martes, 16 de septiembre de 2014

SEMANA SANTA

Hola a tod@s:

Y llegó la semana santa y con ella el viaje anunciado. Gemma me aconsejó un hotel relativamente cercano, la verdad es que estaba un poco retirado de su casa y, hacia Madrid me dirigí.

Con las tecnologías actuales no fue difícil encontrar su casa y cuando me encontré con ella, sentí algo especial.  No eran mariposas en la barriga pero si algo que me atraía hacia ella. Tras las consabidas preguntas sobre el viaje y sobre mi cansancio, me confirmó algo que ya sabía de días anteriores. su padre estaba ingresado en el hospital.  Su salud se había deteriorado y temía por él.

Así pues esas vacaciones se vieron condicionadas por las continúas visitas al hospital para dar de comer o cenar a su padre y pasar ratos en compañía de él. Nada de pensar en que pudiera compartir mucho más tiempo que esas horas ya que como he dicho el hotel distaba unos cuantos kilómetros de su casa y ella tenía que estar disponible para acudir de inmediato al hospital si la salud de su padre empeoraba.

Lo cierto es que no me importó.  Yo había ido a Madrid para pasar esos días sin agobios y porque me sentía bien a su lado y quería estar con ella allí. El destino quería que empezáramos de una forma un tanto difícil, como si nos quisiera poner a prueba.

A pesar de todo, no obstante,  pudimos compartir almuerzos, cenas, copas, ver rincones de Madrid desconocidos para mi, y pude conocer a algunas de sus amig@s y también pudimos hablar, avanzar más en conocernos el uno al otro, conocer de nuestros respectivos pasados y planear, en la medida de lo posible, nuestro inmediato futuro.

El sábado santo, quedará en nuestras memorias por un hecho súbito. Cuando fuimos a ver a su padre y mientras yo me quedaba en el exterior con el coche ya que el aparcamiento era bastante complicado me entró un whatsapp de ella, me pedía que fuera corriendo, porque su padre se moría. Una vez más el destino hacía de las suyas, yo había encontrado un lugar para aparcar y salí sin perder tiempo a buscar la habitación de su padre.  Cuando llegué Gemma estaba deshecha en lágrimas mientras la habitación era un ir y venir de médicos y enfermeras.

De lo que fue aconteciendo, no explicaré y dejaré que quede en la privacidad de ella y de su padre. Solo diré que después de unas horas que se hicieron eternas, su padre quedó estabilizado. Esa noche salimos a cenar, hablamos, y después fuimos a un local en el que se dan actuaciones en directo. Allí nos desfondamos, sacamos toda la tensión acumulada de las últimas horas con la música, cantando y bebiendo. sobre las tres de la madrugada dejábamos el local y tras pasar por su casa para poder sacar a pasear a su perro, un labrador color chocolate que tiene de bueno tanto como su gran envergadura, quiso acompañarme al hotel donde, descansamos? muy poco porque a las siete y media de la mañana ya estábamos levantados preparándonos para ir a ver a su padre.

Esa noche antes de salir de aquel local, Gemma me pidió tres cosas o si se quiere me puso tres condiciones, Tres peticiones, tres condiciones que yo acepté y me comprometí a cumplir. La primera que siempre fuera sincero con ella.  La segunda que me cuidase, que cuidara mi salud y la tercera, que no la comparase con nadie.

Esta última es quizá la más curiosa y la que resultó ser más difícil. Huir de comparaciones con las otras mujeres de mi vida parecía una cuestión complicada, pero lo cierto es que hoy casi medio año después de que me lo pidiera, no he entrado en comparaciones porque no creo que sea necesario.

Gemma es Gemma y como tal es única y punto. Además cada persona en si misma es singular y no caben comparaciones entre ellas.

Era ya domingo y al día siguiente tenía que regresar a Barcelona.  En el aire el convencimiento de que su padre no aguantaría mucho tiempo más.  En mi interior sentimientos encontrados. Si su padre fallecía ¿sería una cuestión de tiempo que viniese conmigo a Sant Andreu? pero lo que yo quería era que aquel hombre viviese, que aguantara más allá de la próxima boda de su nieto y que Gemma no se sumiera en la tristeza.

Y llegó el lunes y con ello la despedida.  Se hizo duro dejarla en su lugar de trabajo, en Madrid el lunes es laborable, y yo emprender el regreso.

Antes de marchar hubo un nuevo compromiso. Yo la acompañaría a Granada a la boda de su hijo y estaría con ella en aquellos momentos en que pudiera hacerlo para evitar al máximo un encuentro con su ex-marido más allá del que por lógica se tendría que dar en la iglesia y en el convite.

Al marchar sabía que se había creado un nuevo vínculo.  Yo que renegaba de querer entrar en una nueva relación, había caído de bruces en ella, pero con que gusto lo había hecho.

Continuare........





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