miércoles, 17 de septiembre de 2014

LA BODA

Hola a tod@s:

Poco a poco fueron pasando los días.  El padre de Gemma se restableció lo suficiente como para que le dieran el alta y regresara a casa aunque ella parecía tener muy claro que no iba a llegar a la boda de su nieto.

Yo por el contrario, la animaba y le decía que si que aguantaría no solo hasta esa fecha sino más allá incluso. No me equivocaba.

Gemma vino a Barcelona para el puente del primero de mayo. Fueron pocos días pero muy intensos. De todo lo que hicimos y vimos, algo quedó en su cabeza como grabado a fuego. La visión de la cala de Santa Cristina en la Costa Brava. Hasta tal punto la impresionó que ha decidido que será allí donde llegado el momento tendrá lugar nuestro enlace, vestidos de blanco, sobre la arena de la playa para rubricarlo bañándonos.

Los preparativos iban avanzando como corresponde a toda ceremonia de este tipo y yo aún tuve ocasión de volver una vez más a Madrid antes del acontecimiento. Sería para las fiestas de San Isidro.

Mientras un día Gemma me sorprendió diciéndome que su hijo, el novio, le había preguntado por mí.  Es de suponer que informado por sus hermanos quería saber algo más. Quien era, cuales eran las intenciones de ambos, etc.  Y según me dijo Gemma, y yo le daré credibilidad, incluso llegó a ofrecer la posibilidad de que asistiera a la boda, algo a lo que ambos nos negamos ya que mi presencia en esa ceremonia solo podía ser motivo de tensiones y obviamente el protagonismo debía ser de los novios.

Como decía yo fui a Madrid de nuevo justo el día en que los padres de la novia y los novios decidieron que debían hablar de los pormenores de la boda estando invitado el cura que los había de casar. Solo os diré que nada de lo que teníamos previsto se llegó a dar. El encuentro tenía que ser después de comer, lo que nos dejaba el resto de la tarde noche libres.  El encuentro se dio finalmente a la hora de cenar, yo solo pude ver con ella el partido que disputaban Barcelona y Atlético de Madrid y luego esperar a que acabara aquella reunión que ella esperaba fuera rápida aunque yo presentía y no me equivoqué que se prolongaría bastante.

Hasta las doce de la noche estuve esperando cuando recibí la llamada de Gemma que queriéndome dar una sorpresa había ido hasta el hotel donde estaba sin saber que yo la esperaba en el portal de su casa.  Resultado? perdimos un tiempo precioso pero así son las cosas y nunca salen como uno quiere o espera.

La semana siguiente a esto, era la boda y yo me desplacé para recogerla en Madrid y continuar viaje hasta Granada.  Una vez más se hizo bueno aquello de que el hombre propone y Dios dispone ya que si yo estaba en el convencimiento de que una vez en Madrid sobre las dos de la tarde no nos demoraríamos más de dos horas en seguir el viaje, lo cierto es que salimos hacia Granada a las siete de la tarde y llegábamos allí a las once de la noche.  Habíamos reservado habitación en un hotel relativamente cercano del que se hospedaban los invitados a la boda pero lo suficientemente apartado para evitar encuentros no deseados.

Al día siguiente muy temprano yo llevé a Gemma hasta ese hotel desde donde saldría para la peluquería y después para la iglesia y yo me encontraría horas más tarde con un amigo perito de la compañía en la que trabajo y que tiene un pequeño cortijo en Motril.  Enterado de que yo iba a pasar el día solo, se avino a acompañarme y comer juntos.

Ya con él nos acercamos primero hasta el Palacio de los Córdoba donde se iba a celebrar el banquete a dejar unas madalenas especialmente decoradas para el enlace y luego hasta la iglesia y así, desde un punto cercano a ella, la pude ver en todo su esplendor.  Pese a estar a apenas cinco metros de ella,  ni siquiera me llegó a ver y obviamente para el resto de los asistentes que estaban afuera esperando la llegada de la novia yo era un desconocido.

Sobre las doce de la noche regresaba a nuestro hotel.  La boda había acabado y salvo un par de salidas de tono, que al menos ella me explicase, de su ex, todo fue de maravilla como debe ser. Al día siguiente por la mañana, regreso a Madrid para llegar lo más rápido posible con su padre, y yo a seguir de nuevo viaje hasta Barcelona.

Muchos kilómetros es cierto, pero yo se lo había prometido y soy hombre de palabra.

Tras este viaje, todas las veces que nos hemos visto han sido viajes de ella porque resultan más económicos y además podemos gozar de mayor intimidad que en la habitación de un hotel.

continuare..........

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