domingo, 3 de agosto de 2014

ANA P.

Hola a tod@s:

Aunque todo parece indicar que mi relación con Ana era una balsa de aceite, lo cierto es que no era así. Una de las primeras disputas incluso antes de que viviéramos juntos fue a cuenta de otra Ana.

Como ocurriera con otras mujeres, conocí a Ana P. en un chat una noche de finales de Mayo de 2004 Ana P. es una mujer diez años más joven que yo, nacida en Galicia aunque casi recién nacida se trasladó a Buenos Aires. La historia de Ana P. aunque no entraré en demasiados detalles es cuanto menos casi increíble.

Ana P. es enfermera y ejerce como tal y casi como encargada en una clínica privada en Buenos Aires. Se casó con un hombre separado y con un hijo cuya madre biológica renunció no solo a su custodia, sino a cualquier trato con él. Ana P. lo adoptó como si fuera su propio hijo y pasados los años cuando se separó de su marido continuó con el niño, que hoy es ya un hombre hecho y derecho. Es decir, su amor por este ser pudo más que cualquier otro lazo de sangre y para ella siempre será su hijo.

Como en otras ocasiones Ana P. entró o yo entré en su vida en un momento muy delicado. Para ella yo fui su tabla de salvación cuando se encontraba en un proceso depresivo muy severo y poco a poco fue saliendo de él. Entre nosotros, la promesa, el proyecto o la ilusión, llamadlo como queráis de que un día nos podremos conocer y tomar un café juntos o un almuerzo o una cena o todo ello si es posible, hizo que al menos tuviera una ilusión más.

Es una tarea harto difícil y aunque la vida me ha puesto delante las posibilidades económicas de hacer ese viaje, siempre han surgido circunstancias que lo han impedido o lo han pospuesto, quien sabe.

Ana P. se enamoró de mí aunque fuera un amor platónico pues ella siempre ha sido consciente de que primero Julia mi esposa, Asun y Ana después estaban por delante de ella. Cuando conocí a Ana y se lo dije, se alegró por mi, pero se que lloró mucho porque con esa relación perdía esa ilusión y una buena parte de la complicidad que teníamos.

Entre nosotros era de uso común el que me llamara bebé o que me dijera que me quería mucho o yo a ella y eso fue algo que Ana descubrió aunque yo no había escondido que mantenía correspondencia con ella y que le sentó extremadamente mal y que nos llevó a nuestra primera gran discusión que no sería la última aunque si por este tema. Seguí y sigo escribiéndome con Ana P. a quien el destino o la vida ha continuado tratando de forma muy cruel. Además de soportar una situación económica muy difícil, tuvo que ir soportando las intromisiones de su ex-marido que en una ocasión intento violarla, según me explicó, aunque por indicaciones de los abogados y bajo promesa de que acudiría a terapia, retiró la denuncia. Lo cierto es que de poco debió servir esa terapia pues tiempo después volvió a las andadas y en esta ocasión allanó la vivienda de Ana P, destrozó mobiliario y consumó la violación.

Tal vez por todo lo vivido, por todas las bofetadas que le da la vida, se entienda que yo mantenga ese vínculo de amistad con ella y que semana a semana le escriba poniéndola al día de lo que acontece en mi vida y que espere noticias de ella, lo cual se produce una vez cada mes o mes y medio ya que no puede costearse el acceso a internet y lo tiene que hacer a escondidas en su trabajo o acudiendo a un ciber.

Ella sabe y acepta que nunca habrá nada más que una buena amistad y yo mantengo y cultivo esa amistad. De hecho ha tenido ocasión de devolverme el apoyo que yo un día le brindé y lo ha hecho respondiendo con creces en momentos muy duros para mí y que aún no han sido explicados.

Es pues, lo que se espera de un amigo: Alguien que acude sin ser llamado en adversidad y que se alegra de tus triunfos y logros cuando la vida te sonríe.

Ana pues, no diré que descubrió, pues ya sabía de la existencia de Ana P. pero si de los términos cariñosos que empleábamos en nuestros correos, porque vio y no diré como, un correo electrónico mío y eso no le gustó en absoluto.

Lo que si diré es que yo al cabo de un tiempo, estando en casa de sus padres fisgué en su correo y descubrí que Ana mantenía correspondencia con alguien que aunque ajeno a la familia estuvo muy próximo a ella pocos años antes, y de quien yo pensaba que se había cortado todo contacto. No era así y con el tiempo llegué a saber más cosas. Puedo entender, llegados a este punto que si alguien sigue este blog, pueda sentir curiosidad y que le gustaría que explicara con lujo de detalles más sobre este asunto, pero también es fácil de entender que yo no tengo ningún derecho a sacar a la luz acontecimientos que pertenecen a la intimidad de otra persona y que en estos momentos podrían causarle más mal que bien.

Así que todo esto quedará entre los protagonistas y por lo que a mí se refiere no saldrá a la luz nada de nada.

Únicamente diré que mi falta tuvo su castigo en el hecho de que se despertó en mí algo que jamás había sentido: Celos.

Continuaré............

lunes, 7 de julio de 2014

EL PRINCIPIO DE UNA NUEVA VIDA

Hola a tod@s:

Si algo he de decir de los padres de Ana o de su familia en general, son bondades.  No me cabe decir lo contrario.

Desde esa primera visita, yo fui tratado y presentado ante cualquier persona fuera familia, amigos, compañeros de trabajo o simplemente conocidos como el novio de Ana y lo hicieron siempre sin el menor atisbo de vergüenza por los comentarios que la manifiesta diferencia de edad pudieran suscitar.

Y aunque no es fácil de llevar tener por yerno a alguien de tu edad, o ser bisabuelos antes de ser abuelos, insisto en que yo me sentí como uno más de la familia desde un principio.

El tiempo iba transcurriendo y la madre de ella planeaba que estudiase carrera en Sevilla y que se alojase en una casa del Opus donde a cambio de hacer algunos trabajos le permitirían vivir sin problema económico alguno.

Ni que decir tiene que no ella ni yo estábamos por esa labor pero sabíamos que debíamos dar tiempo al tiempo.  En mis visitas a la casa de sus padres yo me alojaba en la que fue la casa de su hermano Raúl a quien no llegué a conocer salvo por las múltiples historias y anécdotas que de él me explicaron.

Raúl había fallecido un par de años antes victima de una larga enfermedad y eso marcó muchísimo a toda la familia. Aquejado de problemas de movilidad cuando los padres se embarcaron en la compra del chalet, hicieron construir una casa en el extremo de la parcela donde él podía hacer una vida de casi total independencia. Una vez fallecido aquella casa se convirtió en casa de invitados y durante muchos años la casa de Ana y mía siempre que íbamos a ver a sus padres y familia.

Cuando hablo de familia, hablo de una institución para todos ellos. La familia es un valor esencial y nada se concibe sin ella. Los más allegados eran los hermanos de Pepi, su madre y en concreto su hermano Antonio al que todos llaman Popo así sin acentos. Este hombre que fue de los primeros en contraer matrimonio con otro hombre fue junto a su pareja el mejor paladín para defender que estuviéramos juntos, no en vano Ana ha sido siempre su sobrina preferida.

Así que semana a semana fueron minando la resistencia inicial de sus padres quienes acabarían dando su permiso para que Ana se trasladase a estudiar a Barcelona conviviendo conmigo, hecho que se produjo oficialmente en el mes de Setiembre de 2.007

Para mí las prioridades estaban claras. Que Ana cursase su carrera universitaria y la sacase adelante en el tiempo establecido y viajar cada mes hasta Cádiz para poder visitar a sus padres y a la familia que se pudiera.

Con ese compromiso vino y lo hizo de una forma agridulce.  Ana se trasladaba junto con su madre, su tío y otros tíos y primos que venían a Barcelona para la boda de un primo de Ana. Casí coincidía con su cumpleaños y tras la boda nosotros como si fuéramos los novios viajaríamos a Venecia y ya de regreso se iniciaría nuestra vida en común.

Pocas horas después de tomar tierra en Barcelona, lo que dio el tiempo de saludar a su hermano, Antonio el tío de Ana sufría un Ictus severo que lo dejaría ingresado en el Hospital del Valle de Hebrón durante unas semanas y que le dejo por secuela el no poder hablar y la paralización de un brazo y serios problemas de deambulación. Por eso digo que el inicio de esa vida en común fue agridulce.

Nuestro viaje a Venecia fue digno de recordar fueron pocos días pero muy intensos. La vuelta a la rutina se hizo difícil y al principio a Ana se le puso muy cuesta arriba. Una ciudad mucho más grande que su Cádiz natal, gente nueva, separada de sus padres, familia y amigos y enfrentándose a las responsabilidades de una vida en pareja.  Sé que hubieron personas que apostaban a que esa relación no iba a durar y que Ana acabaría regresando a su casa. No fue así. Ana es una persona fuerte con una cabeza muy bien amueblada y con sus ideas y metas muy claras. Poco a poco fue centrándose y supo tomar las riendas de la casa como si lo hubiera hecho siempre.

El siguiente reto era como encajaría Ana con Isidro y con mi hija Gemma y David. Con Isidro hubo complicidad desde el principio y es que Isidro como ya he explicado era especial y muy difícil de que no cayera bien a alguien.  Con mi hija debieron pasar unos meses, pocos, para que se conocieran pero también hubo una gran complicidad en buena parte por la escasa diferencia de edades entre ambas, así que Ana paso a convertirse en una amiga o en esa hermana menor que Gemma no tuvo.

Al principio vivíamos en un estudio amueblado en Gavá no estaba en el pueblo sino al lado de la autovía, con una sola habitación interior y un salón cocina todo en un solo ambiente y un cuarto de baño. Un sitio muy reducido pero era nuestra casa y vivíamos bien.

Volver a recomenzar la vida, volver a empezar de cero es una tarea difícil pero cuando tienes la ilusión de hacerlo en pareja se hace mucho más fácil.

Ana y yo hablamos muchas veces de casarnos, y aunque en principio lo teníamos muy claro y contábamos con la aprobación de sus padres, empezamos a retrasarlo hasta que acabase la carrera primero y luego sin fijar fecha o momento. También nos planteamos la posibilidad de tener hijos pero tampoco esto se llevó a cabo pero hablar de eso ahora es avanzar cosas de las que aún no toca hablar.

Continuaré.....

miércoles, 2 de julio de 2014

LOS PADRES DE ANA

Hola a tod@s:

Una semana más tarde de haber comunicado mi decisión de divorciarme de Julia, era un jueves, Ana me llamó al mediodía. Yo recien había salido del restaurante al que había ido a comer cuando me dijo que su madre se había enterado que manteníamos conversaciones y llamadas y que quería hablar conmigo. Me puse al teléfono y estuvimos hablando unos minutos, quería saber quien era, cuantos años tenía si estaba casado o no, etc.

Al acabar me anunció que iba a decírselo a su marido y que no sabía como lo iba a tomar. Yo expliqué que había prometido que cuando esto sucediera estaría presente y que en consecuencia era mi intención salir de inmediato para su domicilio. así que de forma precipitada le dije a Ana que me iba a poner en camino ya.

Recuerdo que subí al despacho y de forma precipitada y casi sin derecho a réplica le espeté a mi jefe que me iba y que me tomaba el día siguiente a cuenta de vacaciones.  Acto seguido marché corriendo a casa, tome cuatro piezas de ropa y sin tener demasiado conocimiento de por donde debía ir, ni a que hora iba a llegar, tomé carretera y empecé mi viaje al sur.

De tanto en tanto, paraba para hablar con Ana. He de explicar que mi coche no disponía de manos libres, ni contaba con GPS navegador, así que cada conversación significaba que debía parar el coche en el arcén o en alguna gasolinera.

De las conversaciones mantenidas supe que el padre de Ana no se lo había tomado para nada bien y que se había ido de casa sin decir donde iba ni cuando iba a volver. Fue a media tarde y cuando yo ya llevaba cuatrocientos kilómetros más o menos cuando Ana me dijo que su padre quería hablar conmigo.

El tono de su voz hablaba por si solo. Ya puede girar su coche y volverse a casa fueron sus primeras palabras tras saludarnos. Palabras a las que yo respondí que no. Que soy hombre de palabra y que habíaprometido estar alli y allí estaría. Que entendería que no quisiera recibirme en su casa, pero que eso no iba a hacerme desistir de acudir.  Siguió insistiendo para que cancelara mi viaje peor viendo que no iba a cambiar mi actitud, trató de desanimarme diciendo que no me podía ofrecer alojamiento, pero mi voluntad ya era manifiesta de estar allí y de querer explicarme.

Llegaba sobre las dos de la madrugada y Ana salió a mi encuentro, aún lo recuerdo, de una calle entre medio de la niebla. Buscamos los dos una habitación en un hotelucho y allí pasamos la noche temiendo lo que podía acontecer al día siguiente y haciendo mil cábalas.

El viernes, amaneció soleado y Ana acudió a sus clases y tras ellas me volví a reunir con ella y estuvimos paseando por la playa haciendo tiempo hasta las cinco, hora en que más o menos llegaría su padre a casa.
Entre otras cosas decidimos que yo diría una edad cinco años menor de la que tengo y que llegado el caso Ana explicaría que era cinco años mayor d elo que en realidad es. también acordamos que yo diría que ya estaba separado, por no tener que andar dando detalles del acuerdo de permanecer en el domicilio conyugal hasta la boda de mi hija. Por último decidimos maquillar la forma en que nos conocimos diciendo que fue a través de una tercera persona.

No es que me gustase tenerme que presentar falseando las cosas, pero todo me hacía pensar que de no hacerlo podría llegar a ser muy difícil que los padres de Ana me aceptasen.

Llegado el momento fui recibido en su chalet. La seriedad y el semblante de sus caras no hacían presagiar nada bueno y cuando empezó la reunión familiar, sus padres sentados frente a mí, su hermano a mi lado y Ana tras de mi, me hacían sentir bastante incomodo.  Opté por dejarles hablar y retener todo lo que dijeran en mi memoria para responder punto por punto después.

Así escuche como me recriminaban que por mi edad no hubiese puesto la cordura necesaria para poner fin a aquella incipiente relación o como amenazaban con poner todos los medios a su alcance para que esa relación no prosperase.

Por mi parte yo expliqué cuales eran mis orígenes, como había crecido, estudiado y trabajado. Como había intentado poner trabas a esa relación sin demasiado éxito callando que tampoco las trabas las había puesto con mucho interés y recordando que esos medios para poner fin a nuestra relación se podían volver en su contra cuando Ana ya mayor de edad pudiera tomar sus propias decisiones y que no era para nada nuestro interés el fracturar la familia y mucho menos el mío. Al contrario, yo quería y es cierto y creo haberlo cumplido, que  Ana estudiase y sacara adelante su carrera universitaria y que tuviera siempre a su lado a sus padres y hermano.

Debí ser lo suficientemente convincente como para que el padre de Ana acabara aceptando nuestra relación, aunque eso no significase que ella se viniera a vivir conmigo de inmediato.

Y realmente me convencí de que era cierto que no podía albergarme en su casa ya que su hermano había traído a unos amigos. En esos días eran carnavales en Cádiz.

Nuevamente pasamos la noche en el hotelucho y el sábado por la mañana yo emprendía el camino a casa nuevamente entre lágrimas pero con la esperanza de volvernos a encontrar en semana santa. De hecho nos veríamos antes ya que yo me desplacé de nuevo al mes siguiente, esta vez a un terreno neutral, Sevilla.

Continuare............




martes, 1 de julio de 2014

DIVORCIO

Hola a tod@s:

Ana era, es, pues sigue viva, mucho más joven que yo. Nuestro contacto no fue buscando una relación física, estaríamos hablando durante mucho tiempo hasta que nos viéramos por primera vez. Ella vivía en una ciudad de la provincia de Cádiz y cursaba el último curso antes de acceder a la Universidad.

Nuestras conversaciones abarcaban todo lo imaginable, política, sociedad, estudios, también sentimientos. Yo nunca le oculté que era un hombre casado y ella nunca tuvo intención de romper mi matrimonio. De hecho cuando meses después yo decidí poner punto y final a mi matrimonio, Ana me preguntó si lo había hecho por ella, si ella era el motivo de esa ruptura. No. no era ella el motivo de la ruptura, en todo caso, ella la aceleró y precipitó una decisión que estaba anunciada que se iba a producir de todas formas. Tal vez no hubiera sido Ana y hubiera sido cualquier otra persona o simplemente yo hubiera tomado la decisión sin más.

A principios del mes de Febrero, Ana se desplazó a Barcelona. Llegó un viernes y marchó el domingo. Ese mismo día, visité a Isidro y le comuniqué que iba a poner fin a mi matrimonio y que había conocido a una mujer mucho más joven que yo con la que tal vez pudiera iniciar una nueva vida. Isidro lejos de sorprenderse o recriminarme mi actitud, dijo que lo entendía y me confeso por vez primera que tanto él como mi madre nunca vieron con buenos ojos a Juliana pero que jamás quisieron entrometerse ni sembrar discordia entre nosotros. Esto fué algo que realmente me sorprendió pues no lo hubiera imaginado antes. De hecho no es que hubiera mucho roce entre ellos pero cuando Isidro estaba ya a las puertas de la muerte Juliana lo fue a visitar y también tuvo un recuerdo y manifestó sus condolencias cuando él murió.

También ese mismo día puse el punto y final a la relación mantenida con Asún y también lo comuniqué a otra Ana, esta argentina, con quien sigo manteniendo una sólida amistad.

A lo largo de las conversaciones que mantenía con Ana, esta me pidió en repetidas ocasiones que el día en que tuviera que hablar con sus padres acerca de mí, yo estuviera presente.

El destino hizo que dos semanas más tarde de su visita a Barcelona y solo una semana después de haberle dicho a Juliana que deseaba poner punto y final a nuestro matrimonio, tuviera que desplazarme a casa de Ana para defender ante sus padres y hermano nuestra voluntad de iniciar meses más tarde una relación de pareja.

Pero vayamos por partes. Tras la visita de Ana, estuve dándole muchas vueltas a mi cabeza. Yo no quería bajo ningún concepto volver a engañar a mi esposa y aunque no sabía hasta donde podía llegar aquella incipiente relación con Ana, en la que ni siquiera sabía si iba a haber algo más que nuestras conversaciones y alguna que otra visita ocasional, no me parecía honesto seguir con una relación que ya no podía ofrecer nada más que sufrimientos y rencores.

La verdad es que ella, también lo veía venir y lo único que me pidió fue que mantuviera las apariencias lo mejor que pudiera hasta la boda de nuestra hija Gemma que se celebraría en el mes de Mayo de ese mismo año. Me pareció justa su petición y permanecí en la vivienda común aunque paralelamente yo buscase un nuevo lugar donde vivir.

Mi petición no era de separación, yo quise y pedí desde el primer momento el divorcio, más por miedo a que de necesitarlo en un futuro, no me lo quisiera dar por despecho que por humillarla más.  También propuse que la vivienda se mantuviera ya que era un patrimonio que siempre quisimos ceder a nuestra hija, pero con el derecho de usufructo de la misma para Juliana. También le cedí todos los muebles de la casa y asumí como propia la deuda por el préstamo que para sufragar los gastos de la boda habíamos solicitado y por último le ofrecí una cantidad que era más simbólica que otra cosa a modo de compensación mensual durante cuatro años.

Sin duda hubiera merecido más, pero yo tampoco podía ofrecer más de lo que ofrecí y que fue considerado por su abogado como un acuerdo magnífico que no debía discutir. Y no lo hizo. meses más tarde un juez sentenciaría nuestro divorcio.

Atrás quedaron años de alegrías y tristezas de desvelos por educar y hacer de nuestra hija una mujer capaz de salir adelante por si misma. Juliana que a partir de entonces se hace llamar Julia, ni olvidó ni perdonó. Hoy tras más de ocho años de estar separados aún no somos capaces de cruzar poco más de cuatro lineas en un email. Incluso en los nacimientos de nuestros nietos, no hemos sido capaces de dejar a un lado nuestras diferencias y los hemos tenido que ver por separado y cuidando de no coincidir.

Yo abandoné la que había sido nuestra casa la misma noche en que nuestra hija Gemma se había casado. De hecho yo acompañe a Julia hasta casa y me despedí de ella en el coche.

Al día siguiente, de forma individual ya que ella no se presentó, les dije a mi hija y su ya marido que su madre y yo nos habíamos separado y lo hice entre lágrimas y pidiendo perdón por el daño que les pudiera causar y explicando que había tomado aquella decisión por más que fuera dolorosa por no hacer más daño a su madre que no lo merecía.

Habrá tiempo y espacio de hacer una valoración de la persona y de la relación. Solo haré un apunte. Sin duda alguna Juliana o Julia no se mereció nunca lo que de amargo le tocó vivir. No mereció ser engañada, ni que truncase su más o menos plácida vida por mis decisiones. No lo merecía sin más y no me cansaré nunca de pedir perdón por el mal causado. No es un perdón para pedir una tercera oportunidad. No creo que a estas alturas fuera posible volver a reiniciar una vida en común, ni tampoco creo que de pedirla, me la diera. El perdón que le pido es por todo lo anterior por haberle, permitid me esta palabra "jodido" la vida.

Continuaré......

lunes, 30 de junio de 2014

PROBLEMAS MATRIMONIALES

Hola a tod@s:

Mi entonces esposa, harta de estar sin trabajo, buscó según mi criterio, la forma de obtener ingresos adicionales y lo hizo poniéndose a hacer faenas para particulares. Esto fue algo que nunca llegué a entender y que llevé muy mal. No es porque me parezca un trabajo indigno, sino porque considero que podía aspirar a tareas mejores y que no había ningún tipo de necesidad, salvo, el tener un poder adquisitivo propio para sus gastos, que la obligase a aceptar cualquier trabajo.

Y me fastidiaba que mientras yo me relacionaba por imperativo de mis actividades con personas de un nivel social más elevado, ella se prestase a ese tipo de trabajo.

Ciertamente ese clasismo mío no estaba acertado, pero no era por mí o no únicamente por mí sino también por ella, por querer y entender que podía desempeñar trabajos mejor remunerados y con menor desgaste físico convencido de que su preparación académica y humana le permitía aspirar a más.

El caso es que eso, empezó a distanciarnos. Eso y otros aspectos que por implicarla a ella directamente sin que fuera culpable sino más bien sufridora, creo no debo explicitar más, hicieron que nuestra relación matrimonial empezase a tener "vías de agua"

A eso se añadió ciertas fantasias de carácter erótico que un perito de la compañía empezó a explicar indicando que internet era la panacea para este tipo de aventuras. Yo lo creí y empecé a frecuentar chats con la idea de tener mis propias fantasías. Lo único que conseguí fue iniciar un descenso por una pendiente que me llevó hasta mi divorcio.

Empecé a chatear los viernes y sábados y estaba hasta las dos o las tres de la mañana. Durante ese tiempo solo encontré personas que se sentían muy solas, con muchos problemas y con ganas de desahogarse y al final me implicaba como si yo fuera Dios y pudiera darles solución a sus problemas. Realmente fue una época en la que me comporte como un imbécil. Mi esposa me recriminaba esta práctica, pero yo lejos de reconocer mi error me sentía ofendido. Yo podía estar en el chat y seguir con mi día a día, con mi vida de pareja o al menos eso creía.

En los días finales de la primavera de  2.004 conocí en un chat a una mujer, Asun, casada con dos hijas y muy simpática, hasta el punto que por cámara conocimos a su marido y digo conocimos porque hice que se implicase a mi esposa. Poco a poco ambas fueron trabando amistad.  Ese año celebrábamos nuestras bodas de plata y decidimos regalarnos un viaje a la República Dominicana. Los preparativos iban muy bien, había ilusión de hacer ese viaje y todo parecía indicar que podía ser la solución a ese bache. Durante el viaje recibí un par de llamadas de Asun y eso disgustó a mi esposa, sobretodo porque yo recibía mensajes de  madrugada aunque no eran de Asun sino de otra mujer del que no recuerdo el nombre y que me saludaba en horas normales de España pero que con el cambio de horarios hacía que fueran muy intempestivas.

Tanbién le preocupaba la existencia de una mujer colombiana, catedrática de Psicología en la Universidad de Barranquilla que, esta sí, se enamoró perdidamente de mí y me propuso que me fuera a vivir con ella a Colombia donde con sus contactos con el gobierno de Bogotá y mis conocimientos en seguros y riesgos industriales, podría montar una empresa de seguridad contra incendios y robo. Nunca se me pasó por la cabeza dejar España pero mi esposa a quien había comentado como anécdota esa propuesta, la tomó muy en serio. Lo cierto es que a pesar de su reticencia al principio, fue trabando amistad con Asun y con ella comentaba sus preocupaciones y Asun me las transmitía a mi, así que hacia de mediadora, hasta que un día por teléfono se me declaró y yo que debí poner fin a esa locura en aquel momento, no solo no lo hice sino que se me inflamó el ego y le dí alas pensando además que como estaba a más de cuatrocientos kilómetros de distancia no iba, no podía pasar nada. Iluso de mi.

A tal punto llegaba nuestra amistad que decidimos que ambas parejas nos veríamos al natural y elegimos las fechas próximas a San Juan. La cita solo sirvió para que ella con excusas me besara, para que su marido, percibiendo algo, se mosquease mucho y para que yo saliera hecho un lío. Una semana más tarde la volvería a ver y un par de semanas más tarde su marido llamaría a mi esposa y le espetaría que su mujer y yo teníamos un affaire.

Nuevamente mi reacción fue la de no querer aceptar mi culpabilidad y tratar de escapar adelante. Viví en una semiseparación hasta que en Octubre de ese año corté con Asun y decidí pedir perdón y suplicar una nueva oportunidad.

Asun no desapareció de mi vida. Habiendo solicitado la separación, se sumió en un estado de depresión y siguió contactando conmigo. Yo en un principio me volqué de nuevo hacia mi esposa y, así celebramos mi cincuenta aniversario, pero hacia el verano de 2.006 las cosas se volvieron a torcer. Fuimos de vacaciones al País Vasco y volvieron a haber discusiones y los rencores por ambas partes salieron a la luz. Era evidente que las cosas no iban bien, yo me sentía mal, era como si tuviera un dedo acusador que día a día me señalara.

Poco a poco volví a entrar en chats, esta vez lo hacía por las tardes. Ella trabajaba en un centro de atención telefónica sin dejar sus faenas y yo aprovechaba esas horas de las tardes que yo disponía para chatear y allí fue donde contacté con Ana.




martes, 3 de junio de 2014

PORQUE DIMITI

Hola a tod@s:

Tal como llegué me fui. Mi paso por la política municipal fue corto comparado con el de otras personas y a diferencia de otras muchas, la mayoría diría yo, nunca sentí ni viví la erótica del poder ni ansié trepar o sentarme en una poltrona indefinidamente.

Para mí la política era y aún hoy entiendo que debe ser, la forma de servir a la comunidad atendiendo a sus necesidades y peticiones de la mejor manera posible siendo esta prioritaria y con independencia de los colores, creencias o ideas políticas y/o religiosas. Lo primero las personas y después mis ideas que trataré de aplicar en las soluciones que deba dar. Tal vez no era un político al uso.

Durante mi paso por la política, he sido testigo de como a un colectivo se le decía una cosa y se le hacía una promesa y tras salir por una puerta entraba el otro colectivo enfrentado al primero y se le prometía justo lo contrario que a los primeros. He visto como se ha negado el uso de un solar para actividades sociales y lúdicas de una determinada asociación esgrimiendo razones que no se sustentaban y poco después se organizaba un evento contraviniendo esas mismas normas a las que se había apelado o he sido mudo testigo de como se llenaban la boca diciendo que se dialogaba con cierto colectivo y luego se azuzaba a la policía contra el mismo.

Un domingo volviendo de casa de mis suegros, recibí una llamada al móvil que atendió mi esposa. Era la presidenta de los artesanos del distrito que se hacía eco de las quejas de un miembro de dicho gremio que sufría molestias por parte de unos okupas. No era algo que me afectase a mí directamente, ni a las áreas que representaba, así que el hecho de que me tomase a mí como referencia, debía de enorgullecerme y lejos de ello, me sentí enojado porque me ponían un nuevo problema. En ese momento me di cuenta que no estaba obrando bien y que no estaba actuando de acuerdo a mis ideas. Al día siguiente presentaba mi dimisión como conseller del distrito.

No se entendió bien porque lo hice y al contrario de lo que se había hecho con otros consellers incluso dimisionarios como yo, no hubieron reconocimientos, ni los necesité porque el mayor reconocimiento era el de la gente de la calle que me saludaban y aún hoy me recuerdan.

Pese a llevar el ámbito de seguridad, y que se desalojaron varias casas ocupadas, aunque yo me enterase a tiempo pasado, nunca recibí una amenaza de dicho colectivo ni fui increpado y me siento orgulloso de haber mantenido mas de una charla cordial con algún que otro representante de sus asambleas. Creo que se les ha criminalizado en exceso y opino que dentro de ese colectivo como en cualquier otro hay gente buena y mala gente.

Durante ese tiempo y tras el tema de las listas electorales municipales, también tuve un par de reuniones en una conocida charcuteria de la Plaza Molina con Diana Garrigosa para ver que salida airosa se le podía dar a Xus Ochoa. El nunca lo supo y por el contrario, me acusó de ser una persona fría y calculadora que actuaba en mi propio beneficio. Que equivocado estaba, la verdad es que me supo mal ese enfrentameinto y aún hoy en día esa afirmación me da vueltas en la cabeza.

De mi paso por este mundo, obtuve la suerte de conocer con mayor profundidad a una serie de personajes públicos, como Maragall, Pujol, Obiols, Clos, etc. Unos me sorprendieron para bien, otros me decepcionaron tanto como políticos como por personas. Mientras unos fueron carismáticos, otros ni con una legión de asesores podían aspirar a tener ni un mínimo de ese carisma al que me he referido.

También mi nombre empezaba a sonar en el PSC y me propusieron editar una revista de comercio. En realidad lo que se me pedía era que hiciera de "negro" para un diputado que llevaba dicho ámbito. A cambio, se me abría la posibilidad de acceder en lugar destacado en las siguientes listas al Parlament y por lo tanto la más que probable posibilidad de ser igualmente diputado.

También eso rechacé, porque no quise ser un lameculos de nadie. Así que tras mi dimisión como conseller, presenté mi dimisión como conseller de federació del PSC y finalmente me di de baja como militante. Lo hice cuando vi hasta que punto puede llegar la miopía política o la estupidez humana y fue después de unas elecciones en las que el PSC recibió un serio castigo y los dirigentes y barones del partido se esforzaron, a puerta cerrada, a negar lo evidente. Recuerdo que en aquellos días dije lo siguiente: Renuncio a las personas pero no renunciaré a mis ideas.

Tiempo después fui llamado por el Secretario de Organización del PSCque después llegó a ser alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, quien me sugirió que estuviera un tiempo en la sombra para después volver con el apoyo del aparato del partido a la agrupación de Gràcia y hacerme con la secretaría general. Tampoco eso me tentó.

Si como he dicho no obtuve, ni busqué ningún tipo de prebendas, tampoco busqué pero si obtuve un desgaste notable, desde mi salud que se tradujo en unos episodios de visión doble debido al stress y falta de descanso hasta un desgaste de mi vida personal y matrimonial.

Aunque no recibiera amenaza alguna, la posibilidad de un atentado de ETA era real pero mientras en otros consistorios se ponían guardaespaldas a los concejales, en Barcelona solo los regidores del Ayuntamiento tenían derecho a ellos. Los concejales de distrito solo podíamos aspirar a recibir unas charlas de un alto mando de la Guardia Civil sobre medidas preventivas no para evitar un posible atentado sino para dificultar la comisión de este o desanimar a los potenciales ejecutores y que así buscaran una víctima más fácil. Eso sí, se nos decía que nosotros teníamos contravigilancia, es decir personas que vigilaban si eramos vigilados, una tontería que no sé si alguien llegó a creer, yo no.

Continuaré......





lunes, 26 de mayo de 2014

CONSELLER DE DISTRITO

Hola a tod@s:

Ayer apuntaba tres hitos importantes de los años noventa y empecé a explicar mi aterrizaje en la política.
Hacía poco que el partido socialista de Cataluña, había perdido una vez más las elecciones a la Generalitat de Cataluña. Desde el restablecimiento  de la democracia, en Cataluña las instituciones habían estado repartidas entre el PSC (Partido Socialista) que gobernaba las principales ciudades y CiU (Convergencia i Unió) que gobernaba en la Generalitat o lo que es lo mismo el gobierno de la comunidad.

Una y otra vez los socialistas intentaban alcanzar la Generalitat, primero con Joan Raventós y después con Raimón Obiols pero una y otra vez fueron derrotados por Jordi Pujol.

Yo que desde hacía años participaba de iniciativas como la promoción del Congres de Cultura Catalana, las diferentes campañas en defensa del idioma catalán, la amnistía, el estatuto de Cataluña, etc. pensé que tras esa nueva derrota en unas elecciones autonómicas, era el momento de implicarme del todo en la política. Otros se habrían apuntado al carro de los ganadores, pero yo lo hice en el de los vencidos yendo contracorriente de muchos que no viendo muchas posibilidades huían de las filas socialistas.

Cuando me acerqué a la agrupación y dije que quería ver primero como funcionaba la agrupación, poco podía pensar lo que me iba a encontrar.  Me encontré en medio de una guerra abierta entre dos facciones dentro de una agrupación que contaba con unos cuatrocientos militantes aproximadamente.

Una agrupación, donde a pesar de que en ayuntamiento de la ciudad los socialistas habían ganado, no era igual en el distrito de Gràcia donde Convergencia disponía de las concejalías de distrito más importantes.
En definitiva, pude comprobar como hasta en el nivel más bajo las luchas internas, intrigas, traiciones están al orden del día y como cada bando se nutre de arribistas y trepas que solo tienen por objetivo sacar tajada para su propio interés.

Con ello no quiero decir que no haya personas íntegras, magníficas dispuestas a hacer un favor a quien lo precise,  pero eso no es lo vistoso y lo contrario si.

Yo no entraba con intención de tomar partido por unos o por otros aunque fue inevitable que no acabara encasillado primero por unos y voluntariamente alineado después con una de las facciones en lucha.
En la agrupación de Gràcia, militaba, aunque yo no lo sabía, la mujer del alcalde pascual Maragall ya que vivían en un edificio en el extremo más al norte del Distrito. Pascual Maragall, no obstante, militaba en otra agrupación y así de esa forma se repartían.  Pero Diana Garrigosa no era la única militante importante de esa agrupación.  En Gràcia militaba Juli Busquets que fue comandante del ejército y miembro de la UMD (Unión Militar Democrática) Ana Balletbó que era diputada en el Congreso Español cuando el fallido golpe de estado de Tejero o Isidre Molas que llegó a ser Senador pero que en aquel momento era catedrático de derecho constitucional.

Como expliqué ayer, yo empecé a participar en las enmiendas a las ponencias del congreso que el partido iba a celebrar en fechas muy próximas. Mi labor al principio fue la de dar forma escrita a algunas enmiendas si bien la capacidad de estar redactando y al mismo tiempo pensando y opinando sobre lo que otros estaban debatiendo y esa fue lo que le llamó la atención a Diana Garrigosa.

Meses más tarde y después de haber coincidido de nuevo en una cena a la que asistió el humorista Manuel Gila con el matrimonio Maragall, al cual saludé pero sin buscar proximidad, y haber asistido a una cena en el Hotel España de apoyo a Raimón Obiols, recibí una llamada telefónica.

Era un sábado y volvíamos de cenar con mis tíos paternos. Recibí una llamada de Albert Mussons que era el portavoz del grupo socialista en el distrito y me preguntó si podría estar interesado en ser conseller del distrito. Tras veinticuatro horas de reflexionarlo y de hablarlo di mi respuesta afirmativa.

Se me pidió, y  he de decir que lo cumplí a rajatabla, discreción absoluta ya que era un movimiento de gente importante. El concejal técnico que tenía la regidora Teresa Sandoval, lo iban a apartar y entraría uno nuevo y en su lugar se precisaría otra persona que era yo.

Llegado el día de la votación, se presentó otra alternativa bajo la persona del Josep Vinyals, pero la intervención muy sutil de Diana Garrigosa, diciendo que ella se iba a abstener de votar pero que veía en mí una buena persona y una buena oportunidad para el distrito hizo que la balanza se decantara a mi favor.

Al principio era solo un concejal suplente en la ponencia de comercio y en la de asuntos sociales, estábamos a mediados de legislatura y deberían pasar dos años más hasta que yo tomase las riendas de dos ponencias.

Aquellos dos años me sirvieron para ir tomando experiencia y darme a conocer entre el tejido social del distrito pero también dentro de la Agrupación donde fui tomando cada vez mayor importancia.
En la agrupación las luchas internas no cesaron y una vez derrotada la facción que dirigía la misma, Xus Ochoa, su mujer Pilar Mallofré, Albert Mussons y Jordi Alfonso tomaron las riendas, pero era una alianza muy frágil como el tiempo se encargaría de demostrar.

A medida que avanzaba el tiempo y se acercaban las elecciones municipales, cada cual iba moviéndose en las sombras. Albert Mussons quería aprovechar su presencia en el ayuntamiento de Gràcia como portavoz del grupo socialista para ser el futuro regidor del distrito, esa era su meta.  Pero también a Xus Ochoa le había picado el veneno del poder y anhelaba hacerse con la regiduría.

Cuando creí llegado el momento, tomé partido y lo hice a favor de Ochoa. El motivo? Le creí más transparente. Hice y publiqué una carta abierta a él para solicitarle que aspirase a ser candidato a regidor. Al mismo tiempo, le comuniqué a Mussons que no le iba a apoyar, algo que le sentó francamente mal, pero era lo que era y yo preferí decírselo a la cara que no apuñalarlo por la espalda.

Empecé a asesorar a Ochoa, a acompañarlo y este me anunció que si salía regidor yo sería su consejero técnico, su mano derecha, algo que significaría que quedaría liberado de mi trabajo con excedencia y viniendo obligados a readmitirme después.  Algo tentador aunque no era mi sueño.

Llegado el momento de presentar las candidaturas a las listas, cada cual jugó sus fichas y ambos jugaron sucio, yo fui la única voz que en el consejo de federación manifesté mi desacuerdo con la lista presentada enfrentándome al ya alcalde Joan Clos. Me fastidiaba que Ochoa no hubiera salido, pero no por él sino por los militantes. Empecé a ver claro que  dentro de los partidos existe una élite que se alimenta a sí misma, una élite a la que no es fácil acceder pero que si lo logras tienes asegurado el futuro.

Yo empecé a progresar. Cursé estudios de cuadro medio del partido en la Fundación Campalans donde coincidí con la entonces concejal en el Ayuntamiento de Esplugues de Llobregat, Carme Chacón. Fue en el transcurso de ese curso en el que recriminé a Isidre Molas ese elitismo precisamente en un partido que repudia las clases sociales, que pregona la igualdad i que en realidad, promueve justo lo contrario.

Pasadas las elecciones, la regiduría de Grácia recayó en Ferran Mascarell y yo pasé a ser concejal de Comercio y Seguridad Ciudadana, atribuciones que llevé hasta que presente mi dimisión.

Continuara......