Por si alguien no ha sentido jamás los celos en su propia piel, diré que es una enfermedad que va socavándolo todo.
Siempre había pensado que los celos son una demostración de la falta de seguridad en uno mismo unido a la desconfianza en la otra persona y que si tú le das a tu pareja todo aquello que necesita, no tienes porque desconfiar y por ende tener celos de ella, pero si por el contrario ella o él busca o consiente el acercamiento de otra persona, será que tú no eres la persona indicada y si de verdad la quieres no debes poner trabas a que marche de tu lado. Y así con este convencimiento fueron pasando los años hasta que los celos me mordieron.
Yo empecé a tener celos de Ana, empecé a sentirme inseguro, convencido de que cualquier chico de su edad podría arrebatármela y me debatía entre mis ideas de libertad hacia ella como para cualquier persona y las ganas de controlar lo que hacía. Quería y no quería saber de sus compañeros de facultad. Si decía de salir con ellos, aceptaba pero con la boca pequeña y en mi interior me fastidiaba mucho.
Obviamente esto no pasó desapercibido para ella y nos costó algún que otro disgusto o discusión. Yo por mi parte en ningún momento llegué a explicarle lo que había descubierto aquel día en que fisgué en su correo y en días posteriores. Pensaba que si lo hacía sería el fin de nuestra relación y no estaba dispuesto a pagar tan alto precio por ello. Peropor otraparte el no poder hablar de ello abiertamente con ello, me comíapor dentro.
No diré, porque no sería fiel a la verdad, que nuestra relación fuera mala. En los primeros años, el hablar de boda, de la música que sonaría en ella, de la cantidad de invitados que vendrían, era algo de lo más normal. Incluso llegamos a visitar algún lugar en el que poder celebrar la ceremonia.
No obstante, la relación se fue enfriando poco a poco. Podía pensar, porque suele ser así, que la efervescencia propia del enamoramiento diera paso una relación más pausada, sin embargo había algo más, habían mis sospechas y había también en ella ese temor a que realmente yo no fuera el amor de su vida y era mucho lo que se ponía en juego.
No obstante, fuimos muy felices. Al viaje a Venecia, le sucedió un viaje a la República Dominicana en un hotel extraordinario y donde creo poder afirmar que ambos lo pasamos muy bien.
Después los viajes se hicieron más cercanos, El país Vasco donde en un viaje conjunto con Gemma y David, estos nos anunciaron que iban a ser padres y yo abuelo y Ana, bromeábamos Abuelastra. No cabe decir que la complicidad entre Ana y Gemma fue en aumento y que ambas se sentían muy unidas o al menos eso siempre he creido.
Ana, por lo demás, avanzaba en sus estudios obteniendo notas altas. Hay que reconocer que es una buena estudiante.
Ya en la facultad conoció a Chelo una mujer de mi misma edad y a la que Ana gustaba decir que era su madre adoptiva de Barcelona. Tanto llegaron a intimar que Ana conocía y sabía de secretos que hasta ese momento Chelo no había dicho a nadie y claro está yo también fui conocedor de ellos aunque de mi boca nunca salió una palabra de lo que me explicaba. Chelo está casada con Joaquín y la relación que se estableció entre Ana y esta pareja llegó a ser tan estrecha que hasta llegué a pensar que entre Joaquin y Ana había algo más que una simple amistad.
Fueron pasandlo los meses y los años, vivimos etapas buenísimas y otras normales y las malas eran minoría, así lo he de reconocer, pero por encima de todos esos momentos maravillosos vividos, los celos no dejaron de acompañarme ni un solo día y eso, a pesar de lo mucho que la quería, llegó a pasar factura.
A finales del mes de Noviembre del año 2.011 la situación explotó. Un sábado por la noche de regreso a casa y mientras buscaba aparcamiento y comentaba que ya se habían puesto las luces de Navidad, Ana explotó y confesó que se sentía saturada, que estaba harta de una situación que la ahogaba, de sentirse falta de libertad y que necesitaba tiempo.
Resulta curioso, pero Ana es una persona a la que el cuesta mucho pararse a hablar y a afrontar las situaciones de frente cuando intuye que va a hacer mal. Y yo por el contrario siempre he sido quien la ha ido pinchando hasta que explota y una vez ocurrido esto, las consecuencias son impensables o tal vez no.
Lo cierto es que al día siguiente por la tarde, la busqué tanto que explotó y me anunció que se marchaba de casa. Se fue a casa de Chelo y Joaquín dándome como despedida un cálido beso en los labios. Una vez en casa de ellos y desde allí se iría a casa de sus padres. Aún hablamos, no obstante, un par de veces antes de que marchase y yo me quedé preso de una gran tristeza.
No eran los mejores momentos. Isidro mi padrastro había entrado en un proceso anémico que hacía que precisara de contínuas transfusiones de sangre y en uno de esos ingresos por el mes de Junio me informaron de que tenía un tumor, que no era curable y le auguraban poco más de seis meses de vida.
Continuaré
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