lunes, 26 de mayo de 2014

CONSELLER DE DISTRITO

Hola a tod@s:

Ayer apuntaba tres hitos importantes de los años noventa y empecé a explicar mi aterrizaje en la política.
Hacía poco que el partido socialista de Cataluña, había perdido una vez más las elecciones a la Generalitat de Cataluña. Desde el restablecimiento  de la democracia, en Cataluña las instituciones habían estado repartidas entre el PSC (Partido Socialista) que gobernaba las principales ciudades y CiU (Convergencia i Unió) que gobernaba en la Generalitat o lo que es lo mismo el gobierno de la comunidad.

Una y otra vez los socialistas intentaban alcanzar la Generalitat, primero con Joan Raventós y después con Raimón Obiols pero una y otra vez fueron derrotados por Jordi Pujol.

Yo que desde hacía años participaba de iniciativas como la promoción del Congres de Cultura Catalana, las diferentes campañas en defensa del idioma catalán, la amnistía, el estatuto de Cataluña, etc. pensé que tras esa nueva derrota en unas elecciones autonómicas, era el momento de implicarme del todo en la política. Otros se habrían apuntado al carro de los ganadores, pero yo lo hice en el de los vencidos yendo contracorriente de muchos que no viendo muchas posibilidades huían de las filas socialistas.

Cuando me acerqué a la agrupación y dije que quería ver primero como funcionaba la agrupación, poco podía pensar lo que me iba a encontrar.  Me encontré en medio de una guerra abierta entre dos facciones dentro de una agrupación que contaba con unos cuatrocientos militantes aproximadamente.

Una agrupación, donde a pesar de que en ayuntamiento de la ciudad los socialistas habían ganado, no era igual en el distrito de Gràcia donde Convergencia disponía de las concejalías de distrito más importantes.
En definitiva, pude comprobar como hasta en el nivel más bajo las luchas internas, intrigas, traiciones están al orden del día y como cada bando se nutre de arribistas y trepas que solo tienen por objetivo sacar tajada para su propio interés.

Con ello no quiero decir que no haya personas íntegras, magníficas dispuestas a hacer un favor a quien lo precise,  pero eso no es lo vistoso y lo contrario si.

Yo no entraba con intención de tomar partido por unos o por otros aunque fue inevitable que no acabara encasillado primero por unos y voluntariamente alineado después con una de las facciones en lucha.
En la agrupación de Gràcia, militaba, aunque yo no lo sabía, la mujer del alcalde pascual Maragall ya que vivían en un edificio en el extremo más al norte del Distrito. Pascual Maragall, no obstante, militaba en otra agrupación y así de esa forma se repartían.  Pero Diana Garrigosa no era la única militante importante de esa agrupación.  En Gràcia militaba Juli Busquets que fue comandante del ejército y miembro de la UMD (Unión Militar Democrática) Ana Balletbó que era diputada en el Congreso Español cuando el fallido golpe de estado de Tejero o Isidre Molas que llegó a ser Senador pero que en aquel momento era catedrático de derecho constitucional.

Como expliqué ayer, yo empecé a participar en las enmiendas a las ponencias del congreso que el partido iba a celebrar en fechas muy próximas. Mi labor al principio fue la de dar forma escrita a algunas enmiendas si bien la capacidad de estar redactando y al mismo tiempo pensando y opinando sobre lo que otros estaban debatiendo y esa fue lo que le llamó la atención a Diana Garrigosa.

Meses más tarde y después de haber coincidido de nuevo en una cena a la que asistió el humorista Manuel Gila con el matrimonio Maragall, al cual saludé pero sin buscar proximidad, y haber asistido a una cena en el Hotel España de apoyo a Raimón Obiols, recibí una llamada telefónica.

Era un sábado y volvíamos de cenar con mis tíos paternos. Recibí una llamada de Albert Mussons que era el portavoz del grupo socialista en el distrito y me preguntó si podría estar interesado en ser conseller del distrito. Tras veinticuatro horas de reflexionarlo y de hablarlo di mi respuesta afirmativa.

Se me pidió, y  he de decir que lo cumplí a rajatabla, discreción absoluta ya que era un movimiento de gente importante. El concejal técnico que tenía la regidora Teresa Sandoval, lo iban a apartar y entraría uno nuevo y en su lugar se precisaría otra persona que era yo.

Llegado el día de la votación, se presentó otra alternativa bajo la persona del Josep Vinyals, pero la intervención muy sutil de Diana Garrigosa, diciendo que ella se iba a abstener de votar pero que veía en mí una buena persona y una buena oportunidad para el distrito hizo que la balanza se decantara a mi favor.

Al principio era solo un concejal suplente en la ponencia de comercio y en la de asuntos sociales, estábamos a mediados de legislatura y deberían pasar dos años más hasta que yo tomase las riendas de dos ponencias.

Aquellos dos años me sirvieron para ir tomando experiencia y darme a conocer entre el tejido social del distrito pero también dentro de la Agrupación donde fui tomando cada vez mayor importancia.
En la agrupación las luchas internas no cesaron y una vez derrotada la facción que dirigía la misma, Xus Ochoa, su mujer Pilar Mallofré, Albert Mussons y Jordi Alfonso tomaron las riendas, pero era una alianza muy frágil como el tiempo se encargaría de demostrar.

A medida que avanzaba el tiempo y se acercaban las elecciones municipales, cada cual iba moviéndose en las sombras. Albert Mussons quería aprovechar su presencia en el ayuntamiento de Gràcia como portavoz del grupo socialista para ser el futuro regidor del distrito, esa era su meta.  Pero también a Xus Ochoa le había picado el veneno del poder y anhelaba hacerse con la regiduría.

Cuando creí llegado el momento, tomé partido y lo hice a favor de Ochoa. El motivo? Le creí más transparente. Hice y publiqué una carta abierta a él para solicitarle que aspirase a ser candidato a regidor. Al mismo tiempo, le comuniqué a Mussons que no le iba a apoyar, algo que le sentó francamente mal, pero era lo que era y yo preferí decírselo a la cara que no apuñalarlo por la espalda.

Empecé a asesorar a Ochoa, a acompañarlo y este me anunció que si salía regidor yo sería su consejero técnico, su mano derecha, algo que significaría que quedaría liberado de mi trabajo con excedencia y viniendo obligados a readmitirme después.  Algo tentador aunque no era mi sueño.

Llegado el momento de presentar las candidaturas a las listas, cada cual jugó sus fichas y ambos jugaron sucio, yo fui la única voz que en el consejo de federación manifesté mi desacuerdo con la lista presentada enfrentándome al ya alcalde Joan Clos. Me fastidiaba que Ochoa no hubiera salido, pero no por él sino por los militantes. Empecé a ver claro que  dentro de los partidos existe una élite que se alimenta a sí misma, una élite a la que no es fácil acceder pero que si lo logras tienes asegurado el futuro.

Yo empecé a progresar. Cursé estudios de cuadro medio del partido en la Fundación Campalans donde coincidí con la entonces concejal en el Ayuntamiento de Esplugues de Llobregat, Carme Chacón. Fue en el transcurso de ese curso en el que recriminé a Isidre Molas ese elitismo precisamente en un partido que repudia las clases sociales, que pregona la igualdad i que en realidad, promueve justo lo contrario.

Pasadas las elecciones, la regiduría de Grácia recayó en Ferran Mascarell y yo pasé a ser concejal de Comercio y Seguridad Ciudadana, atribuciones que llevé hasta que presente mi dimisión.

Continuara......


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