jueves, 25 de septiembre de 2014

De nuevo aquí

Hola a tod@s:

Dije que continuaría y aquí estoy de nuevo. Cansado, ya apurando los minutos antes de irme a la cama pero aún con ánimos para escribir cuatro líneas.

Ya no se trata de escribir más biografía, Lo que me apetece ahora, lo que me pide el cuerpo es ir plasmando pensamientos, sentimientos y opiniones sobre todo lo humano y lo divino.

Apenas han pasado cuarenta y ocho horas cuando en pleno viaje de regreso de Madrid, mientras iba conduciendo, Gemma T me preguntaba por el manos libres si me había enterado de la dimisión del Ministro de Justicia Gallardón.

No, no lo sabía pero tampoco me costó entender el porque. Nunca he compartido ideología con este caballero ni creo que lo haga.  Sus planteamientos y su visión sobre las cosas dista años luz de la mía. Digamos que vivimos en galaxias diferentes, pero he de reconocer que ha hecho lo que poquísimos políticos han hecho hasta ahora.  Ser coherente.

Coherente u honesto consigo mismo y con todos aquellos que pusieron en él sus esperanzas de que en este país se diera un paso atrás en cuanto a las libertades.

Gallardón pasará para mí a la historia como el ministro que acabó con la justicia para todos y elevó con su política de tasas, el listón para dejar la justicia accesible solo para unos pocos, para los de siempre.

Y hubiera pasado también como el ministro que encorsetó las libertades de la mujer en cuanto a poder decidir si quieren o si pueden, que a veces es más una cuestión de poder más que de querer, ser madres.

Pero hete aquí que alguien le ha comido la oreja al Presidente y este ni corto ni perezoso ha decidido aparcar el proyecto de Ley del aborto y Gallardón ha hecho lo propio. Abandonar su cargo, su escaño y su lugar en la dirección del partido.  Una rabieta dirán algunos, pero no. Gallardón ha hecho lo que nos gustaría hacer a muchos cuando consideramos que nuestro o nuestros jefes hacen una cacicada: mandar al carajo a todos y a todo y seguir su camino. Debe ser una gozada, pero como la mayoría de los placeres de este mundo, es algo reservado a los pudientes. Los que dependemos de un salario para subsistir y además deben responder ante la familia, estos entre los que yo me incluyo, solo podemos soñar, al menos de momento, que ya se encargarán de quitarnos los sueños en cuanto la ciencia avance.

Y puestos a hablar ya hablaremos del aborto.  Vaya por delante que la actual legislación no pone una pistola en el pecho de ninguna mujer para obligarla a abortar y que no creo que ninguna mujer ya sea adulta o adolescente frivolice con ese tema. En cambio el querer reducir al máximo los supuestos en los que se pueda abortar si coarta la libertad de aquellas mujeres que como he dicho antes no quieren o no pueden traer una nueva vida al mundo, porque de hacerlo esta nueva vida tendría todos los números para tener una desgraciada existencia.

Hasta la próxima.....

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