Hola a tod@s:
Un año después del nacimiento de Gemma y cuando todo parecía
haber adquirido un tinte de normalidad y tranquilidad tanto en el ámbito
familiar como laboral, recordemos que trabajaba en una aseguradora del grupo
Rumasa, un Holding que en aquel momento representaba seguridad y solidez. Recuerdo que se hacían comentarios del tipo:
Antes de que Rumasa se hundiera, se hundiría la economía del país.
Pues bien el 23 de febrero de 1.983, el gobierno socialista
de Felipe González firmaba el decreto de
expropiación del grupo RUMASA, abriendo una situación de incerteza sobre lo que
sería nuestro futuro.
Tras múltiples procesos, Minerva fue adquirida por la
compañía CASER. Yo mantendría mi puesto de trabajo hasta que un día nuestra
vecina de escalera, Rosa Cerezo, que curiosamente también trabajaba en una
compañía de seguros que tiempo después fue declarada en quiebra, me pasó un
anuncio que había salido en La Vanguardia en el que se solicitaba un tramitador
de siniestros.
La verdad es que tras recibirlo me mostré un tanto reacio a
efectuar más cambios. La verdad es que me daba miedo efectuar un cambio, tener
que pasar un periodo de prueba donde cabía la posibilidad de que después me
dijeran que no interesaba y me encontrase en la calle sin ingresos para sacar
adelante mi familia.
Pero por otro lado, sabía que si declinaba esa posibilidad,
siempre me quedaría la incerteza de lo que podría haber sido y que por no
haberme movido habría perdido. Así que finalmente escribí a la dirección de
correo que figuraba en el anuncio y remití mi currículo y me olvidé del tema.
Pasados unos veinte días, recibí una llamada de teléfono en
la que se me citaba para pasar una entrevista personal. Esta fue la primera de
tres entrevistas que tuve antes de que fuera admitido en la nueva compañía
Commercial Unión, una compañía inglesa y de buena solvencia. Las condiciones
económicas eran buenas aunque debía pasar una periodo de prueba de seis meses
tras los cuales quedaría fijo en la empresa.
Durante unas dos semanas, las mismas que duraba el periodo
que debía dar a mi anterior compañía antes de dejarla, iba por las tardes a
aprender el uso de los terminales de ordenador, algo para mí totalmente
novedoso. Estábamos a primeros de Marzo de 1.985
En junio del año anterior había terminado mi vinculación con
la escuela en la que daba las clases de Inglés y fue de una forma bastante
violenta. En los últimos meses de aquel curso hubo algún niño cuyo
comportamiento llegó a exasperarme tanto que le pedí hablar con sus padres a
los que manifesté que estaba dispuesto a abonarles el importe que faltase por
amortizar del curso de su hijo, pero que no lo quería ver más en mis clases
debido a su mala conducta.
La asociación de padres inició una encuesta a mis espaldas
para saber el nivel de aceptación que tenían mis clases. Fue una alumna quien
me puso en preaviso al preguntarme si me iban a despedir, Habiendo hablado con representantes de la APA
admitieron esa encuesta si bien me anunciaron que el resultado de la encuesta era
abiertamente favorable para mi, pero el mal ya estaba hecho. Yo ya no tenía
confianza en ellos y decidí que al acabar el curso ya no iba a continuar en el
curso siguiente.
Eso fue algo positivo para mí ya que en la nueva compañía el
horario de trabajo era de mañana y tarde y no hubiera sido compatible con
dichas clases.
Yo entré en mi nuevo lugar de trabajo muy contento pues sin
tener obligación a hacerlo me pagaron por los días en que fui por las tardes
así que yo entré con muy buen pie aunque sin entender porque había gente que se
quejaba de la compañía.
Otra novedad que tuve que asumir fue el no poder ir a comer
a casa. Así que empecé a frecuentar los restaurantes de la zona junto con otros
compañeros de trabajo.
Tampoco podría ir a recoger a Gemma que ya había dejado la
guardería para pasar a la escuela, un centro religioso subvencionado muy
cercano a nuestro domicilio. La elección del centro fue más por entender que
iba a tener una educación más como explicarlo, más estricta que en un centro
público, además no se trataba de un centro para niñas, sino de un colegio de
religiosas pero mixto.
Paralelamente Juliana seguía trabajando en la panadería y en
el verano de 1.987 se planteó la posibilidad de viajar a Suiza junto con un
matrimonio que tenían una carnicería contigua al horno donde trabajaba ella.
Esta pareja tenía una caravana y la idea era viajar con la caravana ellos y una
tienda que nos prestaría Victorina nosotros.
Yo ya era trabajador fijo de la compañía y habíamos cambiado
de coche aprovechando una oferta de colaboración de un concesionario de Seat
con Commercial Union, así que habíamos cambiado el Dyane 6 por un Seat Ronda,
una edición llamada System Porsche. Es fácil
imaginar que la diferencia era abismal.
Antes de marchar de vacaciones con esta pareja hicimos un
par de salidas, una cerca del pedraforca y otra a una casa que tenían cera del
pueblo de Moiá. Todo parecía correcto así que fuimos acordando fechas,
intendencia etc.
Haré aquí un inciso para hablar de Victorina y Josep María.
No puedo ser preciso con las fechas en cuanto a ellos. Una vez vuelto del
servicio militar, Josep María que lo hizo seis meses después que yo ya que
también por calendario se había incorporado más tarde que yo, ambas parejas nos
solíamos reunir en viernes o sábados de no pocos fines de semana e incluso
hicimos unas vacaciones de verano juntos al Pirineo. Cuando ellos optaron por
la compra de un nuevo piso y se trasladaron bastante lejos de donde vivíamos la
relación se fue enfriando y no sabíamos
de ellos mucho.
Si supimos que Victorina quedó embarazada de su segundo hijo, una niña y que Josep
María obtuvo su título de ATS y empezó a trabajar en la residencia del Valle de
Hebrón, lo que suponía hacer horarios discontinuos incluso nocturnos y en
festivos.
Por eso nos sorprendió conocer el anuncio de Victorina,
tiempo después de que se separaban. Nosotros solo tuvimos la información que
nos facilitó ella ya que a él no lo vimos más ni tuvimos ya ningún tipo de
contacto.
Según contó pues Victorina, él había intimado con una
compañera del hospital. Descubierta la infidelidad, intentaron arreglar su
situación y ella pensó que tal vez la llegada de un nuevo hijo lo frenaría a
él, pero la realidad fue totalmente distinta. Él se fue de casa y ella se quedó
con las dos criaturas. Por suerte ella tenía un buen empleo y él me consta por
lo que fuimos hablando que cumplió con sus compromisos.
Poco a poco fuimos perdiendo el contacto hasta que este se
volvió inexistente y sería bastantes años después que la volví a encontrar. Había
rehecho su vida con otro hombre también separado y con un hijo, si bien las
circunstancias en las que nos vimos y de las que tendré ocasión de hablar más
tarde no permitieron que retomáramos la relación que habíamos tenido.
Continuaré
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