lunes, 15 de septiembre de 2014

EL PRIMER ENCUENTRO

Hola a tod@s:

Con estos miedos vivía los días previos a mi cumpleaños. Gemma, mi hija, iba a estar fuera ese fin de semana, pero pensaba en regresar a tiempo el domingo día de mi cumpleaños para celebrarlo conmigo y me tuve que esforzar en dar mil excusas para que no corrieran en venir, pues no quería explicar a nadie que Gemma T. iba a venir.

Así las cosas el día antes, hablamos y pactamos ambos que seríamos totalmente sinceros el uno con el otro y que no fingiríamos lo que no sintiéramos solo por no decepcionar al otro. Era mejor una decepción en la primera ocasión que disimulos que no llevan a ningún sitio.

Ella, y yo también, habíamos cruzado fotografías por lo que teníamos una idea de como éramos físicamente, más que nada para reconocernos en la estación. Yo por mi parte reservé mesa en un restaurante en la Villa Olimpica de Barcelona desde el que se podía divisar el mar, sabedor de que a ella le gustaba tanto el mar.

También tuve el detalle de comprarle unos bombones y unas barritas de chocolate con naranja que iban a ser para su hija a quien al parecer le gustan mucho.

El domingo  de Marzo amaneció gris y lluvioso. No empezaba bien la cosa. No obstante, acudí puntual a recibirla a la estación. Ante mi apareció una mujer enfundada en un jersey de lana largo y unos leggins ajustados que dejaban ver una silueta perfecta. Llevaba un collar largo, y sobre su pelo a forma de diadema unas gafas y sobre su brazo una gabardina. Era como la había visto en las fotografías salvo que esas fotos estaban tomadas unos años antes, pero a pesar de que tenía casi la misma edad que yo, se veía que había sido una mujer de gran belleza y aún conservaba gran parte de esa belleza. Por lo demás resultó ser lo que esperaba una mujer culta y educada que desprendía, no obstante ese halo o esa impronta de las personas adineradas. Tal vez no tuviera riquezas pero tenía el porte y el saber estar de esa clase de personas.

Tras tomar un café, nos dirigimos a ver la Sagrada Familia sin que pudiéramos acceder porque a pesar de la lluvia había una cola para entrar considerable y no estábamos dispuestos a permanecer haciendo colas, al menos ese día no.

De allí nos trasladamos al Museo Nacional de Arte de Cataluña y lo estuvimos visitando comentando las piezas que veíamos y hablando de cosas nuestras hasta que se sintió indispuesta. El cambio de presión, según ella, la había afectado y allí me tienes a mi, sin saber si tomarla de la cintura o de las manos si salir corriendo a pedir ayuda médica o como ella me pidió ir a buscar una cocacola para ver si el azúcar la reanimaba.  Poco a poco se fue recuperando y de allí nos trasladamos al restaurante. Para mí todo olía a fracaso. Su indisposición, la lluvia que no dejaba de caer, ahora el restaurante que si bien era bueno, ella no lo iba a disfrutar pues no estaba con el estómago para muchas fiestas y por último para acabarlo de redondear Ana, a quien por otro lado debo agradecer que lo recordase, llamando para felicitarme.  Para responderla, me ausenté momentáneamente del local y sin dar muchas explicaciones terminé como pude la conversación y, por fin algo que salía a mi gusto, un vendedor de rosas pasaba por allí y le compré una rosa que al volver a la mesa le entregué.

En la sobremesa, ella me habló de lo difícil que podía resultar una relación a distancia, de como dudaba de que yo pudiera soportarla y también de cuales habían sido nuestras sensaciones respecto al otro y que habían resultado ser en ambos caso muy satisfactorias.

Tras pagar la cuenta, ella tomo la nota y sin mirarla, en el reverso escribió: Con cariño en el primer día de...... Gemma

Del restaurante y no pudiendo hacer otra cosa, a mi casa a esperar que se hiciera la hora de llevarla al aeropuerto ya que volvía en avión. Y una vez en casa, la verdad es que ganas no me faltaban de besarla e incluso más, tanto me sentía atraído, pero considerándome un caballero, no me parecía para nada correcto tomar iniciativas de este tipo, así que seguimos conversando y conversando.

Salimos de casa con tiempo de sobras para que no tuviera que sufrir agobios para el embarque y como sobraba el tiempo, quiso que tomáramos algo en una de las cafeterías del aeropuerto hasta que se hizo la hora de embarcar. Al despedirnos ella tuvo el valor de hacer lo que yo no había hecho y me besó en los labios un primer beso corto que dio paso a otros más largos y allí me quedé yo viéndola avanzar en la cola para pasar el arco detector de metales, cuando de repente al enseñar la tarjeta de embarque el empleado no la admitió y ví como volvía hacia mi. Aún con todo el tiempo del mundo, lo que llevaba era el billete electrónico y había olvidado sacar la tarjeta de embarque. Perdió su vuelo aunque consiguió otro que la devolvería a casa bastante más tarde eso sí y yo me volví a casa soñando ya con las vacaciones de Semana santa.

Continuaré................

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