miércoles, 2 de abril de 2014

CAMBIOS

Hola a tod@s:

Un año después del nacimiento de Gemma y cuando todo parecía haber adquirido un tinte de normalidad y tranquilidad tanto en el ámbito familiar como laboral, recordemos que trabajaba en una aseguradora del grupo Rumasa, un Holding que en aquel momento representaba seguridad y solidez.  Recuerdo que se hacían comentarios del tipo: Antes de que Rumasa se hundiera, se hundiría la economía del país.

Pues bien el 23 de febrero de 1.983, el gobierno socialista de Felipe González firmaba  el decreto de expropiación del grupo RUMASA, abriendo una situación de incerteza sobre lo que sería nuestro futuro.
Tras múltiples procesos, Minerva fue adquirida por la compañía CASER. Yo mantendría mi puesto de trabajo hasta que un día nuestra vecina de escalera, Rosa Cerezo, que curiosamente también trabajaba en una compañía de seguros que tiempo después fue declarada en quiebra, me pasó un anuncio que había salido en La Vanguardia en el que se solicitaba un tramitador de siniestros.

La verdad es que tras recibirlo me mostré un tanto reacio a efectuar más cambios. La verdad es que me daba miedo efectuar un cambio, tener que pasar un periodo de prueba donde cabía la posibilidad de que después me dijeran que no interesaba y me encontrase en la calle sin ingresos para sacar adelante mi familia.
Pero por otro lado, sabía que si declinaba esa posibilidad, siempre me quedaría la incerteza de lo que podría haber sido y que por no haberme movido habría perdido. Así que finalmente escribí a la dirección de correo que figuraba en el anuncio y remití mi currículo y me olvidé del tema.

Pasados unos veinte días, recibí una llamada de teléfono en la que se me citaba para pasar una entrevista personal. Esta fue la primera de tres entrevistas que tuve antes de que fuera admitido en la nueva compañía Commercial Unión, una compañía inglesa y de buena solvencia. Las condiciones económicas eran buenas aunque debía pasar una periodo de prueba de seis meses tras los cuales quedaría fijo en la empresa.
Durante unas dos semanas, las mismas que duraba el periodo que debía dar a mi anterior compañía antes de dejarla, iba por las tardes a aprender el uso de los terminales de ordenador, algo para mí totalmente novedoso. Estábamos a primeros de Marzo de 1.985

En junio del año anterior había terminado mi vinculación con la escuela en la que daba las clases de Inglés y fue de una forma bastante violenta. En los últimos meses de aquel curso hubo algún niño cuyo comportamiento llegó a exasperarme tanto que le pedí hablar con sus padres a los que manifesté que estaba dispuesto a abonarles el importe que faltase por amortizar del curso de su hijo, pero que no lo quería ver más en mis clases debido a su mala conducta.

La asociación de padres inició una encuesta a mis espaldas para saber el nivel de aceptación que tenían mis clases. Fue una alumna quien me puso en preaviso al preguntarme si me iban a despedir,  Habiendo hablado con representantes de la APA admitieron esa encuesta si bien me anunciaron que el resultado de la encuesta era abiertamente favorable para mi, pero el mal ya estaba hecho. Yo ya no tenía confianza en ellos y decidí que al acabar el curso ya no iba a continuar en el curso siguiente.

Eso fue algo positivo para mí ya que en la nueva compañía el horario de trabajo era de mañana y tarde y no hubiera sido compatible con dichas clases.

Yo entré en mi nuevo lugar de trabajo muy contento pues sin tener obligación a hacerlo me pagaron por los días en que fui por las tardes así que yo entré con muy buen pie aunque sin entender porque había gente que se quejaba de la compañía.

Otra novedad que tuve que asumir fue el no poder ir a comer a casa. Así que empecé a frecuentar los restaurantes de la zona junto con otros compañeros de trabajo.

Tampoco podría ir a recoger a Gemma que ya había dejado la guardería para pasar a la escuela, un centro religioso subvencionado muy cercano a nuestro domicilio. La elección del centro fue más por entender que iba a tener una educación más como explicarlo, más estricta que en un centro público, además no se trataba de un centro para niñas, sino de un colegio de religiosas pero mixto.

Paralelamente Juliana seguía trabajando en la panadería y en el verano de 1.987 se planteó la posibilidad de viajar a Suiza junto con un matrimonio que tenían una carnicería contigua al horno donde trabajaba ella. Esta pareja tenía una caravana y la idea era viajar con la caravana ellos y una tienda que nos prestaría Victorina nosotros.

Yo ya era trabajador fijo de la compañía y habíamos cambiado de coche aprovechando una oferta de colaboración de un concesionario de Seat con Commercial Union, así que habíamos cambiado el Dyane 6 por un Seat Ronda, una edición llamada System Porsche.  Es fácil imaginar que la diferencia era abismal.
Antes de marchar de vacaciones con esta pareja hicimos un par de salidas, una cerca del pedraforca y otra a una casa que tenían cera del pueblo de Moiá. Todo parecía correcto así que fuimos acordando fechas, intendencia etc.

Haré aquí un inciso para hablar de Victorina y Josep María. No puedo ser preciso con las fechas en cuanto a ellos. Una vez vuelto del servicio militar, Josep María que lo hizo seis meses después que yo ya que también por calendario se había incorporado más tarde que yo, ambas parejas nos solíamos reunir en viernes o sábados de no pocos fines de semana e incluso hicimos unas vacaciones de verano juntos al Pirineo. Cuando ellos optaron por la compra de un nuevo piso y se trasladaron bastante lejos de donde vivíamos la relación se fue enfriando  y no sabíamos de ellos mucho.

Si supimos que Victorina quedó embarazada  de su segundo hijo, una niña y que Josep María obtuvo su título de ATS y empezó a trabajar en la residencia del Valle de Hebrón, lo que suponía hacer horarios discontinuos incluso nocturnos y en festivos.

Por eso nos sorprendió conocer el anuncio de Victorina, tiempo después de que se separaban. Nosotros solo tuvimos la información que nos facilitó ella ya que a él no lo vimos más ni tuvimos ya ningún tipo de contacto.

Según contó pues Victorina, él había intimado con una compañera del hospital. Descubierta la infidelidad, intentaron arreglar su situación y ella pensó que tal vez la llegada de un nuevo hijo lo frenaría a él, pero la realidad fue totalmente distinta. Él se fue de casa y ella se quedó con las dos criaturas. Por suerte ella tenía un buen empleo y él me consta por lo que fuimos hablando que cumplió con sus compromisos.

Poco a poco fuimos perdiendo el contacto hasta que este se volvió inexistente y sería bastantes años después que la volví a encontrar. Había rehecho su vida con otro hombre también separado y con un hijo, si bien las circunstancias en las que nos vimos y de las que tendré ocasión de hablar más tarde no permitieron que retomáramos la relación que habíamos tenido.


Hoy en día esta relación, sencillamente no existe.

Continuaré

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