Hola a tod@s:
Tal como llegué me fui. Mi paso por la política municipal fue corto comparado con el de otras personas y a diferencia de otras muchas, la mayoría diría yo, nunca sentí ni viví la erótica del poder ni ansié trepar o sentarme en una poltrona indefinidamente.
Para mí la política era y aún hoy entiendo que debe ser, la forma de servir a la comunidad atendiendo a sus necesidades y peticiones de la mejor manera posible siendo esta prioritaria y con independencia de los colores, creencias o ideas políticas y/o religiosas. Lo primero las personas y después mis ideas que trataré de aplicar en las soluciones que deba dar. Tal vez no era un político al uso.
Durante mi paso por la política, he sido testigo de como a un colectivo se le decía una cosa y se le hacía una promesa y tras salir por una puerta entraba el otro colectivo enfrentado al primero y se le prometía justo lo contrario que a los primeros. He visto como se ha negado el uso de un solar para actividades sociales y lúdicas de una determinada asociación esgrimiendo razones que no se sustentaban y poco después se organizaba un evento contraviniendo esas mismas normas a las que se había apelado o he sido mudo testigo de como se llenaban la boca diciendo que se dialogaba con cierto colectivo y luego se azuzaba a la policía contra el mismo.
Un domingo volviendo de casa de mis suegros, recibí una llamada al móvil que atendió mi esposa. Era la presidenta de los artesanos del distrito que se hacía eco de las quejas de un miembro de dicho gremio que sufría molestias por parte de unos okupas. No era algo que me afectase a mí directamente, ni a las áreas que representaba, así que el hecho de que me tomase a mí como referencia, debía de enorgullecerme y lejos de ello, me sentí enojado porque me ponían un nuevo problema. En ese momento me di cuenta que no estaba obrando bien y que no estaba actuando de acuerdo a mis ideas. Al día siguiente presentaba mi dimisión como conseller del distrito.
No se entendió bien porque lo hice y al contrario de lo que se había hecho con otros consellers incluso dimisionarios como yo, no hubieron reconocimientos, ni los necesité porque el mayor reconocimiento era el de la gente de la calle que me saludaban y aún hoy me recuerdan.
Pese a llevar el ámbito de seguridad, y que se desalojaron varias casas ocupadas, aunque yo me enterase a tiempo pasado, nunca recibí una amenaza de dicho colectivo ni fui increpado y me siento orgulloso de haber mantenido mas de una charla cordial con algún que otro representante de sus asambleas. Creo que se les ha criminalizado en exceso y opino que dentro de ese colectivo como en cualquier otro hay gente buena y mala gente.
Durante ese tiempo y tras el tema de las listas electorales municipales, también tuve un par de reuniones en una conocida charcuteria de la Plaza Molina con Diana Garrigosa para ver que salida airosa se le podía dar a Xus Ochoa. El nunca lo supo y por el contrario, me acusó de ser una persona fría y calculadora que actuaba en mi propio beneficio. Que equivocado estaba, la verdad es que me supo mal ese enfrentameinto y aún hoy en día esa afirmación me da vueltas en la cabeza.
De mi paso por este mundo, obtuve la suerte de conocer con mayor profundidad a una serie de personajes públicos, como Maragall, Pujol, Obiols, Clos, etc. Unos me sorprendieron para bien, otros me decepcionaron tanto como políticos como por personas. Mientras unos fueron carismáticos, otros ni con una legión de asesores podían aspirar a tener ni un mínimo de ese carisma al que me he referido.
También mi nombre empezaba a sonar en el PSC y me propusieron editar una revista de comercio. En realidad lo que se me pedía era que hiciera de "negro" para un diputado que llevaba dicho ámbito. A cambio, se me abría la posibilidad de acceder en lugar destacado en las siguientes listas al Parlament y por lo tanto la más que probable posibilidad de ser igualmente diputado.
También eso rechacé, porque no quise ser un lameculos de nadie. Así que tras mi dimisión como conseller, presenté mi dimisión como conseller de federació del PSC y finalmente me di de baja como militante. Lo hice cuando vi hasta que punto puede llegar la miopía política o la estupidez humana y fue después de unas elecciones en las que el PSC recibió un serio castigo y los dirigentes y barones del partido se esforzaron, a puerta cerrada, a negar lo evidente. Recuerdo que en aquellos días dije lo siguiente: Renuncio a las personas pero no renunciaré a mis ideas.
Tiempo después fui llamado por el Secretario de Organización del PSCque después llegó a ser alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, quien me sugirió que estuviera un tiempo en la sombra para después volver con el apoyo del aparato del partido a la agrupación de Gràcia y hacerme con la secretaría general. Tampoco eso me tentó.
Si como he dicho no obtuve, ni busqué ningún tipo de prebendas, tampoco busqué pero si obtuve un desgaste notable, desde mi salud que se tradujo en unos episodios de visión doble debido al stress y falta de descanso hasta un desgaste de mi vida personal y matrimonial.
Aunque no recibiera amenaza alguna, la posibilidad de un atentado de ETA era real pero mientras en otros consistorios se ponían guardaespaldas a los concejales, en Barcelona solo los regidores del Ayuntamiento tenían derecho a ellos. Los concejales de distrito solo podíamos aspirar a recibir unas charlas de un alto mando de la Guardia Civil sobre medidas preventivas no para evitar un posible atentado sino para dificultar la comisión de este o desanimar a los potenciales ejecutores y que así buscaran una víctima más fácil. Eso sí, se nos decía que nosotros teníamos contravigilancia, es decir personas que vigilaban si eramos vigilados, una tontería que no sé si alguien llegó a creer, yo no.
Continuaré......
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