miércoles, 2 de julio de 2014

LOS PADRES DE ANA

Hola a tod@s:

Una semana más tarde de haber comunicado mi decisión de divorciarme de Julia, era un jueves, Ana me llamó al mediodía. Yo recien había salido del restaurante al que había ido a comer cuando me dijo que su madre se había enterado que manteníamos conversaciones y llamadas y que quería hablar conmigo. Me puse al teléfono y estuvimos hablando unos minutos, quería saber quien era, cuantos años tenía si estaba casado o no, etc.

Al acabar me anunció que iba a decírselo a su marido y que no sabía como lo iba a tomar. Yo expliqué que había prometido que cuando esto sucediera estaría presente y que en consecuencia era mi intención salir de inmediato para su domicilio. así que de forma precipitada le dije a Ana que me iba a poner en camino ya.

Recuerdo que subí al despacho y de forma precipitada y casi sin derecho a réplica le espeté a mi jefe que me iba y que me tomaba el día siguiente a cuenta de vacaciones.  Acto seguido marché corriendo a casa, tome cuatro piezas de ropa y sin tener demasiado conocimiento de por donde debía ir, ni a que hora iba a llegar, tomé carretera y empecé mi viaje al sur.

De tanto en tanto, paraba para hablar con Ana. He de explicar que mi coche no disponía de manos libres, ni contaba con GPS navegador, así que cada conversación significaba que debía parar el coche en el arcén o en alguna gasolinera.

De las conversaciones mantenidas supe que el padre de Ana no se lo había tomado para nada bien y que se había ido de casa sin decir donde iba ni cuando iba a volver. Fue a media tarde y cuando yo ya llevaba cuatrocientos kilómetros más o menos cuando Ana me dijo que su padre quería hablar conmigo.

El tono de su voz hablaba por si solo. Ya puede girar su coche y volverse a casa fueron sus primeras palabras tras saludarnos. Palabras a las que yo respondí que no. Que soy hombre de palabra y que habíaprometido estar alli y allí estaría. Que entendería que no quisiera recibirme en su casa, pero que eso no iba a hacerme desistir de acudir.  Siguió insistiendo para que cancelara mi viaje peor viendo que no iba a cambiar mi actitud, trató de desanimarme diciendo que no me podía ofrecer alojamiento, pero mi voluntad ya era manifiesta de estar allí y de querer explicarme.

Llegaba sobre las dos de la madrugada y Ana salió a mi encuentro, aún lo recuerdo, de una calle entre medio de la niebla. Buscamos los dos una habitación en un hotelucho y allí pasamos la noche temiendo lo que podía acontecer al día siguiente y haciendo mil cábalas.

El viernes, amaneció soleado y Ana acudió a sus clases y tras ellas me volví a reunir con ella y estuvimos paseando por la playa haciendo tiempo hasta las cinco, hora en que más o menos llegaría su padre a casa.
Entre otras cosas decidimos que yo diría una edad cinco años menor de la que tengo y que llegado el caso Ana explicaría que era cinco años mayor d elo que en realidad es. también acordamos que yo diría que ya estaba separado, por no tener que andar dando detalles del acuerdo de permanecer en el domicilio conyugal hasta la boda de mi hija. Por último decidimos maquillar la forma en que nos conocimos diciendo que fue a través de una tercera persona.

No es que me gustase tenerme que presentar falseando las cosas, pero todo me hacía pensar que de no hacerlo podría llegar a ser muy difícil que los padres de Ana me aceptasen.

Llegado el momento fui recibido en su chalet. La seriedad y el semblante de sus caras no hacían presagiar nada bueno y cuando empezó la reunión familiar, sus padres sentados frente a mí, su hermano a mi lado y Ana tras de mi, me hacían sentir bastante incomodo.  Opté por dejarles hablar y retener todo lo que dijeran en mi memoria para responder punto por punto después.

Así escuche como me recriminaban que por mi edad no hubiese puesto la cordura necesaria para poner fin a aquella incipiente relación o como amenazaban con poner todos los medios a su alcance para que esa relación no prosperase.

Por mi parte yo expliqué cuales eran mis orígenes, como había crecido, estudiado y trabajado. Como había intentado poner trabas a esa relación sin demasiado éxito callando que tampoco las trabas las había puesto con mucho interés y recordando que esos medios para poner fin a nuestra relación se podían volver en su contra cuando Ana ya mayor de edad pudiera tomar sus propias decisiones y que no era para nada nuestro interés el fracturar la familia y mucho menos el mío. Al contrario, yo quería y es cierto y creo haberlo cumplido, que  Ana estudiase y sacara adelante su carrera universitaria y que tuviera siempre a su lado a sus padres y hermano.

Debí ser lo suficientemente convincente como para que el padre de Ana acabara aceptando nuestra relación, aunque eso no significase que ella se viniera a vivir conmigo de inmediato.

Y realmente me convencí de que era cierto que no podía albergarme en su casa ya que su hermano había traído a unos amigos. En esos días eran carnavales en Cádiz.

Nuevamente pasamos la noche en el hotelucho y el sábado por la mañana yo emprendía el camino a casa nuevamente entre lágrimas pero con la esperanza de volvernos a encontrar en semana santa. De hecho nos veríamos antes ya que yo me desplacé de nuevo al mes siguiente, esta vez a un terreno neutral, Sevilla.

Continuare............




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