martes, 30 de diciembre de 2014

ADIOS 2.014

Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor........

Hola a tod@s:

Se acaba un año y es tiempo de hacer balance.  Como reza la letra de la canción, estos podrían ser los pilares básicos de nuestra vida.

Empecé el año sabiendo que había sufrido un infarto, No lo sentí. Fue un infarto silente, así lo llaman. No me pueden decir cuando lo sufrí y en el fondo, mejor así.  Así a nadie ni a nada puedo cargar la responsabilidad. Lo cierto es que mientras recibía esa noticia, era, a la vez "torturado" por odontólogos y periodoncistas que en aras de salvarme de males mayores, me dejaron casi sin dentadura y me hicieron aumentar mi deuda con la empresa.  Ya no solo pago el renting del coche sino que les debo los esqueléticos que luzco como si de mi dentadura original se tratase.

El comienzo de la primavera, trajo consigo de nuevo el amor a mi vida.  Conocí a Gemma, así con dos emes como si fuera catalana cuando en realidad es madrileña o sevillana como a ella le gusta decir. De ella solo puedo contar cosas buenas.  No sé, tal vez sea que estoy enamorado, pero lo cierto es que con su aparición regresaron las ganas de vivir y a su vez el deseo de compartir con ella los días que me resten de vida, que espero que a pesar de mi corazón, sean aun bastantes.

El dinero no ha llamado a mi puerta y creo que no lo hará nunca. Fluye cada mes en forma de sueldo, como compensación a un trabajo realizado en unas oficinas ubicadas en un lugar aislado del bullicio de la ciudad tal y como era antes. No estoy ni mejor ni peor. Hace tiempo que ya perdí las esperanzas de mayores responsabilidades y no por mi edad, hay quien con mi edad ha visto recompensada su dedicación y trabajo de forma merecida, sino porque creo que fui tan malo o tan bueno que los del siguiente peldaño decidieron mantenerme lejos a perpetuidad.  Yo me conformo con lo que tengo y me siento agradecido, sobretodo cuando veo tanta y tanta gente sumida en el desempleo.

Tampoco en el ámbito de las amistades he mejorado. Se han ido cayendo algunas y han llegado otras. De las que se han ido desvaneciendo, guardo buen recuerdo pero la distancia pesa y en el fondo han sido como nudos que me unían y me recordaban mi anterior relación que se han ido deshaciendo y, por lo tanto, desvinculándome  de lo anterior.

También esa relación que no terminó ella sino que se fue muriendo poco a poco, aunque ella fuera la que pusiera el punto y fin, un punto y fin light, porque según decía, debíamos seguir siendo amigos, ha ido siguiendo su natural desvanecimiento, como un cadáver que se pudre lentamente.

Otras amistades son como el río Guadiana que aparece y desaparece. Son amistades retomadas por el interés de quien quiere saber, por el interés de quien quiere sembrar el odio, sin saber que ya he amado y he odiado todo lo que debía y que ya no queda sino el recuerdo de un tiempo pasado, unas experiencias vividas sin más.

Las nuevas amistades, son como el aire fresco. Tienen todo por ofrecer y el tiempo dirá si realmente valen lo que se espera de ellas. Y a la inversa, es de suponer, que también desde el otro lado se ven las cosas de forma parecida.

El año también se va habiéndose llevado a personas que en su día me fueron muy próximas y también, como citaba antes, no guardo ni rencores ni pasiones por ellas. Fueron buenas personas e hicieron, quiero pensar que fue así, lo que creyeron era mejor para todos. Así que a todos ellos mi aséptico recuerdo, sin rencores, sin reproches y con tristeza por su partida.

En el terreno familiar, el año se va dejándome la evidencia de que me hago mayor. Y lo veo mirando a mis nietos, mirando a mi otra Gemma o a David. Gusta ver como crecen como evolucionan como aun siguiendo siendo niños, lo son un poco menos, casi de forma imperceptible, y como sus padres, mis hijos, van clavando más y más sus pies en  el suelo, signo inequívoco de la madurez, aunque algunos parezca que nunca lo hayan hecho o acaso lo hayan hecho sin demasiada convicción.

Más o menos así ha sido el año, salvo en lo sentimental, ni mejor ni peor que los anteriores.  He vivido, he querido, he luchado y sigo vivo. Eso es lo importante.  Hoy soy un poco más viejo, quizá a la vez, un poco más niño y sino más sabio, si más experimentado.

No sería yo mismo, ni me sentiría en paz conmigo si acabara sin pedir perdón a aquellos que haya podido ofender, a los que haya fallado de una u otra forma, a los que haya decepcionado. Si la vida me sigue dando oportunidades, intentaré mejorar y corregir mis defectos.

Pero no solo pido perdón. También quiero dar las gracias a aquellos que me han tendido una mano, o los que como tu, Gemma, me has abierto tu corazón y me lo has entregado de forma desinteresada.

Y también a vosotr@s lectores anónimos quizá inexistentes pero a los que dedico mis sentimientos y mi forma de ver la vida.

A todos vosotros que Dios como lo entendáis, os bendiga y larga vida.


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