domingo, 3 de agosto de 2014

ANA P.

Hola a tod@s:

Aunque todo parece indicar que mi relación con Ana era una balsa de aceite, lo cierto es que no era así. Una de las primeras disputas incluso antes de que viviéramos juntos fue a cuenta de otra Ana.

Como ocurriera con otras mujeres, conocí a Ana P. en un chat una noche de finales de Mayo de 2004 Ana P. es una mujer diez años más joven que yo, nacida en Galicia aunque casi recién nacida se trasladó a Buenos Aires. La historia de Ana P. aunque no entraré en demasiados detalles es cuanto menos casi increíble.

Ana P. es enfermera y ejerce como tal y casi como encargada en una clínica privada en Buenos Aires. Se casó con un hombre separado y con un hijo cuya madre biológica renunció no solo a su custodia, sino a cualquier trato con él. Ana P. lo adoptó como si fuera su propio hijo y pasados los años cuando se separó de su marido continuó con el niño, que hoy es ya un hombre hecho y derecho. Es decir, su amor por este ser pudo más que cualquier otro lazo de sangre y para ella siempre será su hijo.

Como en otras ocasiones Ana P. entró o yo entré en su vida en un momento muy delicado. Para ella yo fui su tabla de salvación cuando se encontraba en un proceso depresivo muy severo y poco a poco fue saliendo de él. Entre nosotros, la promesa, el proyecto o la ilusión, llamadlo como queráis de que un día nos podremos conocer y tomar un café juntos o un almuerzo o una cena o todo ello si es posible, hizo que al menos tuviera una ilusión más.

Es una tarea harto difícil y aunque la vida me ha puesto delante las posibilidades económicas de hacer ese viaje, siempre han surgido circunstancias que lo han impedido o lo han pospuesto, quien sabe.

Ana P. se enamoró de mí aunque fuera un amor platónico pues ella siempre ha sido consciente de que primero Julia mi esposa, Asun y Ana después estaban por delante de ella. Cuando conocí a Ana y se lo dije, se alegró por mi, pero se que lloró mucho porque con esa relación perdía esa ilusión y una buena parte de la complicidad que teníamos.

Entre nosotros era de uso común el que me llamara bebé o que me dijera que me quería mucho o yo a ella y eso fue algo que Ana descubrió aunque yo no había escondido que mantenía correspondencia con ella y que le sentó extremadamente mal y que nos llevó a nuestra primera gran discusión que no sería la última aunque si por este tema. Seguí y sigo escribiéndome con Ana P. a quien el destino o la vida ha continuado tratando de forma muy cruel. Además de soportar una situación económica muy difícil, tuvo que ir soportando las intromisiones de su ex-marido que en una ocasión intento violarla, según me explicó, aunque por indicaciones de los abogados y bajo promesa de que acudiría a terapia, retiró la denuncia. Lo cierto es que de poco debió servir esa terapia pues tiempo después volvió a las andadas y en esta ocasión allanó la vivienda de Ana P, destrozó mobiliario y consumó la violación.

Tal vez por todo lo vivido, por todas las bofetadas que le da la vida, se entienda que yo mantenga ese vínculo de amistad con ella y que semana a semana le escriba poniéndola al día de lo que acontece en mi vida y que espere noticias de ella, lo cual se produce una vez cada mes o mes y medio ya que no puede costearse el acceso a internet y lo tiene que hacer a escondidas en su trabajo o acudiendo a un ciber.

Ella sabe y acepta que nunca habrá nada más que una buena amistad y yo mantengo y cultivo esa amistad. De hecho ha tenido ocasión de devolverme el apoyo que yo un día le brindé y lo ha hecho respondiendo con creces en momentos muy duros para mí y que aún no han sido explicados.

Es pues, lo que se espera de un amigo: Alguien que acude sin ser llamado en adversidad y que se alegra de tus triunfos y logros cuando la vida te sonríe.

Ana pues, no diré que descubrió, pues ya sabía de la existencia de Ana P. pero si de los términos cariñosos que empleábamos en nuestros correos, porque vio y no diré como, un correo electrónico mío y eso no le gustó en absoluto.

Lo que si diré es que yo al cabo de un tiempo, estando en casa de sus padres fisgué en su correo y descubrí que Ana mantenía correspondencia con alguien que aunque ajeno a la familia estuvo muy próximo a ella pocos años antes, y de quien yo pensaba que se había cortado todo contacto. No era así y con el tiempo llegué a saber más cosas. Puedo entender, llegados a este punto que si alguien sigue este blog, pueda sentir curiosidad y que le gustaría que explicara con lujo de detalles más sobre este asunto, pero también es fácil de entender que yo no tengo ningún derecho a sacar a la luz acontecimientos que pertenecen a la intimidad de otra persona y que en estos momentos podrían causarle más mal que bien.

Así que todo esto quedará entre los protagonistas y por lo que a mí se refiere no saldrá a la luz nada de nada.

Únicamente diré que mi falta tuvo su castigo en el hecho de que se despertó en mí algo que jamás había sentido: Celos.

Continuaré............

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