Hola a tod@s:
Se había acabado. Aquella noche intenté hablar con
ella hacerla razonar, prometerle lo imposible, no quería perderla no podía
perderla. Entre sollozos llamé a mi hija que también llorando, pues ni de lejos podía imaginar que esto
pudiera pasar, trató de darme ánimos.
Mi mundo ese mundo compartido con ella, se había
acabado y tenía que seguir, ¿Pero cómo? Me sentía viejo, cansado e impotente para
seguir.
Días antes había decidido cambiar de gimnasio y
ahora veía que necesitaba hacer cosas nuevas, ocupar mi tiempo. Pero era una
obligación autoimpuesta y no algo que
hiciera con gusto.
En una de esas tardes que iba hacia el gimnasio,
recibí la llamada de la madre de Ana. Le sabía mal lo que había pasado pero me
animaba a seguir mi camino y recuerdo que le dije que no, que yo iba a luchar y
si veía el más mínimo resquicio, la más ínfima probabilidad de reconducir
aquello, lucharía por hacerlo.
Ana no había dejado de llamarme. Tenía claro que no
quería seguir como pareja, pero no quería perderme como amigo. Que difícil es
eso. Como seguir siendo amigo de quien a lo largo de siete años ha compartido
contigo mesa, lecho, alegrías y tristezas y ahora decidía seguir su camino
sola.
Cada conversación era un duelo dialéctico. Había
ocasiones en las que parecía que la había convencido pero a las pocas horas o
al día siguiente todo volvía a estar igual. Por otra parte, en mi fuero interno
algo me decía que aquello era lo mejor que podía pasar, que de ninguna manera
podríamos seguir juntos, ya no.
Ana volvió y se instaló de nuevo en casa de Chelo y
Joaquin. Yo ciertamente no estaba molesto con ellos, al contrario me alegraba
de que la acogieran y de que Ana no tuviera que tomar decisiones precipitadas.
Por otro lado no quería perder el contacto y la
amistad con esa pareja porque de alguna manera eran mis únicos amigos, pero
ellos no querían verse envueltos en una guerra en la que habían tenido que
tomar partido casi de una forma impuesta.
Varias fueron las veces que Ana y yo estuvimos
juntos, ya fuera en la que había sido nuestra casa, viendo la tele incluso se
quedo a dormir compartiendo cama, o saliendo a Sitges o Andorra, pero el final
siempre era el mismo, yo llorando por ella.
Dado que nada tenía que perder, le explique todo lo
que me había sucedido, los celos, el diario que cayó de su bolso, lo que sabía
de aquella persona que yo creía apartado de su vida cuando empezamos a convivir
y así entendió el porque mi cambio en el carácter, así que, decía yo, sabiendo
cual era el problema podríamos tratar de buscar solución
.
¿Necesitas más
libertad aún? Tómatela yo no te voy a reprochar nada y Ana empezó a pedir
tiempo, tenía que pensar antes de decidir.
Así iba pasando el tiempo, días y semanas. Veía
acercarse las Navidades y sabía, sentía que ella tenía que decidir y aunque la
incertidumbre me corcomía, no quería poner presión para evitar que por
presionar ella respondiera de forma precipitada.
Hacía actividades solo, para demostrarle que no
dependía de ella, para que viera que podía cambiar. En este tiempo ella hizo un
par de viajes a Chiclana a casa de sus padres. El contrato de trabajo había
finalizado en Julio y por olvido no se había matriculado en Derecho que era su
proyecto de nueva carrera.
A principios de Diciembre del años pasado, me
comunicó su decisión final: Mo había vuelta a tras Ana salía de mi vida como
pareja y me ofrecía eso sí su amistad. Una amistad bastante especial después de
todo lo vivido.
Continuaré………
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