Hola a tod@s:
Si el viaje a Paris no fue lo que podríamos decir idílico, el viaje a Suiza parecía ser por adelantado mucho mejor, más organizado, con más días, etc.
La realidad, no obstante, fue bien distinta. La limitación de la velocidad de un vehículo tirando de una caravana, era muy reducida y aun saliendo muy temprano por la mañana, acabamos llegando a Suiza bien entrada la tarde.
Pronto descubriríamos que los campings, en Ginebra estaban llenos y no nos quedó otra alternativa que desplazarnos hasta Nyon donde encontramos un camping que nos admitió la caravana.
El primer hecho singular fue constatar como nuestros amigos se empeñaban en hablar al personal del camping en Catalán pretendiendo ser entendidos mientras, en este caso yo porque Juliana no sabe francés, me esforzaba por hacerme entender en ese idioma.
En Nyon estuvimos un par de noches, lo que nos dio opción de pasear un poco por el propio Nyon y Ginebra. También nos desplazamos a Lausanne aunque esos desplazamientos eran más bien paseos en coche por lo que ver, lo que se dice ver vimos poco.
De Nyon nos trasladamos a Lucerna. Allí pudimos ver la garganta del rio Aar o como ellos lo denominas Aareslucht. Una excursión realmente bonita. Lucerna también nos sorprendió muy gratamente, sobre todo su puente de madera que años después quedo semidestruido por un incendio.
Nuevamente en esa ubicación nos volvimos a ver sorprendidos por la actitud de nuestros amigos que pillaron un rebote descomunal porque el tiempo no era favorable y no había consenso en lo que podíamos o no ver. Tampoco en lo que se correspondía a la gastronomía lo hubo y nosotros o al menos yo que me apetecía cenar una fondue de queso, me quede con las ganas.
Para mí suiza fue un país al que me gustaría volver pero yendo a mi aire y sin ataduras a terceros.
Aún con todo pudimos ver bastantes cosas. Llegamos hasta la zona donde presumiblemente discurría la vida de Heidi, hicimos una excursión por el lago de los cuatro cantones que incluyó una subida a un pico combinando teleférico y de bajada un cremallera que decían ostentaba el record de ser el que contaba con la mayor pendiente del mundo.
De lucerna, pasamos a Zermatt. Otro lugar en el que me hubiera gustado acercarme mucho más al Cervino o Matterhorn, dependiendo de que se vea desde la vertiente italiana o propiamente suiza. El tiempo de nuevo no hizo justicia y no pudimos hacer más excursiones.
Por último de zermatt, pasamos a Francia y nos dirigimos a Chamonix, donde permanecimos un par de noches. Allá nos despedimos de nuestros amigos que decidiern permanecer algún día más mientras nosotros preferimos gastar un poco más de dinero y subir a l’aguille du midi y contemplar el Montblanc a permanecer un par de días más.
La verdad, es que ya estábamos un poco hartos de ellos y nos despedimos tras visitar conjuntamente Le mer de glace, una vivienda tallada en el hielo de un glaciar que cada año se rehace por primavera y se abandona pasado el verano. Al año siguiente se construye de nuevo ya que el glaciar tiene movimiento y se desplaza.
Aquella fueron las primeras y últimas vacaciones conjuntas que hicimos con estos “amigos” con los que ya no mantendríamos más contacto y las últimas que haríamos conjuntas con nadie.
A partir de entonces nuestras vacaciones, ya fueran Tenerife, Asturias, o Mallorca las hicimos nosotros solos.
Procuramos en los años siguientes no dejar de hacer salidas vacacionales aún cuando, como pasó con el viaje de Tenerife, Juliana dejó de trabajar en el horno tras no pocas elucubraciones y ver pros y contras y sobretodo saber si con mi sueldo podíamos mantenernos los tres.
Todo fue a consecuencia del deterior del clima de trabajo en el horno. La dueña de este establecimiento empezó a creer, a sospechar que sus hermanos y el personal del horno se habían conchabado con el objetivo de hacerle perder el horno. Todo eran sospechas y llamadas a horas intempestivas. Así que tratando de salvaguardar la salud de Juliana decidimos que dejara el trabajo. No se comportaron legalmente y al final tuvimos que recurrir a un colectivo laboralista que entonces empezaba a ser conocido, para conseguir que tuviera una indemnización, no el paro porque su baja fue voluntaria. No obstante, la escasa indemnización y el coste de los abogados diluyeron bastante el capital que cobró.
Recién acabado este proceso, tomamos vacaciones y fuimos a Tenerife y he de decir que fueron unas de las vacaciones de las que guardo mejore recuerdo.
Lo cierto es que nosotros no tuvimos amigos. Cuando Juliana y yo nos casamos, dejamos la agrupación de boyscouts y no fue una salida muy bien acogida por la gente de esa agrupación. El hecho de que una integrante acabara siendo pareja de un monitor aunque fuera pasando por la vicaría, no fue del agrado de muchos que, hay que decirlo, tenían sus ojos puestos en ella.
Así que se cortaron los lazos con esa agrupación. Por otro lado las primas de ella se fueron casando o hacían su propia vida y Juliana tampoco estuvo mucho por la labor de conservar los contactos. Yo no aportaba más amigos que los del instituto americano y al dejar las excursiones tras mi vuelta del servicio, de todas las personas con las que me relacionaba, solo quedaron Josep María y Victorina y ya expliqué en mi anterior entrada que cuando ellos se trasladaron a vivir a otro domicilio y empezaron sus disputas, aunque nosotros lo ignorábamos, también se perdió el contacto.
Cuando yo aún daba clases de Inglés, un día casualmente me encontré con mi antiguo amigo Francesc Esteller. Fue un encuentro emotivo que dio paso a que él y su mujer nos encontráramos en su casa. Por aquel entonces vivía en Barberá del Valles y como es fácil de entender, después de unos cuantos años sin vernos teníamos un montón de cosas que explicarnos.
La última vez que nos habíamos visto, yo aún salía con Teresa y Francesc ya se había emparejado con la que después sería su mujer. Teresa y ella, no congeniaron desde el primer momento y aquella salida que hicimos conjunta, no dio lugar a una continuidad y por ese motivo nos distanciamos y perdimos el contacto hasta después de muchos años.
Tampoco en esta ocasión la fortuna nos sonrió. Ahora no recuerdo bien, si fue Juliana o yo, pero la cena sentó fatal a uno de los dos y tuvimos que marchar de forma más o menos precipitada, así que lo que prometía ser una grata velada, se quedó en un quiero y no puedo y nos dio pocas posibilidades de ponernos al día. Aun con todo nos emplazamos para una nueva visita, aunque esta se demoraría unos años más y cuando la hicimos fue para algo bastante rocambolesco.
Francesc, quiso que le diera clases de inglés a él, su hermana y su cuñado ya que tenían que hacer un viaje que tenía que ser importante y como se verá en la próxima entrada resultó ser de lo más extraño.
Al menos en esa ocasión nuestros encuentros duraron un par o tres de meses aunque decididamente el destino no tenía previsto que esa amistad perdurase por mucho más tiempo.
Continuaré……….
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