy posible que esta fuera la última vez que se vieran las dos hermanas. Jacinta entre mi abuela y yo y pro detrás mi tío y mi tía.

En esta fotografía estoy viendo las posibilidades de la tienda que nos albergaría las primeras vacaciones de semana santa que viví junto a Teresa y aunque aquí no se puede apreciar, no estaba en un camping sino en la parte trasera de la casa de ella en Palau de Plegamans.
Aquí estoy yo en la bicicleta que nos sirvió de medio de transporte entre San Antonio y el camping en la isla de Ibiza. El bañador horroroso, pero en mis pies se pueden ver las abarcas menorquinas.
Y contraponiendo la playa una de montaña. Coronando el Pic de l'Infern (Pico del infierno) durante una travesía de mas de ocho horas que acabo definitivamente con la tienda que he mostrado antes, tras sufrir una brutal tormenta. En aquella ocasión la guardia civil nos proporciono alojamiento alternativo.
Y aquí estoy yo luciendo uniforme de soldado. sin barba pues estaba prohibida y no sería hasta casi finales del servicio que se permitiría el uso de barbas. Tampoco el pelo largo estaba permitido, aún ahora sigue prohibido.

Y por último la ceremonia de jura de bandera. en presencia de entre otros del capellán castrense.

Continuaré........